Desde Abajo, Taller

Cali, 9-10 julio.

 

   1.- Gracias por llegar a estas sesiones de trabajo. Sabemos ya algo del esquema que tienen en su poder:

  

   

   Quisiera ahora destacar un detalle del esquema básico. Es el que ocupa, a la izquierda, arriba, el Estado. Se ha trasladado en el detalle al centro del diseño: 

 

    Si desde el Estado, en este detalle del esquema, nos moviésemos hacia la derecha, encontraríamos al régimen democrático de gobierno. Pero ahora nos interesan algunas características del Estado en América Latina. Lo primero que advertimos es que forma parte de una totalidad mayor: la de una constelación transnacional e internacional de poder. En esta constelación existen estrellas de gran magnitud y poderío: ciertos Estados-economías-culturas, la OTAN, la Organización Mundial de Comercio, empresas transnacionales, en particular las financieras como el JPMorgan Chase y el Oversea-Chinese Banking Corp, y de servicios y tecnologías, como Microsoft y Google, organismos internacionales como el FMI y el BM, y también otros cuerpos o factores con menor magnitud y menor poderío, como los Estados centroamericanos y caribeños, los bancos colombianos y la OEA. Si existe alguna constelación armoniosa, ésta no lo es. En ella el animal más poderoso (que quiere decir el más hambriento) busca comerse al menos poderoso (que quiere decir el más vulnerable) o permitir/condicionar su reproducción para tragárselo más tarde.


   Alguien podría decir que esta constelación empezó a dibujarse con la gestación de las sociedades modernas, hace ya siglos, y que no es novedad, lo que es en parte cierto y en parte no lo es. Entre los siglos XVI (Invasión de América) y la primera mitad del siglo XX no existió una tecnología con alcance planetario que permitiera hablar de comercio, o más ampliamente de tráfico, mundial efectivo. Un conflicto como la Primera Guerra Mundial, si la entendemos como espacio en el que se desplegaron combates, no fue en realidad “mundial”. Se focalizó en Europa y Euroasia y hubo batallas puntuales en colonias alemanas en África y en el circuito asiático de influencia de Japón, pero el territorio latinoamericano, por ejemplo, quedó fuera de la contienda. La Serie Mundial de Béisbol tiene de “mundial” solo el nombre. Pero ahora cuando se habla de “globalización”, un nombre periodístico, se está hablando de una efectiva mundialización en curso. Ustedes lo saben porque tienen amigos y novios y novias en Nueva Zelanda a los que cambian, de vez en cuando, por novios y novias de Namitete en Malaui. Esto, gracias a Internet.


   Uno de los alcances de esta mundialización centrada en las tecnologías de punta es que los países “desaparecen” para transformarse en puntos planetarios de inversión privilegiada. Los países desaparecen porque tiende a esfumarse, para la acción del capital, la noción de “frontera”. El fenómeno compromete a los territorios y a los pobladores. Y, por supuesto, a los Estados antes ‘nacionales’ que tenían o deberían tener control sobre esos territorios y pobladores.


   Advertencia: no se trata de que los Estados nacionales desaparezcan, sino que sus territorios y poblaciones sufren ahora más directamente la acción del gran capital (bajo sus distintas formas: McDonalds, la OTAN, la apropiación de recursos naturales estratégicos, la división social mundial del trabajo y el desempleo, el subempleo, las migraciones forzadas, los derechos de autor etcétera) de modo que estos Estados tienen que reconfigurarse para responder a la nueva situación y sus demandas. Un ejemplo de esto fue la forzada, ´periodística’, y finalmente colapsada “primavera árabe”. En ella se jugaba especialmente, y se sigue jugando, el acceso y control de recursos petrolíferos y la seguridad geopolítica que da al “Mundo Libre” la presencia del Estado de Israel y sus dirigentes en la zona.


   2.- Sin embargo, nos interesa centralmente el Estado en América Latina. Su transformación y situación actual puede describirse sumariamente: después de la Segunda Guerra Mundial (finalizó en 1945) se abrió en América Latina una sensibilidad o ethos sociopolítico que se condensa con el nombre de desarrollismo. Se alimentó de dos grandes fuentes no compatibles: a) la CEPAL, y b) las tesis sobre el paso necesario de las economías ‘tradicionales’ a las economías industriales determinado por la inversión de capital y la remoción de los obstáculos al crecimiento económico (Rostow: Las etapas del crecimiento económico). La última tesis era impulsada desde Estados Unidos. La primera, por Raúl Prebisch desde la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe. Proponía un programa de industrialización por sustitución de importaciones.


   Durante este período, que se prolongó con distintos alcances en el área hasta la década de los noventa del siglo pasado, en América Latina se imaginó un Estado activo y autónomo. ‘Activo’ en dos sentidos: creaba internamente condiciones locales para la acumulación de capital (industrialización) y también traducía las señales ‘externas’ que hacían la economía y la geopolítica mundiales a las economías y poblaciones latinoamericanas de modo que estas ‘señales’ no lesionaran significativamente los esfuerzos de acumulación interna (crecimiento-desarrollo endógeno: industrialización interna). El Estado se interponía así, como escudo o filtro, entre las pulsiones “externas” y las condiciones “internas”. El Estado era factor de un desarrollo interno. Chile o Colombia, por ejemplo, debían producir lo que consumían. Donde existían programas de industrialización, se acentuaban. Y donde no existían, se creaban. Se hablaba de reforma de la educación, para integrarla al crecimiento-desarrollo. La expresión “desarrollo” era equivalente a industrializarse y también decía de una mejor vida para todos (justicia social). Esto al menos para América Latina.


   En esta fase resultaba casi espontáneo asociar al Estado con la tarea y realización del bien común (puede escribirse incluso con mayúsculas).


   3.- Con el actual proceso de mundialización este papel desarrollista imaginado para el Estado se debatió primero y después se abandonó. Se habló del “fracaso” o “agotamiento” del modelo cepalino o de sustitución de importaciones (también se desvaneció la Alianza para el Progreso [1961], propuesta por EUA). A la discusión anterior se agregaron críticas al tamaño del Estado, a su carácter patrimonialista y clientelar y a su incapacidad para administrar empresas exitosas. El cambio total en el imaginario sobre el desarrollo se produjo en la década de los noventa con un publicitado y periodístico Consenso de Washington (nunca se dio tal consenso) con el cual se tornaba “oficial” el reemplazo del desarrollo por la búsqueda del crecimiento económico. En su versión más burda, se ‘crecía’ tanto, gracias a la disminución del Estado, la liberalización impositiva, las privatizaciones de activos estatales y al flujo de capital externo, que la copa se derramaba y la riqueza se desbordaba para salpicar a todos. Por supuesto la acumulación de capital jamás se “desborda”, más bien se concentra.


   En este nuevo imaginario el Estado ya no funcionaba como decodificador y recodificador de las emisiones que la economía global privada enviaba a los territorios y poblaciones latinoamericanas. Por el contrario, las políticas públicas de estos Estados latinoamericanos debían avanzar condiciones (desrregulación, liberalización, privatización de bienes públicos) para que estas emisiones (inversión de capital extranjero) llegaran, estimularlas, en el mismo proceso en que se daba normas que aseguraran que la seguridad jurídica de estas inversiones se cumpliera estrictamente. Dos frentes de esta nueva función para el Estado son los Tratados de Libre Comercio y las obligaciones que se comprometen con la Organización Mundial de Comercio.


   4.- Así, en América Latina pasamos desde el imaginario de un Estado desarrollista y proteccionista (algunos dirían “populista”) a exaltar un Estado que cumple con sus compromisos internacionales aunque sus territorios y poblaciones se fraccionen, la inversión extranjera tome la forma de enclaves sin mayor conexión con el conjunto de la economía interna-nacional (o sea saque más provecho contable del que socialmente deja) y sus ciudadanos emigren. Además, la región tiende a mantener su posición de exportadora de commodities (productos primarios). En esto estamos, excelente para unos pocos, peor para muchos. Al nuevo imaginario, con ciertas variantes, ha empezado a llamársele neo-desarrollismo. Su principal enemigo es el facilismo político (antes denominado ‘populismo’). Como se advierte, el neo-desarrollismo reconoce que habrá que sufrir para mantener el crecimiento y, exagerando, que el Estado, que alguna vez se quiso nacional, nada hará para evitar ese sufrimiento. Más bien debe reprimir las protestas de quienes sufren.


   Transitamos entonces de imaginarnos (o de que nos hicieran imaginar) un Estado desarrollista, que en América Latina se asocia con mejoría en la calidad de vida de toda la población, y por ello con la noción de un Bien Común, a un Estado que privilegia el cumplimiento de los contratos, en el marco de un proceso de acumulación mundial, para asegurar el crecimiento económico. En este imaginario hay posibilidades para todos pero cada quien cuida su propio culo. La ideología llama a este cuidado individual del trasero, ser proactivo, es decir actuar de modo de que las cosas ocurran con ventaja para uno. Quien no es proactivo simplemente se friega, pero la responsabilidad es de él. No puede trasladarla al Estado ni a sus políticas públicas.


   5.- Creo que de esta sumaria descripción podemos extraer algunas conclusiones actuales para el régimen democrático de gobierno en los países del área. La primera es que en el Cono Sur, por ejemplo, no se ha dado un “retorno a la democracia” como acostumbra sostener la prensa. Lo que ha ocurrido en países como Chile o Brasil o Uruguay es que se cerraron, por el momento, las dictaduras de Seguridad Nacional, y se han establecido regímenes democráticos que no practican el terror de Estado contra sus opositores y poblaciones. Podemos llamar a estos regímenes democráticos poliarquías restrictivas. Con independencia de si resulta factible retornar a algo que nunca se tuvo (regímenes efectivamente democráticos), no se produce “retorno” ninguno” porque el Estado que sostenía a los antiguos regímenes democráticos era uno desarrollista y ‘nacional’, mientras el Estado que existe hoy está ligado al crecimiento económico y este crecimiento es factor de una acumulación capitalista mundial. Las poliarquías restrictivas en nuestra realidad privilegian los eventos electorales sin contenido ciudadano.


    Una economía determinada por los ‘buenos negocios’ capitalistas mundiales no favorece el funcionamiento de regímenes democráticos de gobierno en ninguna parte. La razón es sencilla: una economía política que favorece unilateralmente la acumulación de capital (y, dentro de ella, al capital financiero) y golpea sistemáticamente a la fuerza de trabajo no puede configurar Estados cuyas políticas públicas estimulen el principio universal de agencia que es la lógica o dinámica que, a su vez, ha de animar/potenciar todas las instituciones del sistema social para que éste tenga la base ciudadana que lo democratice.


   Para ejemplificar esta incompatibilidad (que no solo afecta a América Latina) recordemos el punto de la ciudadanía en sus planos étnico y social. Pongamos como referencia a Chile, uno de los países que ha “recuperado” la democracia y que, a la vez, es ejemplo actual de cómo ha de manejarse una economía del área para lograr el crecimiento económico. El PIB per cápita chileno llega a los  17.000 dólares (el de Colombia puede ser el de unos 6 o 7 mil dólares menos), la economía chilena mantiene acuerdos en la línea del libre comercio con 58 países del mundo y desde el 2010 Chile forma parte del “club de los países ricos” (OCDE). Es el único sudamericano en ese club. México fue aceptado en 1994. Bueno, si usted mira la prensa, advierte que en ese país “modelo” en este período los conflictos sociales publicitados se producen básicamente por reclamos indígenas (un 11% de la población se reconoce indígena, la mayoría son mapuches) y de los estudiantes de secundaria (pingüinos) a los que se han venido añadiendo sectores universitarios. Aunque no aparece en los periódicos, tampoco es buena idea enfermarse en Chile. El Estado chileno transfiere recursos a la medicina privada y se la niega a los centros públicos (sistema de aseguramiento privado con fines de lucro). Esta política es factor de desagregación y enfatiza las desigualdades. De modo que los dos grandes ejes de la ciudadanía social básica, educación y salud, no son de interés para el Estado chileno.


    Alguna palabra introdujimos ya respecto de la ciudadanía étnica en Chile. El discurso oficial y generalizado allá es que en Chile no hay indígenas, sino chilenos (o sea ciudadanos jurídicos) principalmente mestizos. Los más finos añaden que genéticamente ya no existen indígenas “puros”. Tampoco hay chilenos “puros” desde ese punto de vista, ni alemanes “puros” en Alemania. Los individuos y los sectores sociales en las sociedades contemporáneas suelen ser híbridos, o sea resultado de muchas mezclas, culturales y genéticas. Pero nosotros hemos agregamos en relación con la ciudadanía étnica la discriminación socio-cultural de la “otredad” o del “otro” como inferior despreciable y, en el límite, como no-persona. La principal ‘otredad’ para el dominio patriarcal es la mujer y las mujeres. Pues no es para nada curioso que otro de los rasgos chilenos es la mantención y refuerzo de la discriminación contra la mayoría de mujeres. La brecha salarial entre mujeres y hombres es de las más altas del mundo. 30 o 35% como promedio y en algunas regiones llega al 50%. Entre las fuentes de esta discriminación está el que las mujeres son discriminadas previamente en su acceso a educación y a una formación profesional.


   6.- Ustedes dirán, y ¿por qué se hace poco o nada con estas situaciones? La respuesta es que el Estado, en este caso el chileno, carece de voluntad y de fondos para salud y educación pública. Para llegar a tenerlos tendría que realizar una reforma tributaria. Solo proponerla equivale a una declaración de guerra contra la acumulación de capital local-global. Para el imaginario que desea imperar, con reformas tributarias “facilistas” los ‘buenos negocios’, o la salud y la educación privadas, no prosperan. Pecado. Lamento tener que informarles de esta situación deprimente. Pero que para ustedes tal vez lo sea más. Un proceso actual importante para los colombianos son las conversaciones para poner fin a una de sus guerras, la que compromete al Estado y a las FARC. Supongamos que las conversaciones lleguen a buen fin. Pues entonces se encontrarían más cara a cara con otra guerra que también se libra y que queda opacada por el conflicto político militar. Se trata ideológicamente de la guerra contra un Estado que alentaba el Bien Común (aunque fuese una ilusión) por parte de una Constelación Transnacional e Internacional de Fuerzas (dentro de las cuales ya está el Estado colombiano) que porta como bandera un Crecimiento Económico en el marco de la Acumulación Global y para la cual no existen colombianos sino individuos que hacen buenos negocios. Y en esta guerra el Estado vuelve a estar contra ustedes. Observemos de nuevo el esquema inicial, el del detalle:

 

   En el nuevo énfasis las lógicas sociales institucionalizadas, las propias de la historia de Colombia, que es una historia de muchas separaciones y guerras, tiende a transformarse para peor. Si no resultase obsceno y absurdo podría afirmarse que la actual situación de guerra es mejor que la nueva situación de guerra que deberá afrontar la población colombiana esta vez con una democracia que tampoco lo es y donde la ciudadanía social ha sido descompuesta en individuos que deben resolver sus desafíos de acuerdo a su interés egoísta. Y esto ocurre porque unos eventuales Acuerdos de Paz no resuelven las contradicciones y conflictos que generaron la guerra y porque el Estado colombiano (que posee una sólida tradición militar y de corrupción) ya no puede apostar al desarrollo (eso sería “facilismo”), sino al crecimiento económico respaldado por leyes que aseguran el beneficio de algunos pase lo que pase a los otros. Y para coronar la ilusión o el fastidio, una ciudadanía colombiana socialmente inexistente sería invitada, cada cuatro años, a elegir a un nuevo gobierno. La abstención en Colombia en los últimos años se mueve entre el 50 y el 60%. Y un buen número de la gente que vota lo hace de mala gana. Por eso es que otro régimen democrático, y otro Estado y otra ciudadanía no solo son exigibles sino que ustedes deben construirlos. Esto es lo que sigue de la citatoria de Desde Abajo.

 

    Intervenciones


   1.- Nos queda la impresión de que el Estado es algo malo, aunque sea social de derecho. Como que se lo ha personificado.

   HG.- Si les queda esa impresión por lo que se ha dicho, entonces se ha dicho mal. Yo he dicho mal. Desde luego el Estado y las personas se constituyen mediante producciones sociales. Pero difieren enormemente por su carácter. El Estado moderno resulta del encuentro o desencuentro de fuerzas sociales, locales e internacionales. Las personas, en cambio, median este juego de fuerzas a través del encuentro/desencuentro de singularidades, en la familia, en el barrio, en la escuela, etcétera. Estrictamente el Estado no es una persona sino un aparato que condensa y expresa fuerzas normalmente en conflicto. He querido ahorrarles este vocabulario más tradicional. Luego el Estado no es “malo”, un término moral. Puede estar, y de hecho lo está, constituido por fuerzas cuyas lógicas de dominación perjudican con variaciones a muchos y benefician siempre a pocos, pero esto no lo hace ‘malo’. Quienes se benefician lo valoran bueno, excelente y propio, “como debe ser”. El secreto del aparato estatal reside en el carácter de las fuerzas que expresa y en cómo soluciona los conflictos que se dan entre esas fuerzas. El Estado colombiano ha preferido, por ejemplo, la guerra para solucionar muchos conflictos. Pero no lo hace como persona. Lo hace con sus medios porque expresa posicionamientos y puntos de vista oligárquicos, conservadores, católicos, autoritarios, uno de cuyos rostros y brazos es un aparato militar, pero que en las familias puede manifestarse, por ejemplo como maltrato a los niños, a las mujeres y ancianos y en la indefensión relativa, jurídica y cultural, en que se encuentran estos sectores o grupos para defenderse en los circuitos judiciales. En un lenguaje más clásico, el Estado colombiano posee el carácter que le dan grandes propietarios, con conexiones internacionales, que desean sostener sus privilegios a cualquier costo, o aumentarlos, y que responden con la coerción jurídica, la fuerza bruta o mecanismos culturales, cualquier iniciativa interna para moderarlos o lesionarlos. Pero seguramente ésta es una descripción simplista porque no contempla correlaciones de fuerzas sino el dominio unilateral de solo una. Lo digo solo para que se interesen en introducirse en el asunto.

 

   2.- Dijo usted que quienes se benefician con las políticas públicas consideran al Estado como bueno… ¿y aquellos a quienes el Estado perjudica?

   HG.- Tienen respuestas diversas. Algunos le echan la culpa a la suerte, otros musitan que Dios lo ha querido así y rezan al rosario, no falta quien se culpa a sí mismo, el de más allá la toma contra su  compañera o agrede a sus vecinos…Lo deseable es que quienes se sienten víctimas de las políticas públicas o que resienten su ausencia se organicen y traten de incidir en esas políticas. Es la idea de ciudadanía activa.

 

3.- a) Pensamos que se debe cambiar el modelo educativo actual, por uno basado en valores y principios éticos y morales. Por lo mismo se debe exigir y también mayor disciplina. Incluir dentro del modelo educativo la formación política para que los estudiantes desde muy temprana edad tengan sentido de participación política;
   b) Reformar las leyes, puesto que son muy permisivas ante algunos delitos.

   HG.- Reuní estas intervenciones porque estimo tienen algo en común. Se refieren a la sociedad colombiana como si ustedes, los aquí presentes y quienes redactaron estas propuestas, flotaran por encima de ella. Harían parte de una Colombia que sabe lo que hay que hacer, a diferencia de quienes se instalan en una Colombia donde las cosas se hacen mal. Y si los colombianos que no saben lo que hay que hacer no quieren hacerlo, entonces me imagino habrá que darles palo. ¿Suena autoritario, verdad? Y también conocido, experimentado. La mayor parte de nosotros ha sido formado-educado mediante lógicas autoritarias. Abandonemos ese camino. En realidad, nadie está nunca fuera de la sociedad que lo ha producido. Sea bueno o malo, diligente o perezoso,  ocurrente o bobo.


   Existe en esta intervención otro punto sólidamente deficitario ligado con la cuestión anterior. Señalan: “… se debe cambiar el modelo educativo actual, por uno basado en valores y principios éticos y morales”. Todas las existencias humanas son sociales y todas también se dan valores y criterios éticos (o sea acerca de la bondad o maldad de sus acciones, o acerca de su eficacia o ineficacia). Que esos valores no gusten a otros grupos, no quiere decir que no existan. Algunos entrenadores de fútbol protegen su arco con una línea de cinco e instalan delante de esa línea otra de cuatro, y dejan un atacante. Obviamente a los rivales no les gusta. Cuesta mucho hacer un gol a esa fórmula. Y de repente, los que defienden tanto y bien aventuran una salida y hacen un gol. O lo consiguen de bola muerta. A los rivales les gusta todavía menos el sistema. Pero que no les guste no quiere decir que esa disposición táctica y estratégica no esté basado en una idea del fútbol y en lograr eficacia. Es decir el sistema mezquino (o “equilibrado” dicen los entrenadores) puede permitirte incluso llegar a la final de la Copa del Mundo. Y ganarla. Entonces la experiencia humana siempre está nutrida de criterios, valoraciones y sueños o imaginarios. Vale para todo.


   En cuestiones de educación, marquemos dos puntos: la educación formal pública y privada es subsistema de un sistema mayor que es la sociedad o formación social. Normalmente es funcional a ella, porque si no lo fuera podría suscitar reclamos de legitimidad y legalidad. En especial la pública. Esquematizando, si la existencia colombiana no deja mucho espacio para la crítica, la escuela formal tampoco lo hará. Y si esta escuela lo hace, rebotará contra una sociedad que no admite la crítica (mata biológica o culturalmente a quienes la hacen, por ejemplo) o solo la tolera en asuntos/detalles poco significativos. Los mandos militares no admiten crítica de los civiles. La autoridad tiene que destituirlos. Los obispos tampoco admiten crítica. Y solo puede removerlos el Papa. Los ejemplos de autoritarismo en la sociedad colombiana pueden ustedes multiplicarlos.


    Cuando se habla del sistema educativo como “salvación” hay que recordar la pregunta “… y ¿quién o qué forma a los educadores y reformadores?”. Como se afirmó antes, nadie está por encima de su sociedad, flotando sobre ella. Un grupo puede dominar en ella, pero pertenece o es parte de esa sociedad. Es el conjunto de la formación social lo que produce a ese grupo dominante y también sus formas de imperio. Por ello también produce a sus dominados.


   Visto así, parece que no hay salida. Pero sí la hay. Y pasa en cierta manera por la educación, pero no en cuanto ella es un subsistema del statu quo. Va más o menos por aquí esta salida. Los seres humanos pueden experimentar situaciones de contraste. Pueden sentir que algo va mal en y con su existencia, intentar discernir qué es y cómo se produce, e imaginar algo que valoran distinto y mejor. Ustedes pueden sentir en este momento que algo o mucho va mal con este expositor o animador (habla demasiado, les lleva la contraria, no se sabe para adónde va, etcétera). E imaginar otro tipo de encuentro-taller. Y cómo lo harían. Las falta solo comunicar a otros ese sentimiento-idea-sueño u horizonte de esperanza que tuvieron, convencerlos y convencerse, y echar a andar. Los sindicatos nacieron así. Las cooperativas. Y ustedes seguro han hecho cosas distintas y mejores que las que les querían obligar a vivir. Desde Abajo creó, por ejemplo, otro tipo de grupo editorial en Colombia.

 

   4.- ¿Cómo es que se dan las experiencias de contraste?

   HG.- Bueno, está la capacidad humana de distanciarse de lo inmediato (lo que se presenta, digamos), de re-sentir y de buscar entender por qué se re-siente algo (discernir, pensar). Y también la capacidad de imaginar horizontes, de darse esperanzas. Todos los individuos portan estas capacidades. Lo que suele ocurrir es que son educados, en el grupo familiar, en la escuela, en la experiencia cotidiana, para que estimen que las cosas que se presentan, la discriminación, por ejemplo, se siguen del ‘orden’ de las cosas, son naturales y por ello no pueden cambiarse. Pero aunque los “eduquen” así, pueden, en su intimidad, re-sentir, pensar e imaginar algo diverso y mejor. Algunos resuelven este asunto escribiendo poemas. Otros, juntándose para conversar y estudiar.


   Y está también, junto a esta capacidad individual y humana, el hecho de que la organización de las sociedades humanas que conocemos genera conflictos, conflictos sistémicos y situacionales. Rebajamiento, discriminación, explotación, por ejemplo. Pueden retroceder a Adán y Eva o a Caín y Abel. Los conflictos sociales y personales estimulan las experiencias de contraste. Los seres humanos también tenemos capacidad para comunicar, mejor o peor, lo que deseamos y también lo que rechazamos. Entonces podemos comunicar (o sea incidir en otros, buscar variar sus comportamiento) nuestras experiencias de contraste a otros y, quizás, brincándome etapas y desafíos, proyectar y construir algo distinto y nuevo y mejor. Puede ser una mejor articulada relación de pareja, un área verde para los niños en el barrio…., otra forma de experimentar la fe religiosa, nuevos estilos de liderazgo, una reforma agraria campesina… Por aquí va este asunto. No voy a alargarlo.


    Sin embargo quisiera todavía referirme a un punto de las intervenciones anteriores. El marco jurídico de una formación social hace parte también del sistema social como subsistema. Tanto los delitos como sus penas se siguen de las necesidades de reproducir el sistema y también de producir identificaciones en la población. Sirven asimismo para dividirla y fragmentarla en ciudadanos buenos por un lado y delincuentes por el otro. Tal vez no sea la situación colombiana, que ha tenido bastante movimiento constitucional en la transición entre siglos, pero parte de la legislación latinoamericana es copia de la de otros lugares y otra parte resulta de ocurrencias de legisladores que tienen intereses personales o sectoriales en leyes determinadas. Esta realidad básica y específica hace que se hayan realizado, y se sigan realizando, discusiones acerca del Derecho como obstáculo al cambio social en nuestros países. En todo caso, conviene desacralizar la normativa jurídica.


   Sin embargo lo que en principio debe interesarnos más acerca de la legislación y de los circuitos judiciales es cómo accede la población a ellos, cómo se maneja dentro de esos circuitos, qué tipo de reconocimiento jurídico (sanción) se da en ellos y cómo se cumplen las sentencias. Probablemente encontremos que en todos estos campos se da una abierta discriminación contra los humildes, los indígenas, las mujeres jóvenes, los sectores rurales, los pequeño-propietarios, etcétera. Pero, con independencia de lo anterior,  normalmente las Constituciones suelen blindarse contra cambios que alteren significativamente el statu quo. Esto porque el sistema de leyes, a su manera, pero igual que el subsistema educativo formal, es un factor de la constitución y reproducción del sistema social en su conjunto. Por lo tanto, si de verdad se quiere cambiar el subsistema no basta con tener reglamentos y leyes específicas, sino que hay que darse la capacidad para transformar al sistema como tal.

 

   5.- Requerimos que se dé la trasmisión de noticias reales, donde no exista manipulación de la información.

   HG.- Toda la prensa produce sus noticias, así como cada individuo produce la información que desea transmitir a otros. Un periodismo profesional no dice la verdad sino que recurre a fuentes que informen al lector o televidente para que éste se haga su propia versión de lo acontecido. Pero el verbo “manipular” con su alcance positivo vale para los periodistas profesionales y también para aquellos periodistas-empleados que producen información en medios masivos de una manera que favorece los intereses de sus propietarios o de quienes están a la cabeza de un bloque de poder. Este último tipo de ‘manipulación (perversa) es la que ustedes condenan y está bien que la condenen. Viola derechos profesionales y humanos de los periodistas. Y también viola derechos humanos de la población, o sea de los colombianos, porque ella requiere estar bien informada. Para adoctrinar está la propaganda, el púlpito, etcétera. El ejercicio del periodismo profesional y los periodistas no deberían estar al servicio del adoctrinamiento. Debería informar. Ahora, esto se dice fácil en un espacio como éste, pero políticamente es un frente complejo y difícil. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que es un aparato empresarial, está a favor de la manipulación perversa. Y dentro de cada país pueden darse condiciones específicas para que los periodistas (que viven de sus salarios) manipulen dañina y orquestadamente la ‘información’ que producen. O tal vez ellos no lo hagan, pero lo hacen sus Jefes de información o Directores de medios. El gacetillero de a pie suele estar desprotegido en estos casos.


    Al menos se podría indicar un paso político: la información debería estar en manos exclusivas de los periodistas. Y la línea editorial, a disposición de los dueños de los medios para que propongan en ella lo que se les ocurra. Esto significaría una transferencia efectiva de poder a los periodistas, a su asamblea dentro del medio para el que trabajan. Pero es una lucha difícil y los periodistas profesionales tienen que tomar partido en ella.

 

   6.- Se puede abrir medios independientes.


   HG.- Pero tienen que tener públicos, compradores. Los medios son factores de poder político-cultural. Por eso se busca y tiene su control. Ahora, en línea conceptual, independientes ¿de qué? La experiencia humana nunca es independiente. Siempre expresa puntos de vista. Lo que torna “independiente” a un medio es su técnica periodística orientada a que el lector se haga una opinión propia acerca de lo que sucede. Puede usted hacerse otra pregunta: ¿Cuánta capacidad, incluyendo aquí el deseo, tienen los consumidores de información para darse una ‘opinión propia’? En sociedades con principios sistémicos de dominación esto también es un desafío ciudadano y por ello político.

 

   7.- Colombia es en teoría un Estado de derecho, pero no es verdad ya que no se ejerce realmente el régimen democrático.

 

   HG.- Un Estado de derecho puede sostener un régimen de gobierno no-democrático. Puede hacerlo excepcionalmente, debido a una guerra, epidemias o desastres ‘naturales’, etcétera. Pero también un régimen autoritario puede ser de derecho aunque no acepte ciudadanía efectiva en todos o algunos de sus planos ni realice tampoco elecciones donde una variedad de candidatos compita para ganar. “De derecho” sólo quiere decir que existe una normativa jurídica básica y universal que se respeta y que existen tribunales con autonomía para juzgar las causas y casos y que sus fallos son vinculantes para todos. Esto quiere decir que pueden fallar contra el Gobierno y el Estado. No existe una relación de causa y efecto entre Estado de derecho y régimen democrático de gobierno ni entre régimen democrático de gobierno y Estado de derecho. Sin embargo un régimen democrático de gobierno con ciudadanía efectiva sí tiene como referente un Estado de Derecho. Colombia, por ejemplo, es oficialmente un Estado de derecho, pero en él abundan las situaciones de excepción y la impunidad jurídica de determinados sectores y personalidades. Tampoco su Estado pareciera alentar una ciudadanía efectiva porque ocasionalmente hasta el 60% de los votantes se abstiene de hacerlo. Entonces es de derecho, según la letra, pero se trata de un ‘derecho’ poco atractivo para grupos mayoritarios de su ciudadanía pasiva. Esto aunque olvidemos sus violencias internas. Y su Estado no tiene las políticas públicas que podrían fortalecer el ejercicio ciudadano. Sin ciudadanía efectiva (jurídico-política, nacional, étnica y social) no se puede hablar de un régimen democrático operante, efectivo. Se trata de un régimen democrático porque se convoca periódicamente a elecciones y se respetan casi siempre, mejor o peor, los procedimientos para elegir autoridades de gobierno, pero se trata de un régimen democrático más vacío que lleno. En estas sesiones de trabajo se le ha llamado un tipo de régimen poliárquico restrictivo. O sea una democracia defectuosa y débil en una sociedad de grandes números cuya alta conflictividad no puede resolverse parlamentaria ni jurídicamente con las herramientas existentes. Este régimen poliárquico restrictivo colombiano dice ampararse en un Estado no solo de derecho sino que social. Pero es que el papel aguanta todo. En el país las cifras oficiales de pobreza y miseria  suelen estar más cerca del 50% que del cuarenta. Pobreza y miseria en estos porcentajes revela que las políticas públicas no se orientan a superar estos desafíos sino que más bien, con voluntad o sin ella, los producen. Miseria y pobreza son formas de violencia. Y generan y reproducen una cultura de miseria-pobreza y violencia más amplia e intensa. Políticamente hay que discutir cómo podrían los colombianos salir de esto. Y en cuanto tiempo Y qué tipo de régimen ‘democrático’ habría que configurar para que fuese funcional al proceso de transformaciones. Como se advierte, grandes retos.
   Y sí, otro régimen democrático resulta necesario.

 

   8.- En la segunda etapa década de los ochenta del siglo pasado la Unión Patriótica, una organización de izquierda, se presentaba como alternativa electoral a los partidos tradicionales. Sus candidatos, dirigentes y sus familiares o cercanos fueron asesinados, sus partidarios perseguidos y la organización fue destruida. Hasta el momento el genocidio (no hay cifra exacta, pero los militantes muertos de la organización superan fácilmente los 3.000) ha quedado impune.

   HG.- En parte por este asesinato y descabezamiento masivo de la Unión Patriótica y su impunidad hasta el día de hoy es que señalé que los procedimientos electorales en Colombia se respetan “casi siempre”.

 

   9.- En Colombia y toda Latinoamérica sí existe democracia, pero no se ejerce realmente porque muchas personas ejercen su derecho como ciudadano (el voto) movidos por situaciones ajenas a la voluntad propia de hacerlo. Ejemplo: grupos al margen de la ley que actúan en nombre de algunos movimientos políticos ejerciendo terror influenciable que los lleva a inclinarse a tal grupo político, o también son movidos por el hambre o por las necesidades de sustento de su familia y también por el beneficio propio.

 

   HG.- Ustedes hablan de la degradación sistemática e impune de la condición de ciudadano. Esta degradación debería estar tipificada como delito. Se trata de terror permitido por el Estado, en el caso de la violencia asesina, pero también de coacción impropia hacia el voto que se entrega/vende por comida o casa o empleo. Es un fenómeno generalizado en América Latina. Se deriva en parte de la ausencia de políticas públicas para promover la agencia humana y ésta a su vez se liga con el secuestro del Estado por parte de quienes lucran en la economía, aprovechando el régimen de propiedad santificado por una cultura religiosa muy poco piadosa. Un paquete amarrado y difícil de desamarrar de desafíos.


   Ahora, en otro ángulo, algo puede existir como palabra o parte de un discurso, pero carecer de institucionalidad. Podríamos decir que el régimen democrático de gobierno existe como simulación o simulacro y que en la práctica disfraza autoritarismos en sociedades intensamente discriminatorias y fragmentarias.


   10.- Pensamos que la ciudadanía jurídica tiende a invisibilizar las relaciones sociales, nos transforma en individuos con una cédula y un número y que la ciudadanía étnica reconoce las diferencias de culto, religiosidad y promueve la autonomía para ejercer la libertad de culto.

 

   HG.- Un plano de la ciudadanía jurídico-política puede considerarse “pasiva” en el sentido de que basta nacer en Colombia, o ser hijo de ciudadanos colombianos, para pasar a ser colombiano. Pero no conviene desligar los distintos planos que puede contener una ciudadanía efectiva. Aquí el más obvio es que la ciudanía jurídico-política activa consiste en tener capacidad para influir en el carácter y alcance de las políticas públicas se sea o no parte del Gobierno. Y en el caso del plano étnico de la ciudadanía, creo llevan razón al advertir que favorece el entendimiento entre diversos, es decir la superación de las fragmentaciones de todo tipo que nos obstaculizan en nuestros países para comprometernos en emprendimientos colectivos.

 

   11.- Logramos conclusiones en dos puntos: a) se requiere políticas de estricto cumplimiento que tengan como base el respeto por los intereses individuales de los ciudadanos, llevando consigo el respeto por las minorías, para así no dejar que las mayorías se encarguen de las minorías; b) que las políticas sociales y económicas que se lleven a cabo tengan un punto de partida moral. Así se podría conseguir que la ciudadanía tenga una educación de alta calidad y una cultura de alto respeto y esto nos convertiría en ciudadanos ejemplares y competitivos.

 

   HG.- La especie humana es social (debido al trabajo y a su reproducción sexual, también porque somos animales complejamente culturales), pero al mismo tiempo sus miembros se singularizan o individualizan. No se trata de datos incompatibles. Se es, a vez, social e individuo. Ninguno de ustedes se cambiaría por otro u otra en este salón. Prefieren ser ustedes mismos. Y una mamá con cuatro hijos distingue perfectamente entre ellos… ustedes lo saben porque entre sus hijos/hijas ella suele tener favoritos. Los quiere a todos, pero alguno o alguna obtienen mayores preferencias que los demás. Incluso por sus huellas dactilares los pertenecientes a la especie homo sapiens somos singulares. O individuos. Como individuos entramos en emprendimientos colectivos como, por ejemplo, construir una casa o construir Colombia. Y también como individuos nos dividimos y agrupamos como mayorías y minorías respecto de cuestiones determinadas.


   El juego democrático transita por individuos y porque sus mayorías y minorías se ponen de acuerdo respecto de cuestiones estratégicas: salud pública, educación, utilización de la energía, sexualidad digna, propiedad privada por citar cinco campos. Este ponerse de acuerdo supone el respeto de minorías en al menos dos sentidos: no discriminarlos en cuanto ciudadanos y seres humanos por constituir una minoría, y respetar su autonomía relativa (esto quiere decir su libertad para escoger desde sí mismos siempre que su escogencia no implique delito). En las clasificaciones de tipos de régimen democrático este respeto por minorías religiosas o étnicas o de otro tipo recibe el nombre institucional de democracias consociativas. Existen regímenes democráticos delegativos, representativos, participativos y consociativos. Son figuras, pero todas ellas pueden concurrir en una determinada institucionalidad democrática.    


   En los regímenes consociativos las minorías pueden alcanzar el derecho a vetar políticas públicas que los discriminen o coaccionan para que se comporten de una manera que no corresponde a su histórica manera de ser (identidad). En la Costa Rica de hoy (resido allí) se discuten dos temas relacionados con este desafío. Las uniones entre homosexuales, mujeres y hombres, y la fecundación en vitro. La mayoría costarricense se declara cristiana-católica y la institución católica y sus autoridades tienen un considerable peso político-cultural. Como en Colombia. En otro frente, discriminar a los homosexuales viola pactos internacionales de derechos humanos que han sido firmados por el Estado costarricense. Igual cosa ocurre con la negativa a permitir a las parejas que lo deseen tener hijos mediante un método de reproducción asistida específica como es la fecundación in vitro.


    Bueno, los dos puntos vienen ‘resolviéndose’ contra las minorías respectivas: las parejas homosexuales que buscan seguridad jurídica y las parejas que desean tener hijos mediante la fecundación in vitro no consiguen se apruebe la legislación que se los permitiría. Diputados, en nombre de una mayoría inercial, ponen las cosas reglamentarias de tal manera que no se consigue la legislación requerida. Esto, pese a la presión, en el caso de las parejas que demandan fecundación asistida, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Quienes dicen representar a la mayoría se niegan a conceder una salida aceptable para estas minorías. Su oposición hacia estos ‘otros’ es doctrinal y cultural. Algo que hemos inserto en la nominación de “étnico” e ideológico.


   Visto a la distancia, Costa Rica (su Estado) tiene dos caminos: o declara delito la fecundación in vitro y delincuentes a todos quienes participan en esos procesos y también tipifica como delito la opción homosexual, o renuncia a la discriminación de ciudadanos por razones religioso-culturales. En el segundo caso, acepta que en Costa Rica la salvación no es obligatoria para los ciudadanos. Esto porque las parejas que desean fecundación asistida (y los cuerpos médicos que participen) serían pecadores, igual que los homosexuales, e  irían a algún infierno o pérdida total de ser (según creen los obispos). Pero en las sociedades modernas irse al Cielo o salvarse no es obligatorio. Un ciudadano puede elegir libremente el Infierno o la Nada. Ninguna mayoría puede obligarlo a elegir el Cielo. El punto se llama libertad de conciencia e incluye la capacidad de elegir no tener opción religiosa alguna. Estos son ejemplos, de conflictos inherentes a la dinámica de mayorías y minorías en las sociedades y regímenes democráticos modernos latinoamericanos.


    Por supuesto los políticos con creencias religiosas determinadas transforman sus creencias en políticas: si se aprueba la unión homosexual, o su matrimonio, y también la fecundación in vitro, la cultura occidental, erosionada en su base de fe religiosa, desaparecería. Por supuesto, se trata de una opinión truculenta. Es altamente probable que la cultura occidental desaparezca en algún momento, o experimente cambios que la tornen irreconocible, pero ello no se deberá a la acción de minorías como son las de quienes tienen opción homosexual o buscan tener hijos mediante fecundación asistida.


   Por lo que respecta a un punto de partida “moral” para las políticas sociales y económicas, en realidad la economía política de los capitalismos posee una oferta que sus agentes consideran moral: hace responsable al individuo por su enriquecimiento o pobreza, por ejemplo. De esta manera nadie resulta gestor o culpable del  empobrecimiento de otros. Cada quien ha de responder por sus acciones económicas insertas en mercados y aceptar su resultado. De aquí que las políticas de ayuda social (Estado social, Estado Benefactor, programas y acciones “facilistas”) estén condenadas al fracaso. No expresan la naturaleza verdadera y ‘racional’ de los seres humanos. Para un empresario capitalista resulta enteramente moral el apostolado del no dar. Lo virtuoso es invertir y ganar.


   Por supuesto la descripción anterior que he realizado es esquemática, además de puntual. Un empresario capitalista puede ser católico y entonces ejercerá la limosna o la misericordia siempre que no afecte sus negocios y al mercado o porque cree que así llegará al Cielo. Lo que quiero enfatizar es que no existen acciones humanas significativas que no tengan un referente que pueda considerarse moral y no acepten una lectura ética. Los genocidios, tanto el de la Invasión ibérica en el siglo XVI, como el nazi contra judíos y gitanos y “razas” inferiores, o el estadounidense contra afganos y musulmanes o vietnamitas, o los asesinatos de los grupos paramilitares colombianos, descansan en un referente moral. Y puede discutirse/defenderse su valor general o universal. Todos esos genocidios y crueldades se han realizado por amor a la humanidad. En la Biblia, Moisés recibe personalmente entre otros mandatos de Dios, el de no matar. Pero no vacila en ordenar la liquidación de todas las familias judías que deseaban retornar a Egipto. Moisés es una figura mítica, pero si hubiera sido llevado a una corte judicial por los asesinatos habría alegado que las víctimas eran idólatras que desafiaban a Yahvé y que su obligación, por respeto a Dios y al destino del pueblo judío, era masacrarlos.


   Ya antes discutimos al menos algo la cuestión de la educación formal como subsistema de un sistema más amplio. La socialización sistémica, y la escuela es una de sus figuras, no puede, por definición, ir frontalmente a contrapelo de la trama de lógicas imperantes en el sistema social. Estoy seguro ustedes pueden desarrollar este punto desde sus experiencias personales.

 

   12.- Enfatizando en la ciudadanía jurídica se deberá impartir orden y organizar una política social para el beneficio de la sociedad.

 

   HG.- Habría que mirarlo así: todo ‘orden’ humano contiene un desorden, o sea violencia. Esto porque la experiencia humana, y con ella sus sociedades, es situada y conflictiva. Tal vez tenga estas características siempre. Por ser situada, los seres humanos deben elegir algunas opciones entre otras. Y la conflictividad proviene del distinto poder y status que consiguen algunos individuos (grandes propietarios de tierras y de esclavos, por ejemplo)  y sectores (machos sobre hembras, adultos sobre niños, jóvenes y ancianos). Las legislaciones y costumbres plasmadas en instituciones expresan a su manera este carácter situado y conflictivo de la experiencia humana que hemos conocido. Entonces, todo ‘orden’ humano contiene violencia. Y es estructural o sistémica. O sea, una determinada violencia se considera indispensable para ese orden. El orden sexual de inspiración católica contiene la monogamia y el uso genital orientado exclusivamente hacia la reproducción (producción y crianza de bebés). El orden debido para las familias católicas contiene así violencia, al menos para quienes se masturban. Estoy seguro pueden desplegar otros ejemplos.


    Entonces, en sociedades histórico-sociales, o sea situadas, y conflictivas, no resulta sencillo o derivado de solo desearlo, un beneficio para toda la sociedad. La tesis de un Bien Común universalizado proviene de sociedades con total dominio católico porque allí en último término existían almas y la aspiración primera y última de cada una de ellas y de todas era irse al Cielo. Podía valer hasta para los esclavos. Esta idea proviene del Mundo Antiguo, solo que allí no tenía un referente de universalidad: se aspiraba a una sociedad virtuosa pero solo valía para los machos adultos y libres. No se consideraba a esclavos, mujeres ni pre-adultos. Por decirlo mezclando épocas, esos sectores carecían de un carácter plenamente racional.


    Entonces en lugar de un Bien Común o de un abstracto beneficio para toda la sociedad (que debería extenderse a todas las sociedades del planeta, no quedarse en Colombia) sería mejor hablar de políticas públicas que tiendan a disminuir/eliminar las discriminaciones y que tengan como horizonte cultural el

principio universal de agencia. Estaríamos hablando de un proceso-proyecto político. Y tendríamos que jugar nuestra existencia e identidad por avanzar en él.

 

   13.- En nuestra patria existe democracia idealista, pero no se da un ejercicio de la misma debido a que nos encontramos con bases individualistas donde cada quien quiere sobresalir en diferentes campos, pero pensamos únicamente en nosotros, no como grupo o sociedad, sino como individuos.

 

   HG.- En muchas de las observaciones que ustedes han realizado ha aparecido esta referencia al individualismo ligado con la noción de ‘competitividad’. La última es una señal de los tiempos. La idea de que la existencia humana es una competencia en la que ganan los individuos no solo mejor dotados (racionalidad, voluntad) sino que actúan con eficiencia y eficacia sin interesarse por los otros, hace parte del discurso neoliberal y fue también una propuesta de los postmodernos de la década de los noventa, ambas propuestas hoy de alguna manera desgastadas (tuvieron su mejor momento en la década de los noventa del siglo pasado), pero que mantiene, en el caso del neoliberalismo, su imperio en sectores tecnocráticos, político-dirigentes y periodísticos de las sociedades latinoamericanas. La idea del individuo que hace el mundo a su imagen y semejanza y mediante la guerra está en Rambo, James Bond  y Gardfield, por hacer tres referencias icónicas.


    Nosotros hemos distinguido entre ‘individuo’ e ‘individuación’, que es un dato de la especie, e individualismo, que es una ideología de la Modernidad, o sea de la sociedad contemporánea. Utilicé aquí ‘ideología’ como conciencia (subjetividad) políticamente falsa, lo que no le impide generar identificaciones.


   Entiendo que “democracia idealista” hace referencia a un régimen deseado, soñado, vivido en la imaginación pero que tiene poco, o ningún, contenido en la existencia pública efectiva. Tal vez sería mejor referirse a ella como como una “ideología democrática” o una “democracia ideológica”, porque permite asumir que sí tiene contenido político fáctico (o sea efectivo) aunque parezca un “ideal”. Estoy seguro muchos de ustedes han tenido “amores idealistas” y si reparan en ellos advertirán que aunque no haya pasado nada con ellos (que es una frase tonta), sí tuvieron efectos en sus vidas. Se trata de cuestiones de habla y de concepto.


    Lo propio de la existencia humana son los emprendimientos colectivos: construir la Torre de Babel. Dentro de estos emprendimientos se dan singularidades e individuos. Singularidades e individuos pueden actuar a favor de la construcción y entonces la torre y la ciudad avanzan, quizás con penurias y cayéndose de vez en cuando, o pueden operar en contra (transformando las diferencias en conflictividades de poder) de la construcción y entonces la torre y la ciudad o no se construyen del todo o se construyen mediante el sufrimiento irredimible de muchos. El mito de la Torre de Babel está en el Génesis bíblico. Pueden buscarlo y discutirlo. En la Biblia se trata de un texto acerca de la identidad del pueblo de Israel, pero ustedes pueden avanzar otras aproximaciones.

 

   14.- Los políticos colombianos se aprovechan de la vulnerabilidad que afecta a muchas de nuestras comunidades para vender una democracia que lejos de serlo engaña a cada individuo porque pareciera que su suerte se seguirá de enfrentar a otros y sacar ventajas personales de ello.

 

   HG.- Bueno, espero que haya algunos dirigentes políticos, entre ellos ustedes, que no hacen eso. Ustedes no tienen un régimen democrático porque su suerte como ciudadanos colombianos está en manos de grupos armados oficiales y no oficiales, de procesos geopolíticos como el Plan Colombia, del crimen organizado, del peso cultural de la jerarquía de la Iglesia Católica y de medios masivos en manos de poderosos. Esto, por citar algunos factores e ignorar, por ejemplo, la gran propiedad agraria.


   Ahora, dejando  de lado las anteriores desgracias, el régimen democrático está otra vez de moda desde la década de los noventa del siglo pasado. Por eso la “primavera árabe” es democrática, la Guerra Global Preventiva contra el Terrorismo es democrática, la invasión de Irak es democrática, y los regímenes latinoamericanos de existencia, que excluyen de los mercados a millones de sus habitantes, retornan a ‘la’ democracia. Así que ustedes y quien les habla estamos a la moda. No podemos quejarnos.


   Ahora, hablando en serio, el sistema político-social-cultural colombiano produce tanto las vulnerabilidades como las instituciones democráticas mentirosas con que desea arroparlas. Colombia bendice además esta realidad con agua bendita. Ustedes tienen que ver cómo manejan esto. Deberían estar en eso desde antes de anteayer. Entiendo perfectamente que no es nada fácil y que asuste. Susto y miedo son algo bueno, excepto que paralicen.

 

   15.- Democracia y autonomía: decidir a conciencia; construir una sociedad donde todos participen a conciencia.

   HG.- No hay que subestimar a los malvados, criminales y corruptos. Estoy seguro ellos participan a conciencia. Hay que crear políticamente las condiciones para que se produzcan otras formas de conciencia que reviertan constructivamente, desde todos y para todos, lo que en nosotros, en nuestras subjetividades, han depositado los malvados, egoístas, criminales y corruptos. Creo que este es uno de los alcances del llamado de Desde Abajo.

 

   16.- Desde nuestra perspectiva local identificamos las necesidades nacionales y nos hacemos nuestro ideal que converge en primer lugar hacia la educación verdadera que nos indica un norte que para nosotros es un sur. Un pueblo que se educa es un pueblo que camina hacia la libertad, si entendemos educación como construcción del pensamiento. La educación cívica ha de ser incluyente, desde la formación básica hasta la universitaria. Es desde el campo universitario donde se crea el espacio, donde se abre el debate, donde se despierta la conciencia integral. Podemos desde la universidad pública construir un sancocho nacional.

 

   HG.- Existe una educación formal establecida principalmente en razón de las necesidades del sistema. En América Latina resulta particularmente desafortunada porque la mayor parte de sus prácticas tiene poco o nada que ver con lo que vive en la casa y calle y en el mundo laboral, se enfatiza la enseñanza memorística y una disciplina que nadie quiere y obliga a la hipocresía para evitar castigos. La educación privada puede en ocasiones ser técnicamente mejor pero disciplinariamente es semejante. Maestros y profesores no escuchan a los estudiantes y muchos de éstos terminan no escuchándolos a ellos tampoco. Se aprende, en el sentido de asumir comportamientos para la vida, más en los baños de los liceos, y durante los recreos, que en las aulas. Sin embargo, con todos sus defectos, no se trata de una escuela (o educación) falsa. Disciplina, por ejemplo. Transmite la eficacia del doble rostro (que ya se había aprendido en casa) y la necesidad de la hipocresía (tantos en profesores como en estudiantes) para sobrevivir en esta sociedad de desagregaciones y de rígidas jerarquías  incontestables.


   Esa educación ‘verdadera’ que ustedes reclaman no puede consistir, por tanto, en un mero reemplazo, con distintos contenidos y valores y métodos, de la escuela tradicional. Podemos introducir aquí el concepto de lugar epistémico-político-cultural desde el cual puede realizarse una opción alternativa, liberadora, popular o como quiera llamarse. Uno de estos espacios podría ser la compleja conflictividad sentida por los estudiantes de la escuela tradicional y, desde ellos, transmitida a sectores de docentes y responsables de familias. El resultado sería mesas de trabajo/estudio permanentes y espacios de encuentro paralelos al aula tradicional, espacios donde se realizaría el análisis colectivo, situacional y sistémico, de la experiencia educativa que se rechaza y se perfilaría un movimiento social complejo y con varios frentes (escuela y familia, por ejemplo, escuela y sociedad), alternativo en relación con el tema de la formación de las nuevas generaciones. Esta sería ahora asumida como autoformación. El lugar epistémico-político-cultural, el espacio desde donde se habla a otros interlocutores y desde donde se escucha y se produce identidad (apropiable) de movimiento social, estaría configurado por los sectores nombrados: estudiantes, docentes y padres de familia interesados en superar, por ejemplo, el carácter autoritario y patriarcal de la escuela vigente y su permanente ideologización del statu quo. Los interlocutores inmediatos serían otros estudiantes, sindicatos de trabajadores de la educación, movimientos y movilizaciones sociales contestarías. Familias.


    Si el movimiento madura, podría pensar en establecer escuelas paralelas, autogestadas, con lógicas internas democráticas e interpeladas por las experiencias de vida (o muerte) de quienes participan en ellas. Serían un tipo de Torres de Babel. El horizonte sería el de hacer de la sociedad toda un aula. Es decir que la existencia cotidiana sea uno de los medios para que todos tengan la oportunidad de crecer como seres humanos y ofrecer esta su humanidad procesual a otros.


    No me interesa tanto la materialización de la experiencia o sueño anterior, sino el concepto del lugar epistémico (productor de conocimiento políticamente efectivo), político (autoproducción de identidad integrada y articulada, constitución autónoma de escenarios de incidencia) y cultural (producción de una sensibilidad o ethos alternativo de existencia social) desde el que podría generarse una alternativa educativa y, también una capacidad para comunicar-se con otros sectores sociales. Esta socialización no sería “verdadera”, sino político-cultural alternativa. Sería formación para una  procesual existencia de lucha. Porque tendría enemigos. Y poderosísimos.


   Tocando otro punto de la intervención, estimo que la universidad, pública o privada, tampoco es por sí misma un sitio epistémico-político-cultural alternativo. En realidad, forma parte del statu quo, es decir de su división social del trabajo aunque gracias a su autonomía relativa, donde ella es respetada, pueden darse en su espacio debates y surgir iniciativas interesantes ligadas, por ejemplo, a sus programas de extensión o acción social. Pero en términos básicos, prepara profesionales y académicos para el sistema. Muchas veces satisfechos con el sistema porque les confiere status de “ganadores” o “potenciales” ganadores. También es cierto que entre sus estudiantes están algunos de los más bellos, por generosos y constantes, de los jóvenes de un país y que en alguna de sus esquinas o cafés se puede uno topar con académicos interesantes y rigurosos, pero estos últimos son escasos y los jóvenes, no todos, suelen ser humanamente liquidados por la lógica institucional.


    También las universidades albergan conflictividades de distinto tipo que son expresiones de desafíos situacionales y, al mismo tiempo, señas de lógicas de dominación sistémicas. Desde estas conflictividades pueden generarse asimismo espacios epistémico-político-culturales que se materializan en mesas de trabajo y espacios de encuentro, organización y acción con lógica democrática, y avanzan quizás como experiencia alternativa hacia movilizaciones sociales y ciudadanas por un cambio (buscan por ejemplo, la reforma universitaria integral) o se articulan en un movimiento social de ciudadanos, estudiantes, profesionales y académicos, científicos y trabajadores. Por supuesto, todo esto es sueño y habría casi que empezar de cero. Pero también son las resonancias que producen en mí sus palabras sobre una educación verdadera y sobre el papel de las universidades en los procesos de un cambio que Colombia y toda América Latina requiere.

 

   17.- Nuestro principal debate se dio respecto de adquirir la sensibilidad que nos permite pensar en términos relacionales al opresor y al oprimido. Estimamos podemos utilizar este posicionamiento y sus conceptos para eliminar la violencia de la sociedad, Y que para ello debemos identificar qué lugar ocupamos en la sociedad.

 

   HG.- Me parece una referencia muy precisa y que se vincula inmediatamente con lo que ha salido en la conversación. Recordemos el núcleo duro de la sensibilidad de Paulo Freire: a) llega a un aula de clase y no ve en ella estudiantes-individuos, sino sujetos (potenciales) oprimidos. Verlos/sentirlos así significa verlos como expresión de relaciones sociales. Los sujetos potenciales resultan oprimidos por el profesor, la  institución-escuela, los métodos pedagógicos, la administración, el conjunto de la sociedad; b) pero Freire no se queda allí. Reflexiona y descubre/siente que él mismo forma parte de la opresión, se comporta como un opresor. Esa conflictividad entre lo que desea ser, un maestro cristiano y su realidad de opresor de estudiantes en cuanto sujetos… lo conduce a discernir/imaginar una pedagogía del oprimido en la que nadie enseña a nadie y todos aprenden/crecen humanamente como sujetos y ciudadanos en el intercambio propio de un emprendimiento colectivo. Adiós al aula tradicional y sus métodos. El lugar epistémico-político-cultural que lleva a Freire a su teoría educativa (que comprende una teoría de la sociedad) es el aula tradicional como espacio sistémico y situacional de opresión y negación de sujetos.

   Simpatizo con esta idea de ustedes.


   18.- En el marco de lo que Hegel concibe sobre la esclavitud se proponen relaciones de dominación como sujeción y se plantea la expresión de intereses de poder de la clase dominante. Que más allá de lo nacional también hay expresiones de dominación que se expresan como formas de gobierno. Que los intereses económicos no permiten que fluya una verdadera democracia. El concepto de identidad construida desde las relaciones sociales constituiría otro concepto de ciudadanía más respetuosos de los otros y una democracia distinta a la que tenemos. Que no existe en la sociedad colombiana una idea de colombianidad que permita partir de una base y que nos una y permita construir una institucionalidad que nos represente con mayores índices de aceptabilidad. Que los procesos de democratización expresan relaciones conflictivas por el reconocimiento de intereses sociales, políticos, económicos, culturales y ambientales que plantean rupturas con el orden establecido.

 

   HG.- En la historia de la Filosofía occidental, Hegel es reconocido como uno de los principales filósofos. Como toda producción filosófica ella no existe por sí misma, sino por las lecturas que se hacen de ella. En el caso de la dialéctica de Amo y Esclavo ocurre que ambos son seres humanos y tienen la capacidad virtual de reconocerse a sí mismos desde sí mismos. Pero el Amo, quien en el ejercicio de su deseo y libertad, de su poder, esclaviza, niega a ese otro individuo humano la capacidad de auto reconocerse como tal, de ser “yo”, sujeto para sí, desde sí y de vincularse como igual con otros sujetos a los que reconoce como tales. Esto incluye al Amo. El esclavo por temor acepta esa mutilación de su capacidad humana y existe para él y para sí mismo como una cosa o animal. Ni siquiera sueña con ser Dios. Lo que nos interesa a nosotros es que ese esclavo resista desde su condición de ser para sí (manifestarse como alguien) y niegue la plena (o alguna) humanidad del Amo mientras este amo no lo reconozca. Dicho de otra manera, una humanidad universal, o sea sin discriminación y de sujetos, no puede contener esclavos y amos. Se debe romper esa sujeción para que el Amo sea humano (lo que no contiene libertad absoluta) y también lo sea el esclavo.

    Lo que interesa aquí, desde un punto de vista popular, o sea universalizable, es la necesidad material del esclavo para romper el vínculo que lo hace esclavo y su presente imposibilidad subjetiva (temor) para hacerlo. El amo, en cambio, podría imperar, aunque no universalmente, manteniendo la relación de sujeción del esclavo. Pero esta misma relación de esclavitud impide que esa otra conciencia negada reconozca su libertad y deseo. Si el esclavo no lo acepta como Dios (solo por absolutamente libre), él Amo no lo es. El reconocimiento del esclavo le resulta necesario y a la vez no factible. Pero la ausencia de plenitud del Amo, un estado subjetivo, no es idéntica a la sujeción/rebajamiento social, que es dato social material, una forma política de no poder hacer mundo, de no-significar. El amo no consigue su deseo, pero el esclavo desaparece como subjetividad de sí entre el orden o desorden de las cosas. La alegoría puede leerse por su izquierda: ningún ser humano es absoluto, todos requieren del concurso de los otros todos para existir contingentemente y, al mismo tiempo, para siempre. Serán eternos siempre que sean autónomos, o sea libres.


   En otro frente de la intervención de ustedes, las diferencias económicas y las relaciones que se establecen a partir de ellas siempre han constituido un freno para las tendencias a una existencia y a un gobierno democrático. Esto, desde Clístenes. Clístenes avanzó en la igualdad jurídica y en la igualdad política de los atenienses, pero fracasó en igualar las riquezas. Sin embargo en este momento el desafío del medio natural (eventual incapacidad del planeta para sostener la vida en él) podría crear respuestas constructivas para la diversidad de accesos a los mercados. En su alcance negativo, también podría generar un genocidio sin precedentes en la historia de la  especie humana. Hoy existe la tecnología para llevarlo a cabo. Y la voluntad política se viene construyendo.


   Si es cierto que la colombianidad nunca ha existido, excepto como ideología patriotera y para que unos pocos manipulen a muchos, entonces ustedes no pueden ponerla en la base de sus procesos identitarios. Se transformaría en una camisa de fuerza. Y haría violencia. Podrían considerarla, en cambio, como una aspiración de universalidad situada (estar en el mundo como humanos y colombianos y como colombianos y humanos), y durante la marcha por construirla irán apareciendo y comunicándose sus caracteres. Dicho de otra manera: no existe una naturaleza colombiana. La colombianidad hay que producirla desde sus raíces y nadie puede saber muy bien cuáles serán sus rasgos ni cómo cambiarán. La irán construyendo y descubriendo entre todos. La única exigencia es que esa colombianidad se ofrezca a otros para crecer mediante emprendimientos comunes como humanidad universal.

 

   19.- Hicimos una síntesis: si todos lucháramos como ciudadanos efectivos, entonces tendríamos otro régimen democrático de gobierno y él expresaría otra forma de relacionarnos entre nosotros en la economía-sociedad y en la política-cultura. Quizás todo esto expresaría la articulación del emprendimiento común, o de muchos emprendimientos comunes, con la justicia entendida como ausencia de discriminación y dominación.

   HG.- Lo dicen muy bien y de corrido. Es una reseña de un proyecto y un indicativo de programa. Incluso el “quizás” resulta muy apropiado porque los seres humanos hacemos nuestra historia pero en condiciones que no determinamos ni controlamos enteramente. Esto quiere decir que incluso el factor azar puede llevarnos por caminos no previstos.

 

   20.- Una lucha, pero que ésta sea contra el principal enemigo de la ciudadanía: los medios de comunicación. Estos medios nunca dicen que en Colombia dominan 6 grandes familias y grandes multinacionales y que ello supone daño económico, ambiental y social no controlado por políticas públicas. Por ello debemos empezar esa efectiva lucha social ciudadana para alcanzar el régimen democrático de gobierno que creemos merecernos, donde gobiernen personas efectiva y responsablemente elegidas, representantes de mayorías ciudadanas y que asumen sus conflictos en cuanto autoridad pública representativa en el marco del apoderamiento de ciudadanos efectivos y con medios masivos comprometidos con los esfuerzos y necesidades de todos.

 

   HG.- Suena como el momento de las conclusiones y propuestas de trabajo. Lo de los medios masivos es complejo porque tienden a formar parte de una cultura mundial del espectáculo y de la participación falsa, por inducida. Esto es un ángulo. Pero, además, estos medios hacen parte de consorcios empresariales, como ustedes señalan y denuncian. Ellos, los consorcios empresariales, identifican libertad de opinión con status empresarial y cualquier iniciativa pública que tienda a romper este ligamen es protestado como violación de la libertad de expresión, un derecho humano. La libertad empresarial de expresión invade ‘naturalmente’ las páginas de información con los contenidos generalizados expuestos en las páginas de opinión (editorial y otros). Es lo que ustedes denuncian como manipulación de la información, fraude y mentira. Con ella se viola derechos humanos de los periodistas profesionales y el derecho humano a la información de los ciudadanos. Pero mayoritariamente la gente “disfruta” del sesgo de los medios. Es información “basura”, pero se compra, se la usa y se cree botarla. En realidad se va sedimentando como una actitud cultural hacia los medios pero también como frivolidad subjetiva.


   En el otro ángulo, la posibilidad de información paralela o alternativa es baja, principalmente porque suele chocar con la frivolidad y estupidez generalizadas. Internet no está al alcance de todos (aunque sí lo está de los grandes propietarios y sus medios) y a veces la comunicación alternativa también invade y deforma la información con sus criterios editoriales.
   Como se advierte, tocan ustedes un área difícil y que demanda avanzar en los procesos de configurar y configurarnos como población crítica. Sin duda un desafío estratégico.

 

   21.- En el grupo anterior se dio un voto disidente: estimo que la idea de ciudadanía es un gran engaño.

   HG.- Con seguridad disiente usted desde su experiencia de vida, y lleva razón. Esto porque en América Latina hemos ignorado la propuesta política de un principio universal de agencia humana y los grupos dominantes, incluyendo “intelectuales” han reducido el concepto de ‘ciudadanía’ a su alcance de obedecer las leyes/seguir las costumbres y portarse bien, o sea como los distintos amos quieren. O, traducido al lenguaje señorial católico: “debes obedecer a la autoridad, carajo”. Es lo que aquí se ha llamado “ciudadanía jurídico-política pasiva”. Tienes obligaciones y de tus derechos hablamos después, si acaso.


   Nosotros hemos usado ‘ciudadanía’ de un modo distinto. Con diversos planos articulados e integradores. Tampoco la hemos desvinculado de los conflictos sociales situacionales y estructurales o sistémicos. Vista así estimo que es una categoría positiva de análisis entre otras cosas porque es llave para una política parlamentaria que no rechaza por doctrina propuestas de la necesidad de cambios revolucionarios. Colombia y América Latina los necesitan y con urgencia.


   Existe otra observación posible a su disidencia. Resulta positivo realizar juicios desde la experiencia personal. Se trata de cosas vividas, o sea sentidas. Muchas veces, además, reflexionadas. Pero la experiencia directa, la existencia singular, no agota el mundo de lo real. Siendo lo vivido algo que se legitima por la experiencia, admite una crítica. Lo vivido resulta de una producción sistémica. Y esto vivido puede ocultar, con su presencia, la existencia de ese sistema al que solo se conoce empíricamente por sus señas: las cosas que ocurren. Asumir que el sistema es solo sus señas, lleva al error. Se trata de un error empirista (en el extremo, de un hiperempirismo). Esto porque al sistema hay que pensarlo. No se ve con los ojos de la cara ni se huele con las fosas nasales.


   Acerca de lo que nos ocurre y sentimos, sin duda tenemos juicios. Pero lo que nos ocurre no agota su realidad con su presencia. Y esta presencia es una producción del sistema social. A este sistema obligatoriamente hay que pensarlo. Así aprendemos a “sentir e imaginar” de otra manera. De una manera en que lo que hoy echamos de menos, mañana o pasado, o quizás en un futuro no previsible (o quizás nunca) será factible y experiencia de vida. La producción de teoría es una manera humana-popular de estar/ser el mundo. Y una necesidad político-cultural para quienes desean cambiarlo.
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