Seminario "Estado y nueva

colonización", Guanajuato, México,

18-19 diciembre 2013.

 

      ECONOMÍA LIBIDINAL Y ACCION POLÍTICA CATALIZADORA EN AMERICA LATINA (cuarta conversación)

 

   1.- En los intercambios de este encuentro ha surgido la noción de “acción política catalizadora” o el tema del efecto “catalizador” de una determinada acción política. Se trata de una intervención popular (en el sentido en el que se ha utilizado en este encuentro) que no intenta alcanzar/apoderarse del poder vigente (orden/desorden) o destruirlo, pero que sí busca que otros sectores sociales populares o ciudadanos (que pueden o no ser sinónimos) concurran, desde sus propias situaciones de opresión y rebajamiento, a transformar radicalmente el sistema social y político en cuanto éste resulta intolerable. La experiencia de acción catalizadora se puede ejemplificar con el levantamiento zapatista de 1994 en México. Pero también podría recordarse aquí el papel que asignaba Ernesto Guevara a la unidad móvil combatiente (guerrilla) en el proceso de despliegue de una Guerra Popular Prolongada. Puede discutirse si la acción catalizadora tiene necesariamente un carácter político-militar (insurgente o no) o puede ser ciudadano con raíz social popular. Manifestaciones, por ejemplo, de mujeres con teoría de género o las movilizaciones contra la expropiación de tierras y aguas de poblaciones rurales y grupos urbanos.

    2.- Desde luego, una acción catalizadora se sigue de raíces populares y se inscribe en los campos de la creación y oferta de una cultura popular contra hegemónica. En este sentido es revolucionaria. Busca crear o acelerar o tornar material un cambio de sensibilidad (o espiritualidad) en la población que sufre asimetrías de modo de llegar a las tareas del nuevo orden con una subjetividad favorable. Por ello la acción catalizadora (en plural o singular) es parte del proceso de acumulación de fuerzas revolucionarias. Esta fase, la de acumulación de fuerzas, resulta fundamental para la posterior construcción de un nuevo orden. Sin patriarcalismo, por ejemplo. O sin discriminación (un México donde tengan cabida todos los mexicanos que no discriminen, decían, o dicen, los zapatistas). Sin una acumulación cultural de fuerzas, cuya señal es una trasformación liberadora de la sensibilidad popular y colectiva, difícilmente (o solo por azar) se conseguirá una transformación de las condiciones de existencia imperantes en las sociedades latinoamericanas.

    3.- De aquí la importancia de pensar/discernir/imaginar este tipo de acciones en los campos del territorio, de la sexualidad y de la educación, que son los ámbitos en los que buscan incidir las organizaciones que participan de este encuentro. Son campos que ustedes han venido articulando en sus trabajos, con mejor o peor fortuna. ‘Articular’ se dice fácil, pero no resulta sencillo de realizar.

    4.- Tomemos el campo de la sexualidad, o de la economía libidinal de las sociedades. En América Latina esta economía ((orden/desorden de la casa, del existir/vivir) está determinada por el patriarcalismo que tiene un sólido sostén en el católico rebajamiento del cuerpo (la carne satánica y sus concupiscencias) en beneficio del alma. Patriarcalismo y catolicismo son obviamente ideologías y factores de la cultura (sensibilidad) dominante entre nosotros. Deben sufrirlos mujeres, jóvenes y ancianos. Y también los varones adultos patriarcales, aunque la mayoría de ellos se sienta satisfecha con su “poder” y presuma de ello.

    5.- Ahora, en relación con la economía libidinal (determinación política y cultural de la sexualidad en una formación social determinada) se han producido cambios objetivos con potencial revolucionario en la segunda mitad del siglo pasado. La pastilla contra la concepción en los sesentas (que hasta el momento por desgracia y no por azar solo se produce para mujeres) y una revitalización del condón en las décadas siguientes. Esto último se siguió de la aparición del SIDA. La primera resultó de una búsqueda tecnológica-científica probablemente inspirada en la necesidad de incorporar a las mujeres a los mercados laborales calificados (se requería su talento en ellos) y poco calificados (se les paga menos a las obreras y asalariadas por igual o mejor desempeño y, además, no se sindicalizan).

    6.- Cualesquiera hayan sido las motivaciones, el resultado fue revolucionario. Por primera vez en la historia de la especie humana, las parejas podían utilizar sentimientos, discernimientos e imaginaciones en relación con su ejercicio de la sexualidad (libido) genital: eran libres para optar, elegir, y hacerse responsables (sin tutelajes) de sus elecciones en este campo. Podían optar entre ligar sus genitales para la reproducción de la especie, producir bebés y criarlos, o hacerlo para su integración o personal o de pareja. Era una posibilidad de ejercicio de la libertad abierta a todas y todos. Esto último, desde luego, desde el punto de vista del concepto, porque en la práctica influyen sobre el ejercicio de la sexualidad otros factores. En especial, económicos y culturales.

    7.- El alcance revolucionario no se limitaba al coito o cópula. Al liberar objetivamente el ejercicio de los genitales de su obligatoriedad reproductiva y tornar a la vulva, vagina y pene de órganos especializados en órganos de función múltiple, la libido podía extenderse a todo el cuerpo y facilitaba a los cuerpos erotizados estar-ser en el mundo cultural y natural de otra manera: menos agresiva, gratificadora y sin violencia: personas y sociedades podían abrirse a una cultura erótica. Gratificante. Más integrada y feliz.

    8.- Por supuesto el sistema reaccionó contra esta posibilidad de liberación humana y social. Los centros (post-industriales) se volvieron a la vez “liberales” y “sobrerrepresivos”. Se exaltó la cópula (empleo reductivo y focalizado de los genitales) como juego sin responsabilidad ni alcances personales y se esfumó su posibilidad erótica. Se amplió e intensificó el mercado de la pornografía y los cuerpos (producidos en el gimnasio y en las clínicas de belleza) desplazaron a las personas. Televisión, cine, Internet, propaganda comercial se mueven en ese sentido.  En América Latina se acentuó el mensaje que vincula cuerpo con pecado e idolatría. El termidor sexo-porno-irresponsable abortó el despliegue de una economía libidinal liberadora.

    9.- Imaginar y llevar a cabo acciones catalizadoras en el campo de la economía libidinal posee un contenido que puede transformar el mundo, al transformar sensibilidades culturales. No resulta estéril reconsiderar las luchas de las mujeres con teoría de género desde esta perspectiva. En especial en América Latina donde una economía libidinal hipócrita y sobrerrepresiva es factor concurrente de sistemas de dominación que producen cuerpos culpables que se someten funcionalmente a las lógicas de discriminación, sometimiento y explotación.

          Diálogo


    Rosalía.- No me queda claro qué debemos entender por “economía libidinal”.

    HG.- Bueno, la palabra oikos, que está en la base de economía, quería decir “casa”, entre los griegos antiguos. Luego, economía contiene la idea de organización/administración debida del hogar (casa/familia) o del hábitat en el que nos establecemos (territorio, nación, planeta, por ejemplo). ‘Eco’, se sigue de oikos y ‘nomía’ (de nomos) se vincula con lo debido, con lo establecido. ‘Economía’ puede tener un sentido autoritario. O religioso y sagrado, lo que no exime para nada la autoridad.. Lo que se debe hacer, o sea lo vinculante, para mantener un determinado orden en el cual se existe, vive o muere. Aquí ya se ha trabajado o conversado que un orden determinado puede resultar un desorden (o violencia) para algunos de los involucrados en ese ‘orden’. Utilizamos por ello la expresión ‘orden/desorden’. ¿Cuándo un orden contiene violencia? Cuando sistémicamente contiene o requiere de lógicas de dominación. Las sociedades latinoamericanas se comportan como sólidamente patriarcales, por ejemplo. Entonces sus instituciones libidinales, como la familia y la homofobia, hacen violencia, contienen violencia (desorden). Cada vez un número más significativo de mujeres y otros sectores rechaza esta violencia. Pero la violencia patriarcal lesiona también a los niños y jóvenes (contra éstos opera asimismo la violencia adultocéntrica) y a los ancianos. La violencia patriarcal y adulta les pasa factura asimismo a los machos, pero no es para exclamar ¡pobrecitos!

    “Libido”, por su parte, es asociado inmediatamente por el diccionario con ‘deseo sexual’ pero su raíz indoeuropea lo asocia más bien con desmesura negativa o ambición de poseer algo. Desde aquí (y desde el latín) la sensibilidad cristiana católica lo va utilizar con el sentido de deseo sexual indecente, obviamente pecaminoso porque choca con la castidad, y expresa concupiscencia que, para la autoridad católica, designa genéricamente los placeres deshonestos (codicia, masturbación, por ejemplo). Pero los trabajos de Freud (1856-1939) principalmente le entregaron un sentido no negativo. Para él se trata de de un motor pulsional o instintivo cuya meta inicial es siempre sexual, pero que puede ser desexualizada y canalizada de manera diferente (por razones culturales). Se trata de una energía primaria presente en toda actividad psíquica sexual y no sexual (en el sentido restrictivo de dirigido a la utilización de los genitales). En este último alcance puede ser asociado con Eros, una deidad griega antigua, uno de cuyos sentidos remite al impulso creativo presente en la Naturaleza, el principio luminoso de todo orden y creación. Su opuesto, como principio, es Tánatos que se orienta a la muerte, aunque sin violencia. Un interlocutor crítico de Freud, Jung (1875-1961) entiende libido como energía psíquica indiferenciada sin un específico basamento biológico.

    Creo ahora se entiende qué expresa una construcción conceptual como ‘economía libidinal’. Hace referencia a que en toda sociedad humana un criterio básico de reproducción de ella es el orden de la vida psíquica y específicamente de la vida sexo/espiritual ligada a ella. Tiene que ver con lo que se estima creativo y destructivo, con la sumisión y con la libertad creativa (erótica) y la integración personal que esta última supone. Volviendo a la tierra, economía libidinal hace referencia asimismo a los imaginarios dominantes (unilateralmente focalizados y represivos) acerca de la sexualidad y el erotismo. En América Latina el punto resulta particularmente importante por la influencia tanto en el marco categorial como en el marco imaginario del cristianismo católico y su pánico respecto de la libertad antropocentrada y el papel del cuerpo en ella.

    María Luisa.- Entiendo que ‘economía libidinal’ ligado con las instituciones y lógicas del patriarcado se utiliza para rechazar la violencia específica que la dominación patriarcal supone. Esta violencia aparece en el imaginario dominante como “natural”. Pero en realidad, como hemos discutido en el encuentro, se trata de una producción social. Si consiste en una producción social podemos transformarla, cambiarla. Pero para eso hay que sentir la violencia patriarcal, o resentirla, discernirla e imaginar (desear) una realidad sin dominación patriarcal, o mejor, sin dominación de sexo-género.

    HG.- Exactamente. Hay que recordar que nos hemos interesado en este encuentro en el marco social categorial (la espiritualidad dominante) y en el marco social imaginario (las emociones, sentimientos, deseos). La noción de economía libidinal se mueve en relación no excluyente con este último referente. Pero al igual que todas las luchas políticas populares, requiere ser discernida. Requiere una teoría de sexo-género. De aquí la importancia de que las luchas de mujeres y de quienes se les unen sean el lugar epistémico-político de esa teoría. Obviamente el discernimiento popular, del cual las luchas de mujeres constituyen una expresión, debe ser entendido como proceso.

    Martín.- ¿No resulta curioso afirmar, como se dijo, que hoy la sexualidad resulta de un acto libre de mujeres y varones cuando en México, por ejemplo, las madres solteras pueden estar cerca de un millón o de cinco millones, dependiendo del criterio con que se las defina, y cuando son decenas de miles los matrimonios entre chicas de 14 años con chicos de 16? Estas son realidades, no deseos o palabras.

    HG.- Es probable que haya pronunciado algunas palabras demasiado rápido y no se me haya entendido. Dije que hablaba desde el punto de vista del concepto, porque en la existencia efectiva de la población inciden en el ejercicio de la sexualidad genital, de la cohabitación y, como usted lo señala, incluso en el matrimonio legal, otros factores económico-sociales y culturales. La falta de información, por ejemplo, las situaciones de vulnerabilidad social como la pobreza y la miseria generadas por las lógicas de exclusión y por supuesto también el machismo que afecta a todos los sectores sociales. Muchas jóvenes urbanas y rurales no logran resistir el asedio de sus pretendientes, normalmente su “primer amor”, cuando se les solicita la “prueba” respectiva de su cariño. Y para muchos chicos exigir esa prueba es algo “natural”, propia de su hombría. Pero esto es la realidad que vivimos, no la que podríamos producir. En Costa Rica el porcentaje de madres solteras (en un 25% no se conocía el padre y casi el 20% de las madres era adolescente) se acercó al final del siglo pasado al 50% de los partos. En este momento la cifra ha descendido a la mitad. La mayor parte de estas madres provenía de familias vulnerables y desagregadas. Esto en el país donde resido. El país en el que nací, Chile, ofrece estadísticas impactantes: los hijos nacidos fuera del matrimonio constituyen el 69% del total de nacimientos. 120.000 abortos inducidos. Casi 70.000 niños en redes de protección infantil. Hogares monoparentales liderados por una mujer, 84%. Entre ellas, 36.5% indigentes. Casi 200.000 demandas por pensión alimentaria. Los números son del año 2011. Las cifras de madres adolescentes se acercan al 17%. La mayor parte de estas estadísticas corresponde a los dos quintiles más empobrecidos de la población. Son situaciones que se están viviendo, que castigan especialmente a las mujeres jóvenes y a sus hijos (que reproducirán el circuito de pobreza y violencia sexo-social). Ahora, como tendencia y desde el punto de vista del concepto nada de esto debería existir. ‘Nada de esto debería existir' remite a: hijos que resultan de apremios y no son deseados, ejercicio sexual que conduce fatalmente a la maternidad y al abandono o a la violencia, parejas desagregadas, pérdida de autoestima,  ausencia de buenos sentimientos en la relación de pareja y en relación con los hijos, liquidación del acceso a los mercados laborales debido a la crianza, que puede resultar dramáticamente conflictiva, de hijos no deseados, etcétera. Desde el punto de vista del mero ejercicio de la sexualidad genital, en ausencia de cualquier otra consideración, nada de esto debería darse. Pero se sigue dando.

    Aprovecharé para narrar una anécdota patética y cómica que nos ilustra algo acerca de lo que ocurre con el sexo en América Latina… cuando ya no debería ocurrir. Salía de un supermercado en Costa Rica y en el ingreso a las cajas, entre las ofertas de los stands laterales que las anteceden, se ofrecía una revista para chicos y chicas que están ingresando a la adolescencia que ofrecía en su portada un título que decía algo así como “Todo lo que debes saber sobre tu sexualidad”. Me interesó porque a mi edad yo soy bastante ignorante sobre el asunto y compré la revista. Al fin, ya casi al borde de la muerte, iba a enterarme de los secretos del sexo. Se trataba de una revista educativa, cultural, de formato pequeño, amable, editada por el principal monopolio de la información escrita en el país. Bueno, en la sección que había despertado mi atención aparecía, entre otras cosas, una representación del cuerpo femenino desnudo. Solo que en la descripción de este cuerpo la publicación había omitido el clítoris. Lo cercenaron. No existía. Existía todo, excepto el clítoris. La publicación no había sido editada en el Medioevo ni en alguna región donde los clítoris se cercenan para asegurar la fidelidad de las mujeres, sino a  finales del siglo pasado en un país que invierte el 6% de su producto bruto en educación. Católico y conservador, eso sí. Los editores de la revista esfumaron el clítoris del cuerpo de las chicas. Lo narro como ejemplo de cómo en el acceso al conocimiento de la sexualidad genital operan todavía determinaciones que, en su ingenuidad, resultan monstruosas por su mala fe. Por supuesto entiendo las jóvenes costarricenses se enteran de la existencia de su clítoris sin necesidad de leer revista alguna. Pero lo que interesa aquí es la distancia entre lo que se puede pensar y hacer y lo que efectivamente se vive, que es un punto en el cual usted lleva toda la razón. Esta distancia puede resultar abismal.

    Mercedes.- ¿Qué quiere decir cuando se afirma que las sociedades postindustriales se tornaron  liberales y sobrerrepresivas al mismo tiempo?

    HG.- Es una caracterización que se sigue de varios procesos. En la década de los sesenta del siglo pasado sectores de jóvenes, incluidos los de México, se movilizaron en protesta contra un mundo burocratizado tanto por las burocracias privadas del mundo capitalista como por las burocracias públicas en los países del socialismo histórico. No querían ese destino para ellos. Tal vez alguno de ustedes tenga edad suficiente como para recordar lemas como “…la imaginación al poder” o “… somos realistas exigimos lo imposible”. En México la protesta, de estudiantes y obreros, condujo a la matanza de Tlatelolco. La movilización que se quería revolucionaria de los jóvenes cambió el mundo para peor. Lo juvenil se puso de moda. El sistema creó los estratificados mercados para jóvenes. El mensaje subyacente es que los jóvenes dominan el mundo. Por supuesto es falso. El monarca de la FIFA tiene doscientos años. El Papa añade 234. Cuando se mira en televisión una reunión de la Unión Europea los ancianos dirigentes casi no pueden mover sus piernas. Pero Coca Cola, chispa de la vida, vende juventud, colores, baile, alegría, disfrute sin pausa, aunque se tenga cien años. Este estilo juvenil del mundo postindustrial tiene medio siglo. Es reciente. Antes los jóvenes eran “rebeldes sin causa” y “hippies”. Ahora son compradores. Han sido integrados al sistema mercantil (también los niños, pero no es el tema en este momento). Como se sabe, los jóvenes suelen mostrar una notable voluntad para emocionarse, enamorarse y copular. Disfrutan estos eventos. Poner de moda a los jóvenes implicaba hacer ostentación de liberalidad sexual. O sea genital. “Copula, copula que el mundo se va a acabar”. Hay películas icónicas en este sentido (“Animal House”, por ejemplo, de 1978). Copula, pero como parte del mercado. Menea tu trasero, pero hazlo como parte del negocio. Miley Cyrus, pasajera reina actual del twerking (ella practica este baile moviendo el culo muy cerca del pene de su pareja masculina en escena: gana dinero, “fama” y escandaliza), es un buen ejemplo de esta ‘liberalidad grosera’ y mercantil.

    El twerking en escena no representa sexualidad integradora ninguna. Consiste únicamente en mostrar que la vulgaridad focalizada en los genitales y en la cópula forma parte de una cultura actual que abandona todo pliegue interno, espiritual, y lleva el ejercicio genital  a exhibirse ‘deportivamente’ en el circuito de las mercancías: a ver qué hembra mueve su culo (en público) más y mejor. Y el público delira. El twerking (la versión caribeña es el “perreo” hoy extendido por Iberoamérica; aquí la cópula es escenificada por el “perro” y la “perra”) es una expresión de la lógica del mercado, o sea del imperio de las cosas sobre los seres humanos. Además, y sobre todo, perreo y twerking venden. Lo que quiere decir que la gente lo compra aunque no pueda hacerlo estricta e íntimamente suyo suyo. Solo puede comprarlo. Ah, además en el twerking la parte del varón queda algo en la penumbra. La vulgar y promiscua es la hembra. Patriarcal el asunto.

 

   El comercial perreo con su focalización en caderas y pelvis cogedoras enseña que copular es una demostración atlética, no una muestra de sentimientos. El punto permite entender lo que significa sobrerrepresión. Una sociedad sobrerreprime cuando existiendo la posibilidad social material de que la libido (en el sentido de Freud y Jung) se constituya como factor de una espiritualidad creativa, integradora y autónoma, propia de sujetos humanos, la bloquea y reduce/focaliza esta libido en pene, vulva y culo que, en el límite, se transan en el mercado. La espiritualidad humana queda así descuartizada y congelada. Pero la ‘creación cultural’, o sea la sobrerrepresión, opera como factor de violencia y muerte. No es divertida. Por el contrario, la excitación derivada del twerking/perreo oculta la soledad, el sometimiento, la ausencia de sujeto.

    Las agrupaciones sociales latinoamericanas (que nunca han sido sociedades en el sentido de “emprendimientos comunes”) tienen una tradición prolongada de sobrerrepresión porque su cultura difusa ha sido constituida por la ortodoxia cristiano-católica que se mueve escindiendo cuerpo y alma, privilegiando la segunda y enviando las pulsiones del primero al Infierno, puesto que son expresiones de pecado e idolatría, maniobras satánicas. El cristianismo católico tiene su propia y mus anciana versión de la neurótica fijación genital de la libido. Hace 50 años había que confesar hasta las erecciones matutinas o, en el caso de las damas, la humedad entre las piernas. El Sentido dispuesto por el Dios católico para la vida sexual de la especie era, y sigue siendo, procrear niños y criarlos temerosos/desconfiados de las manifestaciones genitales de sus cuerpos y ansiosos debido a esa desconfianza/temor. Sobre esta sobrerrepresión histórica cae y se aposenta la que se deriva de la más absoluta genitalización mercantil derivada de la pornografía, la prostitución y el perreo/twerking. Libidinalmente se trata del peor de los mundos posibles. Las gentes en América latina perrean e internamente se sienten pecadores y culpables y ajenos a su vulgaridad. Se masturban, y se experimentan degradados e infractores de la ley de Dios. El resultado es personas más agresivas, enfermas y vulnerables. Quienes han producido este mundo neurótico han practicado una perversidad de la que deberían sentirse avergonzados. Pero hace parte sustancial de su dominio político-cultural. Por ello no renuncian a su perversidad. Si existe Infierno, lo tienen seguro. El daño que han generado desde su poder ha angustiado más a las gentes y las ha tornado más infelices y tensionadas que todas las guerras y desgracias de la historia humana porque siempre ha sido innecesario. Hoy lo es más que nunca. Desde estos ángulos debe pensarse el campo de la sobrerrepresión libidinal en América Latina. Y llevar a cabo acciones catalizadoras que la pongan en evidencia y generen una sublevación generalizada que la destruya.

    Berta, María Luisa, Mercedes, Rosalía.- ¿Cuáles serían esas acciones?

       HG.- Las acciones catalizadoras se inscriben en procesos. Los procesos son situados y en relación con ellos no pueden darse recetas políticas. Hay que leer la realidad, tanto en el alcance de sentirla y resentirla como con el criterio de discernimiento del sistema que es el que me indica que ‘aquello’ que resiento es señal de una totalidad. Si retornamos a la primera idea, al inscribirse la acción catalizadora en un momento de un proceso conviene determinar el papel que uno (la persona, la organización civil o ONG, el partido, etcétera) ha alcanzado en ese proceso. ¿Cuáles son mis fuerzas y mis debilidades? Por supuesto, en relación con las metas que me propongo alcanzar. O ¿en qué consiste el proceso en el que me inscribo? ¿Qué significa para mi o para nuestra organización? Si estoy trabajando sólo para llevar asuntos a los circuitos judiciales esta tarea tiene aspectos positivos pero también es limitada. Puedo asumir los casos judiciales (que rescatan y defienden derechos) entendiéndolos en relación con la necesidad de crear una sensibilidad cultural respecto de las mujeres jóvenes y, más ampliamente, respecto de los desafíos que las tramas de sexo-género vigentes plantean a los mexicanos. En mi opinión la acción catalizadora se inscribe en este último plano que incorpora y articula muchos otros. Esto por su forma. Pero la acción debe alcanzar incidencia. Y esa incidencia reposa en el trabajo político. Cómo he previamente trabajado para crear espacios y formas de comunicación efectiva para que la acción tenga incidencia (o sea mueva a otros respecto del desafío específico y también abra paso a un discernimiento de otros desafíos estratégicos).


    
Creo que esos son algunos de los elementos. Por ejemplo, defiendo los derechos legales de una adolescente que le concedió a su novio o pareja la filmara en un video con carácter erótico. El muchacho sube al video a Internet. El caso es ya suficientemente grave para la chica y su familia. ¿Cómo le doy alcance catalizador? Hay elementos. El asunto debería resultar también grave para la familia del chico y para él mismo. Y desde aquí para el concepto de familia y sus dinámicas efectivas en determinados sectores de la población. ¿Qué tipos de familia estamos produciendo en México? ¿Qué hace que las produzcamos así? Si las familias han sido puestas en cuestión otros factores de la experiencia mexicana también están involucrados. Televisión e Internet, por ejemplo. La despersonalización de la existencia cara a cara y su reemplazo por la red social irresponsable. Y desde luego está el tema del sexo-género que hace de la chica una culpable por puta y del joven alguien listo o seductor que se aprovechó de ella,  o meramente ‘irresponsable’ como se dice son los jóvenes… pero que queda impune, al igual que sus padres y el liceo o colegio y la sociedad que lo ha formado. El proceso en el que se inscribe la acción catalizadora, que va más allá del caso, puede remitir a la problematización de las familias o, todavía más ampliamente, de los actuales procesos mexicanos de socialización. Y aquí me detengo porque ya es demasiada literatura. Intentaba mostrar que no existen recetas.


    Será bueno recordar que la acción catalizadora de los zapatistas en 1994, su levantamiento, fracasó en lo inmediato (no se dio un levantamiento generalizado en el país), pero tal vez haya incidido en el carácter de luchas posteriores. Es decir, abrió espacios. Convendría estudiar en detalle (riquezas y errores o fallos) ese proceso y otros procesos posteriores. ¿Cómo me veo en relación con esos procesos para entrar  a darle a mi trabajo/lucha los alcances de acciones catalizadoras o reforzar ese carácter?

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       ELEMENTOS DE LA MUNDIALIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA (tercera conversación)
   
    1.- ‘América Latina’ es un nombre propio cómodo para designar una realidad compleja y variada. Así, el contenido de este texto no puede aplicarse directamente a ninguno de sus países. Contiene notas básicas que indican determinaciones de movimientos o desplazamientos y factores relacionados con la mundialización en curso en la región latinoamericana. La fase actual de esta mundialización (globalización, para la prensa) comienza a finales de los sesenta del siglo pasado.

    2.- El capitalismo, por definición, tiende a expandirse mundialmente. Su alcance mundial (constitución de un mercado mundial capitalista) se sigue objetivamente por tanto de su lógica interna. Su expansión actual tiene como motor básico la aparición de tecnologías de punta (centralmente la informática y sus anexos, pero también la biotecnología y la ingeniería genética) que inciden sustancialmente sobre las formas de producción y distribución de la riqueza y generan asimismo nuevas formas de sensibilidad/mentalidad en los seres humanos que experimentan, o sufren, esta transformación.

 

     El inicio de este proceso de cambio sustancial, que recién está en su primer estadio, puede fijarse en la década de los setenta del siglo pasado. El capitalismo actual tiende a: a) universalizar materialmente la forma-mercancía; b) acelerar su proceso de concentración de capital; c) presionar intensamente la fuerza de trabajo en particular la menos calificada; d) sobredimensionar su ámbito financiero (incluyendo el sector especulativo); e) acentuar la generación de un  ‘sentido común’ ligado a una economía de deseos (cultura del espectáculo y del úselo y bótelo) con desprecio de las necesidades básicas y trato suicida de la Naturaleza. La autodestrucción de la Unión Soviética a inicios de la década de los noventa del siglo pasado abrió paso asimismo a una geopolítica de apropiación/expropiación brutal de los riquezas naturales (“primavera árabe”, por ejemplo) ligada al asentamiento de un poderío militar que se desea incontrarrestable.

 

     En este marco, el siglo XXI se abre con la declaratoria de una guerra global preventiva contra el terrorismo que contiene un daño significativo (legitimación de la tortura, espionaje global, utilización de ‘drones’ [vehículos aéreos no tripulados] que acentúan la guerra a distancia y su inhumanidad, por hacer tres referencias) sobre el despliegue de una necesaria sensibilidad (cultura) de derechos humanos. En términos de dominación y guerra, el mundo se ha tornado más pequeño y excluyente. En este mundo más pequeño y excluyente (exclusivo, por tanto), las distancias o fragmentaciones entre regiones, culturas y sectores sociales se han ampliado y acentuado. Tiempo, por lo tanto, de agudización objetiva de conflictos.

    3.- Para América Latina, la nueva forma de mundialización capitalista determinada por la informática/electrónica (procesamiento intensivo y en tiempo real de la información y sus efectos en los procesos de producción y comercialización; también la reafirmación del dominio del capital financiero), acompañada de miniaturización, nuevos materiales, y la biotecnología e ingeniería genética, contiene la tendencia (acelerada o lenta según las realidades internas) a la desaparición económica de las antiguas fronteras (Estados-nación) y a la transformación de sus espacios en puntos de inversión privilegiada que buscan sacar provecho de los recursos naturales o instalar servicios, de la fragilidad y segmentación de los mercados laborales (mucha población, baja calificación, islas de calificación apropiada, legislación que permite los abusos) y de su incapacidad para producir tecnologías de punta o adaptarlas.

 

     Algunos de los alcances de las transformaciones ligadas a estos factores de “modernización inducida” son las intensificadas divisiones de la población y zonas geográficas en sectores dinámicos y no dinámicos de la economía (donde los primeros aparecen como enclaves de alta productividad y los segundos como regiones/poblaciones en proceso de extinción/migración), la tendencia a la expropiación de recursos naturales (agua, ambiente, petróleo, etcétera), una economía principalmente orientada a captar inversión extranjera o a realizar “buenos negocios compartidos” en los que las empresas locales resultan ser socios menores y dependientes aun cuando sus ingresos sean cuantiosos y, desde el punto de vista ‘local’, a iniciativas como los megaproyectos que pasan por encima de poblaciones y ecosistemas. Dos señales de esta situación: las remesas de emigrantes a sus países de origen en América Latina permanecen relativamente estables (dada la crisis en los países centrales) en algo más de 61.000 millones de dólares anuales y siguen constituyendo un aporte significativo del producto interno bruto de sus economías, especialmente en el área centroamericana. Si se desea apreciar mejor la cifra que ingresa por remesas, las exportaciones de Chile el año 2012 ascendieron a 78.280 millones de dólares. Sus importaciones sumaron 74.278 millones, lo que quiere decir que los emigrantes latinoamericanos podrían cancelar con sus remesas la casi totalidad (82%) de estas últimas. México tiene una economía mucho más grande que la chilena. Pero las remesas del conjunto de los emigrantes hacen el 17% de sus importaciones (para el año 2011), lo que quiere decir, si el pago fuese igual todos los meses, que alcanzarían para cubrir la factura de importaciones casi tres meses del año. La otra seña es mucho más evidente para ustedes: en estos días se aprobó la legislación para expropiarles el petróleo y varios de ustedes aquí luchan contra la construcción de represas que lesionan tanto la vida de pobladores rurales y urbanos como la capacidad de los ecosistemas regionales. O sea, ustedes tienen luchadores civiles por el territorio. El gobierno de Evo Morales en Bolivia fue antecedido por una Guerra del Agua popular (abril del 2000) generada por el intento de privatizar el servicio de agua potable municipal.

    4.- Para los latinoamericanos esta nueva forma de la mundialización capitalista tiende a coincidir con el asentamiento en el área de una ideología a la que se da el nombre (periodístico) de neoliberalismo. Se trata de una ideología surgida en la primera parte del siglo XX en Europa (F. Hayek) y que encontró cultores estadounidenses (M. Friedman) y más extremos, en el mismo país, como R. Nozick (libertarismo, capitalismo anárquico). El neoliberalismo (sus partidarios prefieren ser conocidos como ‘liberales’ a secas) básicamente se opone a un Estado conductor o regulador de la economía (keynesianismo) y afirma que el ‘mercado libre’ es el instrumento más acabado (o más racional) para generar riqueza. Cualquiera acción que afecte al mercado libre es considerada “socialismo” e irracional (“distorsión”).

    De estos criterios proviene la política pública de privatizaciones (Argentina con Menem a finales del siglo XX es un buen ejemplo) y las constantes exigencias del FMI y BM para que se estabilice la economía (cero inflación, menos gasto e inversión pública, salarios más bajos, deterioro de la infraestructura, educación, salud, etcétera) y la demanda de apertura a la inversión privada extranjera jurídicamente blindada. Los periodistas también popularizaron a inicios de los noventa del siglo pasado un inexistente Consenso de Washington cuyos principales ‘mandamientos’ son estabilidad macroeconómica, privatización de activos públicos, desregulación (mercado libre) y apertura a la inversión extranjera a la que se debe proteger jurídicamente tanto local como internacionalmente.

    Con el neoliberalismo se considera que el Estado ya no debe promover el desarrollo ni crear condiciones económico-sociales para que florezcan núcleos y lógicas de acumulación de capital nacional y regional (integración latinoamericana), que fueron las propuestas imperantes tras la Segunda Guerra Mundial, sino que ahora el Estado/gobierno trabaja para atraer inversión y vigilar que las reglas del juego capitalista mundial se cumplan en estos territorios. Adiós ‘desarrollo’ entendido como mejoría generalizada de la calidad de la existencia. El concepto vigente es ahora el de ‘crecimiento’ económico. Y éste se consigue con inversión extranjera y el mercado libre. Se busca ser competitivo para acceder con ventaja a los mercados. Si captar inversión extranjera y ser competitivo implica golpear duramente a la fuerza de trabajo, pues se la golpea. Si captar inversión extranjera y ser competitivo implica desalojar comunidades indígenas, pues se las desaloja. ¡Y cuidadito con reclamar! ¿Qué quieren, bosques, agua, hábitat o empleo? No son buenas noticias para las poblaciones mayoritarias de nuestro subcontinente.

 

     Y, obviamente, resulta complicado ser modernamente competitivo si no se invierte en educación pública de calidad ni en salud y salubridad básica. Menos si no se alcanza capacidad para crear o adaptar tecnología de punta. Se termina siendo competitivo porque se está parado sobre riquezas naturales, se han acumulado activos públicos que pueden ser subastados y existe mano de obra golpeada, barata, legalmente desprotegida y dócil. Ninguno de estos puntos te torna efectivamente competitivo, tampoco lo hace el haberse dado una infraestructura insuficiente, pero los neoliberales y tecnócratas y sus medios gritan concertadamente todo el tiempo que sí, que esa es la única ruta para insertarse mejor en los mercados. Y como para ellos pagar impuestos resulta un crimen, pues, abrirse a la inversión extranjera. Es la pomada del oso.

 

     La ortodoxia neoliberal solo es predicada y aceptada (hasta donde se puede) en América Latina. Los países asiáticos poseen una tradición cultural de conducción estatal de la economía, el peso del sector público (gasto militar) no le permite a EUA practicar el neoliberalismo, y en Europa, tras un auge transitorio iniciado en la década de los ochenta, el neoliberalismo hace parte de la ‘cultura’ económica de las poblaciones y dirigencias, pero no domina por completo las políticas públicas.

    Incluso en América Latina la ortodoxia neoliberal ha perdido prestigio público, pero sigue siendo utilizada por la minoría tecnocrática instalada en los gobiernos y en el Estado y esto porque favorece (esto no es responsabilidad del neoliberalismo) realizar ‘buenos negocios’ a los grupos oligárquicos más tradicionales, a la cabeza del PRI o del PAN, por ejemplo, que mantienen secuestrada la administración pública y buena parte de los recursos naturales y negocios del país y del área. Influye asimismo en esta vigencia de la práctica neoliberal en el subcontinente la debilidad de los gobiernos (usualmente con deuda externa y necesidad de crédito) ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Desde la ideología neoliberal se considera “populista” cualquiera iniciativa a favor de la fuerza de trabajo, o la atención de las demandas de la movilización social para reclamar derechos (pan, techo, educación, salud). Para el criterio neoliberal la población (y cada uno de los individuos que la conforman) debe tener la salud, la educación, etcétera, que pueda pagar. No tener dinero o ingresos es responsabilidad de cada cual. Por último, las personas, padres y estudiantes, por ejemplo, pueden endeudarse. Así se atan de por vida al sistema. Por supuesto, esta es la doctrina. En la práctica, la neoligarquía latinoamericana y sus clientelas instaladas en el Estado continúan con su mercantilismo y su clientelismo tradicionales o renovados y conceden prebendas a la población o a empresarios especialmente en los períodos electorales.


    5.- La nueva fase de mundialización y la ideología neoliberal llegan a una América Latina con una economía históricamente desestructurada (no se realizó, por ejemplo, cuando resultaba obligatorio, una reforma agraria que lesionara el poder político y cultural de la oligarquía tradicional), dependiente de los mercados externos y por ello muy vulnerable a los vaivenes de la economía mundial, exportadora de productos primarios (petróleo, cobre, trigo, estaño, por ejemplo; hoy servicios) con poco valor agregado en relación con manufacturas y servicios (lo que genera intercambio desigual, acentúa la dependencia y tiende a bloquear la inversión pública debido a la penuria fiscal).

 

      En el caso mexicano, por ejemplo, solo un poco más del 30% del valor de sus exportaciones corresponde a valor agregado mexicano (tomo la información de El Financiero a inicios de noviembre de este año). La cifra puede llegar al 40% si el producto exportado va a Estados Unidos. Esto quiere decir que, por cada dólar exportado, 32 y 40 centavos, en cada caso, corresponden a México. La mayor parte va a otros, afuera. El circuito económico negativo se completa porque, en otro ejemplo, un bien exportable desde México solo contiene, en promedio, un 36-38% de piezas o materias primas mexicanas. El resto es importado. Si a México se le sometiera a un bloqueo o embargo económico como el sufrido por Cuba desde hace más de medio siglo, el desastre económico y social sería pavoroso. En breve, las economías latinoamericanas se han configurado con formas muy estratificadas de propiedad/apropiación que determinan su incapacidad para satisfacer las necesidades básicas de sectores significativos de su población. O sea, economías que producen discriminación/exclusión, opulencia para pocos, hambre y miseria para mayorías.

 

     Algunas cifras provenientes de la CEPAL: 167 millones de pobres y 66 millones en pobreza extrema, de una población que no llega  a 600 millones. O sea un 28% de promedio. La cifra no es tan mala. En un país como Paraguay pobreza y miseria se acercan al 50%. México comparte con Argentina, Cuba, Chile, Uruguay y Venezuela un número “bueno”: la población que sufre hambre es menor al 5%. Nosotros no somos pobres: producimos empobrecidos y opulentos o ahítos, que es distinto. Entre nosotros el 10% de los poderosos/opulentos tiene un ingreso per cápita 17 veces mayor que el 40% más pobre. Hemos mejorado. A inicios de este siglo la distancia era de 20 veces. También puede ser que tengamos como referencia última la distribución de riqueza en Estados Unidos de Norteamérica. Allí el 1% de poderosos/opulentos se apropia del 40% de la riqueza. Y un 80% que no pertenece a ese grupo recibe un 7%. EUA, según Forbes, cuenta hoy con 426 multimillonarios. México y Chile con 15 y 14 respectivamente. Es un tipo de capitalismo. Finlandia, conocida por la calidad de su educación, universalmente gratuita, solo un multimillonario. Otro tipo de capitalismo.


    6.- En el campo político, América Latina se abre a la mundialización y a la ideología neoliberal sin cambiar su estructura peculiar: Estado en manos de minorías codiciosas, clientelar y patrimonialista (se usa para acrecentar riquezas de particulares), regímenes democráticos falsos (sin ciudadanía efectiva, sin partidos ideológicos permanentes, sin efectivo Estado de derecho, con líderes personalistas o caudillistas, “señoriales”, nepóticos).

 

     Desde un dominio oligárquico tradicional, que nos viene desde la Colonia, se transita en el siglo XX a un dominio que articula sectores medios privilegiados (se han autotransferido poder) con sectores oligárquicos tradicionales para asentar en esta última etapa una dominación neo-oligárquica en la que concurren sectores empresariales, la oligarquía tradicional, un grupo tecnocrático privado y público (usualmente es el grupo más pétreamente neoliberal) y, en los países menos afortunados, el ejército. Tiene, asimismo, bendiciones clericales.

 

     Estos grupos utilizan el Estado y el gobierno, y con ellos las políticas públicas, para su beneficio particular y, en menos medida, para sus clientelas empresariales internas y corporaciones transnacionales o con asiento en EUA. Los perjudicados por el ‘modelo’ en curso son los sectores a los que se les dificulta acceder a los mercados básicos (empleo, comida, vestido, habitación), en especial jóvenes y mujeres jóvenes, los empobrecidos rurales, las capas medias que no logran ser incorporadas como clientelas… y la Naturaleza expuesta a un modelo global expropiador y devastador (como se sabe, América Latina es particularmente rica en recursos naturales (agua, por ejemplo)… “lástima que está habitada por latinoamericanos”) y amplios sectores de asalariados que no logran ubicarse en el reducido sector “dinámico” de la economía (exportaciones, cierto tipo de servicios). El ‘modelo’ económico-social y político-cultural, determinado por el crecimiento económico, es abiertamente antipopular, antitrabajadores, antiindígenas, antijóvenes, anticiudadano (en su alcance republicano), anticampesino. Mantiene, refuerza y reinventa sus caracteres patriarcales, clericales, expropiadores  y excluyentes. No son buenas noticias.  En algunos países el narcotráfico acentúa, no crea, la violencia del  modelo.


    7.- En el período se han abierto paso algunas experiencias (pocas y focalizadas) que intentan seguir un camino distinto, principalmente Bolivia y Venezuela, en menor medida Ecuador, pero de ellas no se hablará aquí por razones de tiempo y oportunidad. También existen dos esfuerzos algo diferentes de articulación económica de la región. Uno tiene una trayectoria más larga, el Mercosur  (1985-1991)y el otro es más reciente, la Alianza del Pacífico (2011). El primero, donde están Brasil y Argentina, es más cauteloso respecto de la mundialización en curso. El segundo, donde está Chile, adhiere con más entusiasmo a la apertura y al eficientismo o competividad versión latinoamericana. Por desgracia para ustedes, México se incorporó a la Alianza del Pacífico. Pero ninguna de las dos ha sido pensada para un directo beneficio popular.


          Diálogo


      Carmen.- El título del afiche con que convocó a este encuentro decía “Estado y nueva colonización”. Pero no se ha tocado este punto. ¿A qué se debe?

    HG.- No se le ha tocado directamente, es cierto. La explicación es mala pero sencilla. Me enteré fuera de tiempo del título de la convocatoria y también de una inquietud que existía en el seno de algunas de las organizaciones que convocan. ‘Fuera de tiempo’ quiere decir anoche, ya tarde. Seguro no leí algún correo de los que se me envió. Entonces ignoraba el título que figuraba en el afiche y también la inquietud. Esta última era la siguiente: si el Estado nos ignora, si no incidimos en sus actitudes y políticas… trabajemos sin tomarlo en cuenta. Hemos discutido que ese tipo de resolución no es factible. El Estado se expresa en lo político (tramas constitutivas) y en la política (escenarios políticos con eje estatal) y no existe manera humana de eludirlo. El Estado está involucrado incluso en la desaparición del unicornio extraviado por Silvio Rodríguez.

    Dentro del anarquismo se planteó la idea de abolir el Estado. Es decir, todos los males que afectan a la libertad humana provendrían de él, por lo tanto hay que cancelarlo por decreto. El libertarismo capitalista (Robert Nozick) se acerca a este planteamiento. Pero hemos dicho que el Estado existe no solo como coacción (exterior, como Batman), sino también como subjetividad, bajo la forma de identificaciones inerciales. Entonces no se puede abolir por decreto, esto es por un acto de la mera voluntad. El socialismo de inspiración marxista original (Marx/Engels) habló de extinción del Estado. Pero en mi opinión, que no es para nada la mayoritaria, este discurso se refería al carácter de clase de los Estados existentes en Europa y sus prolongaciones. Lo que se extingue es este carácter de clase, no el Estado. Este puede ser imaginado con otro carácter: no por encima de la sociedad (Batman), sino con la sociedad. No como instrumento de dominación, sino de servicio. No como aparato jurídico independiente y profesional, sino árbitro casuístico de conflictos y delitos. Quiere decir que no existiría legislación general, abstracta y por encima de la sociedad, sino casos conflictivos que serían resueltos por ciudadanos no especialistas. Esto en sociedades que han superado la dominación de clases. En todo caso no es algo que exista o hacia lo que se haya avanzado nunca.

    Corrientes anarquistas hablaron de la inmediata abolición del Estado a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El anarquismo posee muchas vertientes y una de sus prolongaciones, el socialismo libertario (máxima libertad para los individuos, mínima o ninguna concentración de poder y autoridad en sus comunidades) podría considerarse a favor de esta idea/imagen. Se trata sin embargo de un pensamiento muy minoritario de modo que, con independencia del valor de sus tesis, no logra materializar significativamente su propuesta.

    Lo que queda es que Estado y clases sociales y otras conflictividades, existirán para todos nosotros en nuestras existencias. No resulta factible ignorarlos, no podemos hacer una existencia paralela a ellos, tampoco abolirlos, ni se extinguirán por sí mismas. Esto último porque las dominaciones no son solo materiales sino también culturales y se prolongarán aunque algunos aspectos centrales que sostienen a las dominaciones acepten un cambio radical (la propiedad y apropiación económicas, por ejemplo). Entonces me interesó acercarme más a este punto, el del Estado como maquinaria, porque estimé que sería positivo acercarse a una discusión respecto de que debemos tomar en cuenta al Estado y no introducir una discusión acerca de las posibilidades de moverse fuera de él.  El asunto se parece al del comercio justo o a las cooperativas tratando de ignorar al mercado. No es sencillo porque el mercado, de manera semejante al Estado, es factor cultural (hace parte de sensibilidades mayoritarias). Estado y mercado no son solo maquinarias. Los papeles de inicio de discusión, además, no podían exceder las dos cuartillas. Ustedes los han visto. Entonces, y ya cerca de la medianoche de anoche, había que escoger.

    Pero el título del encuentro es muy bueno. Y nos hemos acercado a él, aunque sin mencionarlo. Lo cito otra vez: “Estado y nueva colonización”. Tuvimos una colonización: la ibérica. Terminó en guerras civiles (siglo XIX) en las que los triunfadores (criollos) mantuvieron las opresiones y sujeciones de los antiguos amos sobre los sectores populares. Esas guerras civiles no tuvieron contenido político popular, aunque sectores socialmente populares lucharon a favor de los criollos. Otros lo hicieron a favor de los chapetones o gachupines, españoles realistas. Entonces, cultural y políticamente, después de estas guerras civiles, algunas de nuestras gentes, los discriminados y explotados, siguieron siendo colonias y colonizados internos. José Martí a finales del siglo XIX hablaba (y trató de organizar) de una “efectiva guerra de independencia” que tendría carácter popular. Es decir, sería portadora de una espiritualidad de raíces. Murió en el intento de avanzar en esa guerra. Su muerte no tuvo un alcance catalizador.

    Pero a las tramas coloniales “internas”: dominación oligárquica-criolla, primero, oligárquica-criolla mestiza renovada (sectores medios y militares) después, oligárquica-criolla-mestiza-tecnocrática ahora, se le articuló ya en el siglo XIX, la geopolítica y el capital imperial. Inglaterra, Estados Unidos principalmente. Los mexicanos “cedieron”, tras una guerra, más de la mitad de su territorio a su vecino del norte. El imperialismo expropia no solo a través de la guerra. Lo hace asimismo por medio del comercio, del tráfico cultural, exportando su sensibilidad. La guerra en que a ustedes les robaron su territorio terminó en 1848 cuando EUA todavía no era la cabeza del imperialismo capitalista. De estas concurrencias de colonialismos es que América Latina, sus pueblos, expresen una una historia de sometimientos que favorecen los dominios/imperios señoriales, oligárquicos y neoligárquicos y les conceden, subjetivamente, incluso carácter sagrado. En América son los ‘señores’ los que han realizado y realizan “buenos negocios”, solo que ahora se enfatizado el “buenos negocios compartidos” pero con las corporaciones extranjeras. Son negocios que no favorecen a los pueblos, a los jóvenes, a los sectores rurales, etcétera. Una imagen: ante estos buenos negocios que concentran riqueza, poder y status… muchos de nuestros sectores populares, sobre quienes cae y recae la pobreza, la impotencia y la insignificancia, profieren “… es la voluntad de Dios”. “Estará de Dios”. Este Dios ‘nuestro’ contiene gulas colonizadoras.

    De todas formas somos, a nuestra manera, que no es nuestra porque no nos podemos apropiar de ella, “capitalistas”. Y el mundo es-se-comporta “capitalista”. Entonces también nos toca la colonización mercantil, la sujeción a la forma-mercancía. Las mercancías no requieren disparar balazos de ningún tipo, ni robar territorio alguno. Solamente se apoderan de nuestros corazones, de nuestros sentimientos, de nuestro imaginario. Un niño de tres años dice a su mamá: “Mamá, cómprame ese camión”. Ha asumido el mercado como parte de sí mismo, de su identidad. Debería decir: “Quiero ese camión”, caminar hacia él y tomarlo. Y llorar/gritar si no se lo dejan. Si no llora y lo lleva a la cajera para que se lo facturen, está perdido (esto es broma). Las mercancías, al parecer simplemente, pero de una manera compleja, se apoderan de la que creemos es nuestra subjetividad, de nuestro corazón, de nuestra espiritualidad, (que deja de ser nuestra y pasa a ser de ellas, del mercado). Otra colonización. Otra dependencia. Otra sujeción.

    El Foro Social Mundial (ese happening) suele hablar de una Segunda Independencia. Pero no remite a Martí, ni a la Revolución Cubana. Habría que hablar de “independencias”, en plural. Independizarse de todo aquello que históricamente está en la raíz de nuestros coloniajes o dependencias, sumisiones. Coloniajes, dependencias, sumisiones son producciones sociales. Para empezar, superación de la codicia del oro y de los cristianismos falsos que nos trajeron los ibéricos y después otras misiones. Para seguir, superación de las institucionalizaciones señoriales y neo señoriales. Liquidación de lo que en nosotros da fuerza al imperialismo yanqui y del capital. Ustedes dirán cómo se empieza aquí, si es que se empieza.

    Entonces la referencia a una nueva colonización (portada por la mundialización en curso: mirar el mundo (espectadores), consumir el mundo (espectáculo), neocolonización contra la que debemos luchar porque no se irá sola, resulta magnífica, excelente. Pero “Estado y nueva colonización” también nos recuerda que debemos superar nuestras anteriores y ancestrales colonizaciones. Las que se derivan, por ejemplo, de religiosidades que menosprecian y rebajan a los seres humanos. O de posicionamientos ‘culturales’ que disminuyen o niegan a mujeres y niños e indígenas. En América Latina concurren múltiples colonizaciones que humillan a nuestros pueblos. Ellas suelen hacer parte de nuestras identificaciones inerciales y de nuestra “cultura” o espiritualidad. Ustedes dirán cómo le hacen a la lucha que anunció el título de este encuentro.


     Carmen.- Qué bueno que usted lo haya enfocado así. Pero quedo abrumada.


    HG.- Por unos segundos o instantes. Pero luego retornará a su empeño de liberación personal y social y se entusiasmará todavía más con lo que hace. Y trazará camino.

  


         Javier.- En el panorama dibujado, ¿cuál viene siendo el papel de los Estados en América Latina?

 

    HG.- Quizás muy al pasar, se ha señalado. Voy a reiterar puntos. Pues, desde el punto de vista de los conceptos, el antiguo Estado nacional, que se desplegó desde la década de los cuarenta del siglo pasado, que es al que se canta en las fiestas patrias, con independencia de sus caracteres específicos en cada país, tiende a dejar de comportarse como un Estado interesado en el desarrollo del país y facilita que el crecimiento económico se siga principalmente de la acción de los inversionistas privados. Como no los hay internamente, o son insuficientes o no desean arriesgar su riqueza, se busca atraer inversiones extranjeras. Adiós petróleo nacional, adiós telecomunicaciones nacionales, adiós maíz y tortillas. Hasta los jugadores de fútbol se marchan adonde está la plata verdadera.

     Se reserva al Estado el papel de garante de la seguridad jurídica de los inversionistas, lo que incluye resguardar los derechos de la propiedad intelectual y ceder parte de la soberanía a circuitos judiciales internacionales que resuelven conflictos eventuales. Para ello el Estado firma acuerdos de Libre Comercio.

     En cuanto garante de la seguridad jurídica, el papel del Estado pasa a ser el de un policía menor inserto en lo que he llamado antes una constelación internacional y transnacional de fuerzas. La seguridad jurídica que se otorga al capital y a sus personificaciones no se extiende a los trabajadores a los que se debe aplicar políticas de flexibilidad laboral (se traduce como inseguridad para conseguir empleo y mantenerlo. También su salario ha de resultar ‘flexible’. Es una demanda de la lógica del capital).

     México deja de ser  un país y se transforma en puntos territoriales de inversión privilegiada, o sea en puntos que interesan al gran capital. El resultado es zonas que “prosperan” para los dueños del capital y zonas “que se abandonan” porque hoy carecen de sex appeal para la inversión.. Ya en la práctica, en la situación latinoamericana, muchos Estados deben conciliar los aspectos anteriores con su carácter patrimonial y clientelista que es lo que garantiza a sus dirigentes y partidos dominantes mantenerse a la cabeza de la administración pública entendida ésta como la realización de buenos negocios compartidos. Sin embargo, aquí se da un  conflicto entre poderosos. El capital mundial o global no desea se le haga trampas. Y por lo tanto la corrupción y venalidad en la función pública son investigadas y eventualmente castigadas. Digamos el PRI de antes hoy tropieza con presiones internacionales que antes no tenía. Pero esto no favorece para nada a los ciudadanos de a pie. Al menos no en el corto plazo.

    Ya en este siglo se han añadido nuevas tensiones al “modelo”. Comienza a entenderse que sin políticas públicas que garanticen educación de calidad (este giro puede ser llenado de muy diversas maneras) y salud básica a la población, los “buenos negocios compartidos”, ligados con la inversión privada, en el largo plazo económico se presentarán menos o no se presentarán del todo (excepto en materias primas fundamentales como el petróleo, la construcción de infraestructura o en el área de servicios especializados). Pareciera que se debe invertir en la gente, de todas maneras. Pero una forma de hacerlo es obligarla a endeudarse de por vida para alcanzar educación y salud o casa. De este modo se les ata a un sistema que no está pensado para atender requerimientos de la población de a pie. En cualquier asunto, los aspectos “favorables” de la acción del Estado actual provienen siempre desde “arriba”, nunca desde las necesidades y aspiraciones sentidas por la población o la ciudadanía. Abrirse a estas últimas demandas es “populismo”. La expresión “populismo” se emplea hoy para anatematizar toda política que provenga ‘desde abajo’ (Jesús de Nazaret sería ‘populista’ en este sentido) o que viniendo en parte o mucho ‘desde arriba’ pareciera orientada a favorecer a los de abajo. En el siglo XXI “populismo” se liga con aberración, pecado mortal, insensatez absoluta, demagogia. Por eso se llama “populista” a la experiencia venezolana iniciada por Hugo Chávez y proseguida hoy por Nicolás Maduro. Pero también es “populista” la administración de Evo Morales. Y la “tentación” populista puede acaecerle incluso al PRI y al señor Presidente Enrique Peña. El populismo es un demonio que acecha en todo momento y en todas partes. Hay que exorcizarlo o fumigarlo. Las luchas que ustedes dan por territorio y educación sin duda pueden ser valoradas “populistas”. Paulo Freire fue un energúmeno populista. Igual las comunidades eclesiales de base que se movían con independencia de la voluntad del obispo respectivo. En términos político-ideológicos hoy en América Latina resulta más peligroso un luchador “populista” que un capo del narco.

     Realicemos todavía un último alcance. Una economía como la alemana o la estadounidense (que son sociedades de 2/3) se mueve por los deseos de la población mayoritaria. No es que no existan pobres, pero un sector mayoritario de la población (2/3) tiene satisfechas sus necesidades básicas (educación, salud, casa, vestido, comida; no se consideran aquí reconocimiento y acompañamiento como necesidades básicas. Éstas podrían faltarles, pero pueden pagar por ellas, de manera semejante a lo que hacen con las anteriores). Las economías latinoamericanas atienden poblaciones cuya mayoría no ha resuelto sus necesidades básicas. No las resuelve del todo o las resuelve precariamente. Pero el modelo se vende como si fuéramos economías de deseos, no de necesidades básicas insatisfechas. El Estado mira para otro lado, como si esta pretensión no nos hiciera una feroz violencia. Un país centroamericano, Honduras, tiene hoy el prestigio macabro de ser el país más inseguro del mundo. Más inseguro que Siria. Y ustedes, México, han sido catalogados, en algún momento, como Estado fallido. Pero es que el Estado, en esta fase, desatiende las necesidades urgentes de la población para atender principalmente solo los requerimientos de la acumulación mundial. La ideología neoliberal tiene un buen chiste para aconsejar paciencia a la población que sufre. El crecimiento económico constante en algún momento provocará un derrame o chorreo o goteo de riqueza que caerá sobre las cabezas de los pobres. Es cosa de esperar el derrame. Por supuesto ese ‘goteo’ no se ha producido nunca en ninguna parte. Así como de concentrada es la propiedad, así es de concentrada la apropiación.

 

    Marta.- Pareciera que vamos fregados con este modelo.

    HG.- Yo creo que usted ya ha aprendido eso en su trabajo. Si él no incide significativamente, no se le hace caso. Si llegar a incidir, se mueven fuerzas poderosas contra usted y sus gentes y proyectos o resistencias. Les recuerdo que incidir en contra de la lógica de los buenos negocios globales para beneficio de pocos se paga, en último término, con la intervención de la OTAN. Visto así, su trabajo debe incluir la construcción de un escudo contra la OTAN. La suerte del poder en el mundo se juega hoy en cada pequeño trabajo. Aunque ustedes no lo sepan, su testimonio es hoy importante. El desafío es cómo hacer que trascienda y acumule.
   
    Martín.- ¿El obispo Méndez Arceo fue populista?

    HG.- Usted tal vez es muy joven para recordarlo. Fue comunista. El “obispo rojo” creo le llamaban. Él vivió en el tiempo de la Guerra Fría y en ese tiempo “populista”, que quería decir otra cosa, se ligaba con “comunista”. Hoy no hay comunistas sino “terroristas”. Luego “populista” se vincula con terrorista. Como se sabe, Hugo Chávez era amigo de Irán, o sea del terrorismo. En vida del obispo Sergio Méndez Arceo (1907-1992) la expresión “populismo” tuvo, para algunos, alcance positivo. Remitía a alguna forma de desarrollo nacional con inclusión ‘de masas’. Si hay ‘masas’ existe un líder que las guía. Para México la experiencia populista de entonces la protagonizó Lázaro Cárdenas (1895-1970). Al obispo Méndez Arceo le correspondió vivir en interlocución con el cardenismo, la Revolución Cubana, el Concilio Vaticano II, Pablo Freire y la Teología latinoamericana de la liberación, por hacer cinco referencias. En ese tiempo “populismo” quería decir otra cosa. Ah, y desde luego el obispo Méndez Arceo no fue comunista, sino que con su desempeño quiso testimoniar su fe cristiana.


     Carmen
.- En varias ocasiones este mañana usted ha reemplazado globalización por 'mundialización'. ¿Existe alguna razón especial para utilizar aceptar el segundo término y rechazar el primero?

 

     HG.- Sí, existe. Globalización fue popularizado por el periodismo ideologizado y que funciona sin pensar y para que la gente, o sea los públicos y consumidores, tampoco piense. Globalización deja en castellano la impresión de un planeta-globo. En el interior de un globo todos los puntos son intercambiables, de modo que resultan iguales u homogéneos. Ahora, eso es exactamente lo que la globalización en curso no hace. En el interior de un globo tampoco existen conflictos. Para un globo homogéneo el conflicto siempre viene de fuera del globo. Un alfiler, por ejemplo. El alfiler o el terrorismo no son parte del globo. Son 'exteriores' a él. Pero usted ve cómo se multiplican las guerras y otras disfuncionalidades, como las poblaciones migrantes no deseadas y los desafíos del ambiente natural, por citar dos. Guerras y emigrantes no deseados están dentro del globo. No le son 'exteriores'. Por eso prefiero utilizar la expresión 'mundialización', tomada del habla francesa. En un mundo hay 'orden', pero también 'desorden' o violencia, según se ha señalado aquí varias veces. Y esto porque en los órdenes humanos siempre han existido lógicas sistémicas de dominación. Entonces, lo que es orden para algunos resulta violencia y guerra para otros.

 

 

        ALGUNA PALABRA SOBRE EL ESTADO (segunda conversación)

    1- En lo que aquí interesa, el Estado no es un término o un concepto, sino una maquinaria. Esto quiere decir que lo vemos como resultado de procesos que se decantan en instituciones que permiten/niegan acciones sociales e individuales. En el inicio de las sociedades modernas el Estado fue una maquinaria nacional. Hoy es una maquinaria compleja que forma parte de una constelación transnacional e internacional (geopolítica) de poder. Esto no hace desaparecer el funcionamiento nacional del Estado mexicano, por ejemplo, sino que lo redetermina para tornarlo eficaz en relación con los procesos de mundialización en curso. La maquinaria en que consiste el Estado mexicano tiene, por lo tanto, al menos un frente “externo” y otro “interno”. No son dos ámbitos separados sino dos aspectos o vínculos de una misma maquinaria. El asunto compromete formas y contenidos de las relaciones entre dominadores y dominados, asunto central de la maquinaria estatal,  y el alcance/sentido de las lógicas de imperio y de sus instituciones e institucionalizaciones (legitimaciones de los imperios y sujeciones) que es de lo que se ocupa el Estado.

    2.- Como todas las cosas humanas, el Estado es una producción socio-histórica. Se constituye mediante relaciones de fuerza. Las relaciones de fuerza a su vez se afirman o confirman mediante la violencia material (guerra, sometimiento externo) y cultural (producción de subjetividades e identificaciones: nacionales, generacionales, de sexo-género, de grupos sociales, jurídicas o legales, institucionales, etcétera). En todo momento la maquinaria de un Estado designa a ganadores y perdedores y las relaciones que deben darse entre ellos. Por ejemplo, el Estado mexicano condensa y expresa el triunfo de los grandes propietarios (agrarios, comerciales, industriales, de información, etcétera) sobre quienes carecen de propiedad y sobre los pequeños propietarios rurales y urbanos. También condensa un triunfo de los machos sobre las hembras. Y de la empresa agraria, tradicional o moderna, "blanca", sobre las comunidades y etnias originarias (pueblos profundos o indígenas).

    3.- El Estado-maquinaria-moderno se tornó necesario para desplazar al Dios-rey previo y a los vasallos y gremios, también a los curas, que obstaculizaban el flujo del comercio (incluyendo el del dinero) y la acumulación inicial de capital. Quien antes tenía poder sobre el carácter de la vida y la muerte humana era el Dios-rey (o el señor, también el cardenal o el Papa). La contraparte del Dios-rey eran los distintos tipos y órdenes de vasallos. Este poder del Rey-dios se transfiere al Estado moderno: ahora su contraparte humana son los ciudadanos (libres e 'iguales'); la forma política de gobierno más elogiada en relación con estos ciudadanos es el régimen democrático de gobierno sin contenido republicano. Su base económica es la acumulación de capital. Su organización socio-cultural (constitución y reproducción socio-cultural) comprende varias dominaciones articuladas, o sea que tienden a configurar un sistema. La lógica de acumulación de capital, tal como ella se expresa en los diversos mercados, determina el carácter de la existencia (vida y muerte) de los seres humanos y, más recientemente, de la Naturaleza. La ‘divinidad’ del capital hace del Estado moderno una maquinaria totalitaria. Quiere decir que es omnipresente en todas las formas de la existencia social y que no admite alternativa en su sentido fuerte. En la ideología, este Estado contiene y ejecuta el final (sentido consumado) de la Historia.

    4.- Para su dominación subjetiva (además del impacto del régimen universal de circulación mercantil) el Estado moderno se dota de un aparato jurídico (coactivo, determina lo que es debido, es decir legalmente vinculante), establece un sistema de contrapesos en su interior (división de poderes vinculados a una lógica totalitaria, distribuye ‘derechos humanos’ y genera lugares sociales –de mujer, de indígena, de joven, etcétera— en los que se configuran identificaciones inerciales), contrapesos hoy cada día más débiles en beneficio de intereses materiales monopolizados por quienes han ganado o van ganando la guerra.

 

     En el mismo movimiento totalitario, el Estado instrumentaliza los medios de comunicación, genera y multiplica aparatos clericales (donde alguna vez pudo haber iglesias), hace de la realidad un espectáculo permanente (fútbol hoy en día, pero puede ser la guerra) y, desde luego, la constelación internacional y transnacional de poder, en la que ocupa un lugar no preferencial la maquinaria del Estado mexicano, y se reserva el monopolio de la guerra culturalmente legítima. Se la llama, siguiendo una tradición ‘filosófica’, “guerra justa”. Ominosamente el siglo XXI se abrió con la declaración de la legitimidad absoluta del terror de Estado (políticamente poderoso), es decir de la maquinaria mundial de poder sobre la vida y la muerte, sobre la existencia. El nombre de la declaratoria fue: “Guerra global preventiva contra el terrorismo”. Esta guerra contiene un frente abierto (la invasión de Afganistán, por ejemplo) y otro encubierto o secreto (el espionaje mundial, por ejemplo). La figura/exaltación del terrorismo muestra que el estado de cosas actual es frágil y abunda en recelos y temores y, sin contradicción, ha concentrado también la capacidad/poder que le permite destruir, hasta hoy, lo que considera le estorba.

 

    5.- De lo dicho se desprende que no resulta factible ignorar o eludir la maquinaria totalitaria del Estado moderno. Hacer un mundo aparte. Sí se la puede resistir y combatir. Ignorarla o generar un mundo paralelo a ella, no es factible, excepto como horizonte o meta procesual de una y muchas luchas. La forma de resistir/combatir la maquinaria totalitaria del Estado pasa por autotransferirse socialmente poder abandonando y transformando el carácter del poder autoritario (totalitario, excluyente suicida, etcétera) que se porta desde la asunción de identificaciones inerciales. Dicho someramente: transitar desde identificaciones inerciales de hembra o campesino o ciudadano a una producción de procesuales identidades efectivas de mujer con teoría de género, de luchador agrario sindicalizado o cooperativizado y de ciudadano republicano (es decir que desea incidir e incide orgánicamente en los emprendimientos colectivos). Son tres referencias a modo de ejemplo. Estas identidades efectivas se caracterizan por ser búsqueda siempre inconclusa y porque alteran el carácter del poder dominante y generalizado. Se gestan en el curso de una (o muchas) lucha/guerra, pero su meta no es ganar poder para dominar sino generar relaciones tales que el poder se transforme en servicio y no en dominación (sujeción). Estas relaciones constituyen sujetos sociales e individuales que participan de procesos creadores y libres. Producir humanidad situada y genérica, inclusiva, puede llamarse al sentido político/cultural de estas luchas/guerras sociales populares. Capacidad para reconocer, acompañar y dar-recibir-comunicar. Resistiendo lo que mina a estos caracteres y afirmándolos (testimoniándolos) todo el tiempo donde se puede y también donde no sea permitido. Se trata de luchar  con fiereza, tenacidad y sabiduría desde uno mismo (aunque no se tenga claro quién se es o qué se será) para que el ejemplo cunda. Es la voluntad inicial del proyecto zapatista (1994). Ese proceso ilustra, si se conoce y discute.
 

      Diálogo

 

          Leticia, Ernesto.- Se ha dicho aquí que el Estado condensa y articula lógicas de dominación y las institucionaliza. ¿Cuáles serían las principales de esta lógicas en la situación latinoamericana? ¿Como se podría combatirlas?

     HG.- Se indicó que las sociedades humanas se constituyen para sobrevivir y reproducirse biológicamente. Ambas tareas no pueden evitarse. Por eso trabajan y se dividen funciones (para ser más efectivos o por otras razones) y también ejercitan su sexualidad genital con el fin de procrear hijos (constituyen e institucionalizan familias). En estos dos movimientos básicos generan un lenguaje/habla y también un marco categorial (discernir, representar) y otro imaginario (emocionarse, desear) para estar-siendo en el mundo, con él o para él. Las lógicas de dominación aparecen tanto en la economía como en la sexualidad y el trato generacional. También lo que nace como existencia cotidiana (habla, trato diario, marco categorial y emocional difusos), se fragmenta y jerarquiza. Aparece lo que es común (general) y lo que es de pocos: el vínculo con lo sobrenatural (lo religioso, lo sagrado), por ejemplo. Pero también la propiedad sobre la tierra o sobre las mujeres, los hijos y los esclavos (familia). Todas las sociedades humanas se presentan bajo estos rasgos

     En el campo económico y sexual se gestan lógicas de dominación primarias: de clase y estrato, de superioridad y exclusividad genital y también de adultos sobre niños, jóvenes y ancianos. Las lógicas de dominación se expresan mediante la constitución de tramas sociales que en su conjunto, y mediadas por instituciones y patrones 'morales', esto último es lo socialmente debido, conforman un sistema social que ya puede ser leído como un sistema de dominación.    

     En las sociedades modernas usted encuentra clases con propiedad de medios de producción y otras sin esa propiedad. Dentro de los primeros hay estratos con mayor y menor poder: grandes propietarios, medianos propietarios, pequeños propietarios, pequeños posesionarios no-propietarios, por ejemplo. Dentro de los no-propietarios también se dan segmentos: posesionarios y no posesionarios. Y dentro de estos últimos, distintos tipos de asalariados. Los distintos posicionamientos dentro de estas diferencias se fijan por contrato. Estos contratos forman parte del subsistema jurídico. Cada individuo dentro de cada grupo se ve desde uno o muchos contratos y también se ve en relación con el mercado. Es decir, sus marcos categorial e imaginario en la sociedad moderna están determinados por la ideología jurídica y la circulación de mercancías. La sociedad lo ha producido imaginariamente como individuo (condición jurídica) y libre (para elegir en los mercados). Por eso los novios eligen a sus novias y las novias eligen a sus novios. Por supuesto esa libertad es aparente. Quien posee medios de producción puede entregarle carácter a los procesos de trabajo. Incluso puede delegar esa función... pero sigue siendo quien determina el carácter de la producción/apropiación. Da también su carácter al Estado. Lo mismo vale para las relaciones de sexo-género. Etcétera. El problema entonces no es el Estado, sino el carácter del poder que contiene.

     Entrelazada con las determinaciones económicas, como hemos dicho, están las sexuales. La dominación aquí es de sexo-género y generacional. Los sectores dominados son mujeres, niños y jóvenes, ancianos. Los dominantes, varones adultos patriarcales. En la constitución de la dominación patriarcal concurren imaginarios religiosos y morales (también sancionados jurídicamente) porque la sexualidad toca fibras íntimas de las personas. Tampoco es algo que se pueda evitar. Pero para un opulento su dinero también es algo personal/íntimo, forma parte de su subjetividad o identidad. Para un empobrecido mujer e hijos pueden ser lo único que él considera de su propiedad personal. En especial la mujer. El punto puede ser factor de femicidios. Creo que aquí puede verse más claramente que en las dominaciones económicas el factor cultural (representaciones, imaginarios) concurriendo en la dominación sistémica. Es un error apreciar un femicidio solo como caso. Es también una señal del sistema.

     Un tercer campo de conflictos y dominaciones se relaciona con los asentamientos humanos o territorios. Es el conflicto entre ciudad y campo. En las sociedades modernas lo citadino impera sobre lo rural y la capital sobre las provincias o sobre los estados regionales. En este grupo casi se produjo una discusión airada porque a un chilango le resulta duro asumir que una parte de la riqueza de los estados es transferida a la Capital Federal y que los problemas del transporte en la Capital, por ejemplo, pueden ser más graves en estados determinados, pero hay que tragarse que no exista financiamiento para resolverlos porque los habitantes de la Capital tienen privilegios que los estados no pueden disputar. Por eso se habla de los "chilangos" con sentimientos normalmente negativos. Y los chilangos hablan de sí mismos como "chilangos" con soberbia y desdén. Aquí pueden apreciarse asimismo espiritualidades o sensibilidades encontradas y conflictivas. Constituyen señales del sistema de dominación.

 

    Se debe al menos mencionar también la separación/dominación geopolítica. Existen Estados poderosos, con poder mundial (hoy existe solo uno), y Estados poderosos pero con poder regional. Y también Estados que carecen de poder. Se muestra un panorama simplificado. Se utiliza aquí "poder" como la capacidad de un Estado para hacer que otro Estado haga lo que el primero desea que haga.... bajo amenaza de castigo o destrucción. Visto fuera de la dimensión geopolítica, el poder es más complejo y no se reduce al juego zanahoria/garrote.    

    Lo que más interesa aquí es que las lógicas de dominación: económico-sociales, de sexo-género, generacionales, ciudad-campo y geopolíticas, que son las que hemos mencionado, se articulan configurando un sistema de dominación. El Estado es expresión de ese sistema.

    Por lo tanto el combate contra las dominaciones (que a gran parte de la población le parecen "naturales") remite a situaciones específicas (nunca son casos, sino momentos de procesos) y también a tendencias del sistema y al sistema mismo. Como el sistema no puede verse con los ojos de la cara (tampoco las instituciones), hay que pensarlo. Dicho de una manera ridícula: para combatir hay que estar produciendo teoría social-situada. Ella debe comprometer identidades sociales. Hablo entonces de una transformación de los marcos categoriales e imaginarios vigentes como requisito de la lucha social. En otro momento hablamos de una distinta espiritualidad. O de una espiritualidad alternativa en sentido fuerte. Por ahí iría el camino.

  

    Germán.- Asumo que la indicación básica sobre el Estado sobre el Estado como maquinaria de guerra no constituye una metáfora, sino que designa una realidad. Existiría una guerra material y una simbólico-cultural. Con sus frentes, uno internacional, hoy operando por ejemplo en Siria o ayer en la “primavera árabe” o en la permanente agresión contra la experiencia venezolana. Otra interna, político-social, entre capital y fuerza de trabajo o sus personificaciones, o entre “razas” buenas y malas. ¿Es eso así? ¿Cómo funciona aquí la declaratoria de “guerra global preventiva contra el terrorismo?

    HG.- Tal vez convenga comenzar por el final. La “guerra global preventiva contra el terrorismo” forma parte de la mentalidad moderna, de sus arquetipos. Su fundamento lo expuso John Locke en el siglo XVII y lo ligó con su planteamiento sobre el valor-trabajo. El escrito es el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Como empieza a notarse, Locke vincula estrechamente economía con orden político y con integración personal (comportamiento moral). También con “cultura”. Su idea es ésta. Como los valores de uso y cambio se siguen del trabajo/cuerpo humano, son extensiones de éste, o sea partes de su cuerpo. Si se lesiona la riqueza que proviene del trabajo, se atenta contra la existencia biológica de su propietario. La “fiera” o “animal” que ha atentado contra la propiedad individual se ha puesto fuera de la especie humana y merece por ello la pena capital. Se la puede aplicar el propietario ofendido o cualquier miembro de la especie que tenga poder para ello. Con mayor razón, y como su obligación, el “gobierno civil” que es el nombre que Locke da al Estado. Quien agrede, práctica o imaginariamente, la propiedad individual, es una no-persona. Esto quiere decir que basta la intención de agredir (desear el bien ajeno), no es necesaria la acción de agredir, exitosa o frustrada. Quien intenta agredir, debe ser liquidado. Se trata de un deber moral. Quien no lo cumple, será interrogado por Dios al respecto.

    La guerra global preventiva cumple con todos los puntos del imaginario de Locke. El Estado que practica el terror de Estado determina unilateralmente qué es terrorismo (o sea qué constituye amenaza para la gran propiedad capitalista o el poder que la sostiene) y define quiénes son terroristas y los castiga implacablemente haciendo a un lado el derecho internacional y derechos humanos. Constituye cárceles secretas, viola derechos humanos, mata con aviones no tripulados a población cuyo delito es estar cerca de los “terroristas” y asesina sin juicio previo al ‘terrorista’ que lo es no necesariamente por lo que ha hecho, sino porque se sospecha lo que hará o podría hacer. Estados Unidos (y con él la OTAN) no es el único poder que practica la guerra global preventiva contra el terrorismo. Con sus limitaciones (EUA y la OTAN pueden golpear en cualquier parte del mundo), Rusia aplica esta guerra contra chechenos, por ejemplo. Israel contra quien le parezca. El Reino Unido y Francia son devotos admiradores de sus tesis. Desde el poder se puede determinar como “terrorista” a quien se desee. El gobierno sirio declara que sus enemigos son “terroristas”. En Costa Rica una señora que hoy es candidata a una vicepresidencia de la República, connotó a los sindicalistas locales como “terroristas pasivos”. Un ejecutivo del mismo país tilda a los mismos sindicalistas de "escoria" social. Son basura. Se trata, cada una de las cuestiones en su nivel, de la legitimación del terror de Estado en esta primera parte del siglo XXI. Digámoslo sencillo: quien es sospechoso de terrorismo o incluso quien comete acciones terroristas… debe tener un juicio justo. Excepto que resista con violencia letal su detención. La guerra global preventiva contra el terrorismo hace retroceder las relaciones internacionales a antes de la Primera Guerra Mundial. Es decir repone la tesis de que el Gorila Más Fuerte y con el Garrote Más Grande puede hacer lo que se le antoja. En este sentido, Naciones Unidas hoy está muerta. El poder de destruir/matar unilateralmente a quien se desee o de alcanzar metas (poderío, petróleo, cercar a los rivales, etcétera) mediante la fuerza vuelve a formar parte hoy de la “cultura” de las relaciones internacionales. Los Estados y poblaciones vulnerables (y ante algunos poderes vigentes hoy casi todos lo son) no deberían aceptarlo. Es un comentario sobre lo que usted ha llamado “frente internacional” del Estado y de éste como maquinaria de guerra..

    En cuanto a su criterio sobre el “frente interno”, que no está escindido del internacional, tal como lo previó Locke, estimo que su opinión es adecuada, solo que los medios de agresión se ocupan no necesariamente de la destrucción material, aunque puedan hacerlo, sino de la adhesión subjetiva (cultural) a la violencia autodestructiva. Esto forma parte de otro apartado.

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