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Universidad, N°1898

mayo 2011.

 

            Con motivo de los festejos y conmemoraciones estadounidenses por el asesinato de Osama bin-Laden en Pakistán, el presidente Obama, quien al final de su primer mandato ya será “de color” albino, quiso silabear una amenaza: “Cuando nosotros decimos que no olvidaremos nunca, va en serio”. Uno debería creerle, porque el hombre tiene poder suficiente como para que cualquier cosa que diga, se cumpla. Es  Emperador en un mundo terrorífico. Osama fue asesinado en su residencia familiar por un escuadrón de “nacidos para recontramatar” (Navy Seals, pero la alusión remite a Stanley Kubrick: Full Metal Jacket) dirigidos por Darth Vader y portadores de “Estrellas de la Muerte portátiles”. Portentos de la nanotecnología. Osama compartía con alguna de sus esposas, alguna de sus suegras, y niños de paternidad ignorada, tal vez sobrinos de Gadafi. La liquidación del presunto Osama se hizo sin informar al gobierno de Pakistán (socio de EUA en la guerra “contra el terrorismo”), lo que suena a violación de normas internacionales. Y en Costa Rica nos miman diciendo que los policías y militares estadounidenses que nos salvarán del narco ¡obedecerán a las autoridades policial-administrativas ticas! Achará Tijerino/Zamora/Laura.

    Retornando al dicho del rubio Obama sobre el Recuerdo Implacable que caracterizaría al pueblo gringo y a su gobierno, la primera duda aparece con los Navy Seals que troncharon a Osama. Se trata de militares obsesivamente condicionados para localizar y liquidar enemigos, pero esta fijación, centrada en sorpresa, rapidez y propósito, los transforma en proyectiles humanos, es decir en individuos y equipos arrojados brutalmente hacia delante, sin memoria. El memorión Obama utiliza armas humanas sin memoria para alcanzar sus fines. La memoria es un disvalor cuando se trata de liquidar a otros. Recordar podría traicionar al asesino al vincular a un chico que debe ser liquidado con su niñez en alguna escuela de Baxley. Quizás desperdiciaría un disparo y dejaría al niño solo tullido. Y el objetivo es eliminarlo como una basura.

    La cuestión de la memoria se extiende, tratándose de los Navy Seals, porque tampoco deben recordar lo perpetrado. La urgencia por golpear y destruir suele conducirlos a error y a aniquilar no a “inocentes”, como escribe la prensa, sino a quienes sin fortuna se encontraban a su paso. Cuando los Navy Seals son enviados a asesinar, nadie es inocente.

   Lo de los Seal Boys es un reto. Pero el principal problema del dicho de Obama el Al-Bino es que su propia memoria es o flaca o diestramente selectiva. Estuvo recién en Chile sin pedir excusas porque el Gobierno de Estados Unidos fue factor del golpe de Estado que en 1973 abrió un período de 17 años de represión en la que fueron destruidos muchos más seres humanos que los atribuibles al fundamentalismo islámico. Tampoco mostró pesar el memorión por la ayuda estadounidense que recibió el criminal Augusto “gadafi” Pinochet y su corte de tecnócratas y empresarios. Menos memoria enseñó cuando se detuvo en El Salvador y visitó la tumba del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado por la copia nativa y charraleada de los Seal Boys. El gobierno de Estados Unidos fue cómplice de los asesinos (oligarquía y neoligarquía salvadoreña), pero Obama no recuerda nada. ¡75 mil muertos en el país de Romero! Mudo, prendió una vela junto a la tumba del arzobispo. La llama no le despertó ni memoria ni lágrimas. Así, no suena tan cierto lo de la seriedad del recuerdo gringo. Tal vez ni Obama se lo crea.

   Se podría estimar que estas líneas se escriben a favor de Osama. No. Si es que el personaje existió y tramó lo que se le atribuye (11 de septiembre, EUA), se trató de un criminal y debió ser apresado y sometido a juicio, excepto que hubiera resistido el arresto con un poder de fuego que pusiera en peligro a sus captores. Es lo civilizado. Tal vez injusto, pero lo propio.

   En otro ángulo, el fundamentalismo islámico (que sí existe) es también una producción colonial y neocolonial occidental. Asesinar a Osama no lo extingue ni aminora. Un Occidente asesino avaricioso y neocolonial, crea Osamas. Es pugna entre criminales. El planeta no puede esperar seguridad cuando se anda por ahí, sin memoria pero con odio obsesivo, asesinando a los otros porque son “malos” aunque el espejo nos muestre cada mañana el rostro de Lord Voldemort: alto, pálido como un muerto, dos orificios en lugar de nariz, boca sin labios. Ah, y candidato albino cristiano.
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