Conversación frustrada,

Universidad Nacional, noviembre 2010.

 

     SOBRE UNA SOCIEDAD ERÓTICA DESDE AMÉRICA LATINA

    1.- La invitación ha sido para conversar sobre una sociedad erótica. Mi opinión es que no se trata de un tema ‘filosófico’ o sexual, sino político. Y que más que una ‘sociedad’ debemos referirnos a ella como una comunidad erótica. Y que puesto que conversamos de ella como una comunidad, el enfoque tendrá que centrarse algo o mucho sobre qué es lo que en América Latina perturba la producción de comunidades o de comunidad. Para efectos operativos, una ‘sociedad’ se diferencia de una ‘comunidad’ porque en la primera no existe un emprendimiento común ya que los intereses de los sectores sociales involucrados, o asociados, son antagónicos. Así, enriquecerse (propietarios) no es comparable con sobrevivir y malmorir (trabajadores asalariados y desempleados). Se trata de realidades cualitativamente distintas y enfrentadas. Si quiero enriquecerme o acumular, debo poner a otros en situación de sobrevivencia (dependencia). “Yo soy porque tú no eres” sentenciaría el lema. En las comunidades pueden existir intereses diversos, pero no antagónicos. El lema podría ser: “Si tú, indígena, no eres, yo, ladino, tampoco soy”. “Si tú, mujer, no eres, yo, varón, tampoco soy” Lo que hace ‘ser’, como matriz, es formar parte de un emprendimiento común (relacionamientos) en el cual se crece desde autonomías, integraciones y articulaciones. Con estas autonomías/integraciones se vincula lo erótico.

    2.- Quiero precisar algunos conceptos elementales sobre los posicionamientos de esta exposición de hoy. En términos básicos, la noción de ‘eros’, ‘erótica’, hace referencia a la atracción sexual y al deseo que ve en el amado/amada, o en lo amado, algo más que sus límites físicos o rasgos biológicos, es un deseo/búsqueda que los trasciende, que tantea en lo oculto, en el misterio, y que también trasciende el mero deseo del amante, eleva ese deseo esto buscado, explorado y también presentido/temido. Desde este punto de vista, lo erótico se acerca a la utopía. A la transgresión y a la utopía.

    Lo opuesto a lo erótico, plasmado en las líneas anteriores, es lo pornográfico. En lo pornográfico, la presencia espectacular, nítida, de la señal o el signo, el poderoso pene erecto, la vulva húmeda o chorreante, el sólido culo de la hembra en un primer plano, consume todo el sentido de los procesos (“aquí se trata de coger”) y, desde una postura tradicional, se supone obsceno. Las sociedades actuales son sociedades pornográficas organizadas y expuestas por medio de signos evidentes sin trascendencia, coactivas, limitantes, se podría llamarlas llamarse sociedades hiperempíricas. Pero al mismo tiempo, se exhiben como no obscenas, como ‘naturales, como el fin, en su doble alcance de acabamiento y finalidad, de la historia, como tramas de señales que se agotan en su utilidad inmediata, en su exposición, en su mera utilización. Las cosas no podrían ser de otra manera. En el mismo movimiento, estas tramas se organizan en función de mercancías, poseen propietarios privados y pueden ser transadas en los diversos mercados y sus jerarquías. Entregarse a los signos y señales, es decir a su espectáculo (lo que se ofrece a la vista y atrae sensorialmente transformándose en ese mismo proceso en sensibilidad, o sea en subjetividad) es todo el sentido de la existencia humana. Básicamente no debe ni puede cambiarse.

    La sociedad erótica, en cambio, puede sintetizarse en un lema/imagen que debo al artista y luchador social popular boliviano, Iván Nogales Bazán, quien se interesa y trabaja en la descolonización del cuerpo, asunto directamente ligado con una sociedad erótica en las condiciones latinoamericanas. Se refiere a sus hermanos bolivianos. Les propone dejar de ser como piedras y pasar a ser piedras que abrazan; dejar de ser piedras que abrazan y ser abrazos; y que estos abrazos condensen gratificaciones, resistencias y luchas.

    La sociedad erótica es, entonces, una comunidad/proyecto habitado por personas que se desean libidinalmente liberadas y construyen/proponen (testimonian) las acciones e instituciones para alcanzar esta finalidad (que no fin en tanto que, como  búsqueda, nunca termina). En el sentido propuesto por Bazán Nogales, descolonizar los cuerpos para retornarle al alma su polimorfa capacidad de gratuita creación erótica. Insisto: no se trata de una sociedad, en realidad, sino de una comunidad que apuesta a quererse a sí misma y ofrece ese amor a otros porque es búsqueda personal y comunitaria.

    3.-  La charla se centrará en algunos de los factores/condiciones que hacen posible y exigen hoy esta sociedad o comunidad erótica cuya matriz es la pornográfica sociedad capitalista con sus variados efectos generalizados de impudicia que quedan impunes. Por razones de tiempo me concentraré en algunos eventos y los trataré indicativamente.

    A) La rebelión de jóvenes y trabajadores franceses en mayo del año 68 del siglo pasado.

    Esta rebelión fue un alzamiento contra sociedades entera o saturantemente administradas, ya por gerentes capitalistas, ya por burócratas soviéticos. Contra el capitalismo y contra el socialismo históricamente existentes. Una rebelión, por tanto, contra la autoridad que constituye y reproduce esos órdenes, rebelión que logró convocar a los trabajadores afectados por el desempleo y las malas condiciones laborales y que puso en jaque al sistema económico/político francés, pese a que no se propuso objetivos insurreccionales. Nos interesa un aspecto de esta rebelión y de él un detalle no suficiente enfatizado hasta donde este anciano conoce.

    Los jóvenes se alzaron contra el orden vigente y su autoridad. Ahora, la primera autoridad que siente/conoce quien va a llegar a ser joven es la autoridad familiar, la autoridad parental. Y bien, la autoridad de los padres, en una familia nuclear usual, pasa por la madre. Es la administradora, o delegada, del dominio patriarcal en el seno de la familia. Es ella quien introduce los valores patriarcales en sus hijas e hijos. En el caso francés, llama la atención que este punto no se explicitara, o no lo hiciera suficientemente, durante la lucha. Los cuestionamientos no se orientaron a los adultos-padres sino contra los adultos-políticos, en un alcance restrictivo de este último término. La familia no aparece como un lugar donde se reproduzcan dominaciones sociales. La autoridad parental no se muestra como un espacio político. Y con ello la autoridad delegada materna queda invisibilizada en su función política. No se denuncia la función reificante de la mamá. Dejemos, de momento, esta cuestión y pasemos a dar un vistazo a algunos de los lemas que se corearon y pintaron durante el alzamiento de jóvenes y estudiantes franceses (hay decenas). Se han elegido aquí cuatro lemas:

    i) "Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa”. Se denuncia aquí tanto el hiperempirismo (y con ello la razón instrumental) como la subjetividad domesticada o colonizada. Reclama la ‘sorpresa’ ante lo extraño e inquietante y también su castigo, si ofende.

    ii) "Camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes". Lo cuestionado aquí es el carácter totalitario de las sociedades industriales y postindustriales, capitalistas o socialistas, su proscripción de las alternativas que se siguen de la creatividad humana, de la sospecha, del rechazo, del reclamo por lo que no es o no se permite/deja ver porque se busca anular la imaginación.    

    iii) "La vida está más allá". En realidad está tanto más acá (subjetividad) como más allá (trascendencia). Se propone aquí la importancia de la trascendencia, no en un sentido primariamente religioso, aunque pueda serlo, sino secular. Introduce a una fenomenología de la utopía: lo que da sentido está más allá y más acá. Es lo erótico si nos empeñamos en los procesos que lo constituyen y avisan.

    iiii) “Sean realistas: pidan lo imposible”. Este es uno de los lemas con mayor difusión, pero es también uno de los más cuestionables. Las tres propuestas anteriores se referían a la autonomía para decidir búsquedas y producirse como subjetividad capaz de elegir u optar entre las opciones que van produciéndose. No existe más autoridad que la autoproducción y la búsqueda. En este lema, en cambio, se supone una autoridad. ¿A quién se pedirá (exigirá) lo imposible? ¿Al Estado, a la vida, a los padres, al cura? La cuestión se extiende a un corolario político. ‘Lo imposible’ es lo que el sistema prohíbe. En realidad se hace posible cuando se transgrede el sistema. Lo imposible no es idéntico a lo no factible para la experiencia humana. El sistema declara imposible la descolonización. Pero la descolonización es factible, aunque no dentro de The Matrix. Para nuestros efectos, en una sociedad hiperempírica y pornográfica lo erótico como búsqueda/producción subjetiva de sentidos sensuales y trascendentes, es imposible, excepto bajo su adocenamiento cosmético (lingerie), pero el mensaje que sostiene a esta vestimenta vistosa es el mismo: “No interesa el ropaje. Vamos a coger”.

    El lema nos pone de frente ante la ambigüedad e indecisión de la revuelta de los estudiantes y jóvenes. No se cuestiona a la familia ni a la administración materna de ella, menos a su figura, y, en uno de los lemas más socializados, reaparece la autoridad. Lo erótico no reconoce la autoridad ni pretende reinventarla. Tampoco es anárquica porque produce un sentido o sentidos, pero es comunicable. Además, supone relaciones (emprendimientos comunes).  Tal vez un diagnóstico. Lo erótico no puede aparecer si no se cuestiona radicalmente lo masculino y lo femenino establecidos. En este caso, la forma de madre ‘natural’ bajo la cual subyace una expresión privilegiada de la ‘naturaleza’ de las mujeres.

    Sinteticemos: la rebelión era contra la autoridad social, pero ¿dónde comienza para los jóvenes esta autoridad? En la familia y en la escuela. Era por ello una rebelión contra los padres y en particular contra la figura de la mamá. La mujer que administra la autoridad patriarcal y la inocula en sus hijos, varones y mujeres. Pero esta crítica parental no se hace y la autoridad retorna bajo la forma antierótica del “permiso”. Se va a exigir (o sea a pedir permiso) al Estado… para reclamar lo imposible. Vemos que cuando la rebelión no es radical tampoco puede ser erótica, aunque pida hacer el amor y no la guerra. De alguna manera, la rebelión se torna pueril.

    B) Las luchas de mujeres en situación revolucionaria

 

     En el inicio de la misma década de la explosión de los jóvenes y estudiantes contra la autoridad y el totalitarismo hiperempírico que se les imponía prohibiéndoles transgredir y soñar, se da un hecho revolucionario que afecta a la tradicional identificación espontánea entre “ser mujer” y “ser mamá” y alcanza con ello a la institución del matrimonio y a la crianza de hijos (central en la doctrina católica sobre sexualidad). En 1960 se aprueba en EUA la comercialización de las píldoras anticonceptivas con una efectividad media superior al 99%. Por primera vez en la historia de los seres humanos las relaciones sexuales genitales no conducen necesariamente al embarazo de las mujeres. Tener hijos se torna opcional. Y el vínculo corporal entre seres humanos y entre ellos y el mundo se abre a lo erótico.

    Además del señalado, la incidencia de estos anticonceptivos tiene o puede tener efectos conceptuales y sociales inmensos: 1) resulta universalmente posible diversificar la actividad genital orientándola hacia dos grandes campos: la producción de bebés, y la autointegración personal con otros y hacia otros sin bebés. La relación de pareja se abre a lo erótico. Que quiere decir a la integración del sí mismo y a  la búsqueda comunitaria de producción de sentido. El mundo organizado pornográficamente, centrado en la utilización del ‘otro’ se tambalea. 2) Un segundo ámbito resulta de la expansión misma de la sexualidad. Como en la especie humana la mujer es genital/orgásmicamente el ‘sexo fuerte’, su liberación de la maternidad forzosa expande la libido a todo el cuerpo y, desde él a las relaciones sociales ya inscritas en el cuerpo. La sexualidad expandida transforma a papás y mamás de ‘instrumentos genitales’ centrados en servicios de crianza en búsquedas y encuentros cordiales, que no excluyen los juegos genitales, en la posibilidad de un trato amable en el trabajo (no es idéntico al empleo asalariado) y hacia la Naturaleza. Tiembla el capitalismo que destruye al ser humano y a la Naturaleza. 3) La liberación del cuerpo femenino (y con ello el de los machos) contribuye y facilita avanzar en el reconocimiento de la naturalidad de opciones sexuales no heterosexuales y en su legitimación jurídica y cultural. Se fractura uno de los bastiones de las lógicas discriminatorias sobre los ‘otros’. Podrían desaparecer los ‘closets’ sexuales o étnicos, por citar dos. 4) Si nos trasladamos a América Latina, por primera vez se torna factible que no exista ningún recién nacido no deseado.

    Por supuesto hablo de posibilidades conceptuales e imaginables, no de realidades establecidas. En Costa Rica, en el año 2010, la mayor parte de niños nace de madres solteras, es decir que no tienen una relación estable de pareja o que la han tenido y han sido abandonadas por su embarazo, y es presumible que un buen número de niños no haya sido deseado. Y la homosexualidad masculina y femenina sigue siendo considerada una ‘aberración’ por la doctrina católica o una ‘enfermedad curable’ para sectores significativos de la población. Pero aquí no hablamos de lo que efectivamente ocurre, medio siglo después de la revolución de los anticonceptivos, sino de lo que esa revolución posibilitó. Que sus posibilidades no se materialicen tiene que ver con ignorancias social y culturalmente producidas, con dogmas clericales (en el caso latinoamericano) y sobre todo con que un retorno/expansión de la libido (encuentro y creación creativas de goce y felicidad) y de lo erótico resulta incompatible con la organización capitalista de la existencia. Pero las posibilidades están ahí y se han acentuado.

    Resolvamos esto a golpe de tambor: The Matrix reaccionó contra los jóvenes y estudiantes haciéndolos parte del mercado o, mejor, de mercados desagregados. Y reaccionó contra la liberación de las mujeres (y de los varones) acentuando la genitalidad de la libido, es decir tornando universal la pornografía y sus señales, su mercadotecnia, y vaciando el espíritu de las gentes de modo que decir “amo a una hamburguesa” o “amo a mi revólver” resulte idéntico a decir “me amo a mí mismo”. Nunca el mundo de la existencia cotidiana se tornó más violento que cuando la aparición de una revolución liberadora y creativa de las subjetividades se hizo posible. Se anunció. The Matrix la invisibilizó. Y concedió, para confundir, a la mujer ciertas ‘igualdades’ jurídicas. Es decir, hacerse institucionalmente como los ‘machos’.

     4.- Centrémonos, dando un salto, en dos aspectos pertinentes para América Latina, aspectos que remiten a su específica manera de ser pornográfica, es decir antierótica, y, al mismo tiempo, no solo quedar impune por su violencia social y cultural sino proclamarse éticamente digna de aplauso y venerable. Por supuesto, hablo en términos básicos y solo sobre las lógicas dominantes, no sobre las resistencias que ellas generan.

    I.- La crítica generacional (porque deberían ocuparse de ella no solo los jóvenes, sino también los ancianos y, si es posible, los niños) de la familia. Hemos señalado que se mueve contra el patriarcado y contra la jefatura materna, es decir contra la mamá en cuanto sujeto ‘falso’ que se encarga de administrar la dominación machista. Este micro universo de la familia condensa y reproduce en su nivel el ‘orden’ discriminatorio del conjunto de la sociedad. El patriarcalismo, con su grosera reducción de la sexualidad, se vincula de ésta y otras maneras con el mercado capitalista y con el Estado en sus funciones políticas y culturales (dotar de identificaciones).

    Este conjunto de instituciones, lógicas y tramas de dominación que se mueven contra una comunidad erótica podemos representarlo con el católico culto mariano. El catolicismo constituye el aparato clerical más poderoso en las sociedades latinoamericanas, de modo que la elección no tiene nada de arbitraria. Y el culto a María es una de las piezas centrales para la movilización no solo de sus feligreses sino de otros sectores sociales. Puede decirse que el culto a la Virgen María (la madre virgen, la representante ante Cristo Jesús del dolor humano y la acompañante/consuelo en las miserias de este “valle de lágrimas”, en ese orden) impacta con éxito indiscutible a muchos latinoamericanos. Incluso ‘nuestros’ militares van a masacrar a los humildes del campo y la ciudad bajo las ‘seguridades’ que entrega la Virgen. Ahora, la jerárquica imaginería católica ve en esta virgen el epítome de la libertad humana.  Si fuera así, según nuestro discurso, sería una figura erótica. Pero no se preocupen, se trata de la libertad enmarcada en ‘la’ fe, o sea en una fe ‘religiosa’. En el caso del aparato clerical católico esta fe demanda una absoluta sujeción al Dios que la jerarquía vaticana administra aquí en la tierra. Lo erótico se afirma, en cambio, en una fe antropológica, aunque admite también fe religiosa, que no es lo mismo que la adscripción a un aparato clerical.

    Detalles aparte, el foco central, para la jerarquía católica, del culto mariano se pone de manifiesto al final de la encíclica Fides et ratio (1998) de Juan Pablo II. En ella, hablando de cómo la filosofía debe servir  a la teología en su tarea de comprensión de la fe, se dice que la Virgen, llamada a ofrecer toda su humanidad y femineidad para que naciera Jesús, no perdió “nada de su verdadera humanidad y libertad” (# 108). En realidad el texto bíblico apunta hacia otra cosa. Enterada por un ángel o arcángel, que la visita en su casa, de que tendrá un hijo por decisión de Dios, María replica: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra” (Lucas, 1, 38). María no tiene ninguna duda, cree ver un ángel (varón) porque éste se le presenta como tal y dice serlo. Su fe de mujer en Jehová y el dominio patriarcal judío, cuestiones muy vinculadas, fetichizan la percepción que María tiene del mundo. Su subjetividad domesticada o colonizada la ubica en un fetichizado (y fantástico) mundo hiperempírico generado desde el doble imperio de Jehová y los machos. La fe en Jehová y el señorío del macho la conducen, sin violencia visible, a aceptar como necesaria e indisputable la identidad del macho ángel y un mensaje que no es ni saludo ni una petición, sino una orden. Algo que una María fetichizada/sujecionada no puede rechazar. Por eso el “He aquí tu esclava”. María no tiene capacidad (y ella cree que tampoco necesidad) para producir posibilidades, abrir búsquedas o alegrarse desde sí misma porque la clerical sociedad judía no le ha permitido nunca (le ha prohibido) ser sí misma. Es solo una hembra y las hembras obedecen a los machos y al mundo objeto-subjetivo que ellos producen/dibujan. Si el macho es angelical, doble imperio. Por supuesto, el tal ángel pudo ser un truco de Satán. Pero María “ve” y “siente” un ángel. Desde el nicho que su sociedad le ha producido (mujer-niña, dependiente, ‘cosa’) no tiene otra posibilidad.

    Hemos señalado, anteriormente, que lo erótico se vincula no con la sumisión sino con la capacidad de producir opciones y disfrutar sensualmente de ellas. Es una manera de descubrirse, de rechazar lo que se presenta como necesario e ineludible e imaginar y llevar a cabo lo imposible, o sea lo prohibido.

    Como se advierte, la compleja fetichización de María es lo contrario del ejercicio de la libertad humana y con ello su culto se ubica en un universo paralelo al que puede generar el erotismo.

    Ahora, en América Latina el aparato clerical católico nos pide a todos ser como María. De hecho, desde su perspectiva, somos sus hijos. Nuestras sujeciones bobas, al clero, al patrón, a los ejércitos, a los tecnócratas, nuestras mansedumbres exigidas, ‘nuestros’ roles… los traeríamos en los genes como descendientes que somos de La Madre, o sea de María. Y cuando nos rebelamos, el correlato de esta sujeción familiar: la ira de Dios/macho o de los padres o de los profesores o del cura o de los ejércitos o del mercado: las masacres efectivas o simbólicas. El círculo se cierra cuando las masacres son aplaudidas (lo obsceno brutal toma el lugar gratificador de lo erótico) y quedan, en tanto crímenes, impunes. Como se ve, casi nada implica el culto mariano con el cual los seres humanos, según Juan Pablo II, ‘no pierden nada de su verdadera humanidad y libertad’.

    No diré aquí una palabra sobre cómo el culto mariano incide en la pobrísima y descabellada, aunque odiosa, doctrina católica sobre la sexualidad humana. Solo recordaré que ella liga sexualidad genital (la única que acepta y promueve) con culpa y pecado y la destina fijamente a algo que hoy debería estar superado: la maternidad femenina en el matrimonio y la crianza parental de los hijos. Fuera de estas tareas acometidas con tutela clerical, no hay libido que valga. Toda otra expresión libidinal, toda otra alegría y gratificación, conduce a la idolatría y al infierno (antes de que lo suprimieran). A lo que se teme en esta doctrina, en verdad, es a la gratificación (que es transgresora) y a la felicidad que cualquier ser humano puede alcanzar por medio de la libido genital o no genital. La jerarquía católica estima que asociar la experiencia humana de una forma no mística con la gratificación, la integración personal y la felicidad puede transformarse en un factor de discernimiento, rebelión organizada y utopía seculares. Lleva razón. Por ello en América Latina, y en todas partes, le asigna más valor al “valle de lágrimas” y a la política resignación que acepta el dolor y la desgracia recurrentes sin chistar: “Patrones y mundo que nos hace sufrir: he aquí tus esclavos”.

    Con el catolicismo, llevamos la esclavitud en el corazón. No es raro que seamos tan infelices y reductivamente genitales y que lo erótico y el deleite se lo dejemos a extravagantes ilustrados exquisitos o, demencialmente, al porno. Desde la infelicidad y la esclavitud llamamos a estos ‘exquisitos’ “amanerados”, “gourmet”, “mariposones” o dando un giro brusco “esclavos de sus apetencias”. Lo erótico resulta de esta manera algo propio de minorías extrañas, de adictos afeminados cuando se trata, en realidad de un rasgo y de una búsqueda/tensión universales en la especie. El asunto es sobrerrepresivo (la inexistencia de comunidades eróticas y las instituciones y lógicas que la bloquean) porque hoy es enteramente innecesario asumirse como un mero/mera copulador y reproductor, que es una de las maneras de contribuir en la producción y reproducción de un mundo brutal, inseguro e infeliz al que hemos determinado como pornográfico e impune.

    II.- La segunda referencia es respecto a la liberación femenina que hemos centrado en las luchas de mujeres con teoría de género y que se afirman en la revolución libidinal que acarrea la puesta en circulación de preservativos de altísima eficacia. El punto que interesa aquí es el de la autotransferencia de poder y la creación de espacios de liberación a los que podemos calificar como ámbitos de poder local.

    La secuencia es la siguiente: las mujeres bajo dominio patriarcal aceptan o resienten las identificaciones inerciales que les provee el sistema. Los anticonceptivos que les permiten, si así lo desean, no quedar nunca embarazadas les abren la posibilidad, si luchan, de autotransferirse capacidades que exceden lo biológico/genital y que se centran en su integración desde sí mismas y en su potencial de exploración erótica: se trata de una liberación de la mecánica y química de los cuerpos (personales y sociales) que contiene la revitalización de las almas (subjetividades) y con ello de sus procesos/facultades de relacionamiento: al crearse como un nuevo tipo de personas libidinales, las mujeres redimensionan las relaciones de pareja y los vínculos de todos con el mundo de las mercancías y con la Naturaleza. La comunidad erótica se abre paso, intersticial o mediante supercarreteras, desde la capacidad enteramente nueva de las mujeres con teoría de género para producir desde sí mismas identidades efectivas (autoestima, gratificación) que desplazan las identificaciones inerciales que les ha dado el sistema de constitución y reproducción de imperios.

    La cuestión no se agota aquí. Una revolución tan radical del comportamiento libidinal (aunque todo el sistema se movilice en su contra), debería irradiar a otros espacios, especialmente en las sociedades latinoamericanas desagregadas y desmovilizadas por las tramas de dominaciones señorial-oligárquica, clerical y tecnocrática. Dejo en paz la dependencia geopolítica y cultural que también forma parte de esta trama ‘interna’. Con una figura, se trata de los vínculos unilaterales entre señor/vasallo, señor/chusma, cura/laico fiel, militar/civil, aparato clerical de masas, expertos/vulgo ignaro. En el límite, las personalizaciones de los “desechables” (Colombia) y de las no-personas resueltas como tales por los poderes reinantes (travestis, por ejemplo, o narco-terroristas). Sociohistóricamente remite a las discriminaciones racistas, étnicas, sociales, políticas y su culminación en masacres. Conceptualmente, a la cuestión del ‘otro’ discriminado, acusado, ‘salvado’ o ‘sanado’. La revolución libidinal, o la comunidad erótica, carece de ‘otros’: todos somos reconocibles en nuestra experiencia humana, todos somos acompañables y todos estamos invitados al banquete y queremos llegar a él. Y en el banquete, todos los sitios, en su diversidad, admiten a la Naturaleza. Es la cuestión del Otro y de Lo Otro. Discriminar, bajo cualesquiera de sus formas, se torna obsceno.

    Si se lo quiere más preciso y literario, una sexualidad liberada desde las mujeres abre otro mundo para el homosexual y para el anciano, por citar dos referencias directas de experiencias humanas diversas pero libidinalmente legítimas. Ya no tienen que avergonzarse ni ser avergonzados por sus amores o desamores. Ni por sus existentes o inexistentes erecciones o por la falta de lubricación. Igual pueden amar con todo su cuerpo/alma, literalmente hasta la muerte y más allá, porque todos y cada uno dejarán gratificante herencia. Se trata de un mundo con responsabilidades pero sin culpa. Por supuesto, nada de esto ocurre hoy.

    Podemos resumir: la rebelión de los jóvenes y estudiantes en la década de los sesenta se orienta contra la autoridad aunque es omisa respecto de la autoridad de la madre en el seno de la familia. Pero esta mamá es liberada de su papel de administradora de la dominación patriarcal por el impacto de los anticonceptivos de altísima eficacia. La figura de la madre, por primera vez, pasa a ser una opción y por tanto una responsabilidad político-cultural, que no puede seguirse de ninguna ‘naturaleza’. Con mujeres que pueden optar y autoproducir sus cuerpos/almas, el culto de María, en tanto mujer-esclava, deviene grotesco. Concebir a Jesús, o a cualquier hijo, es una opción, no una obligación. De hecho en las sociedades modernas incluso “salvarse” es una opción. Uno puede elegir condenarse porque ir al Infierno (con independencia de su abolición) no configura delito. La liberación femenina desencadena la posibilidad y necesidad de otras transferencias de poder (campesinos, pobres de la ciudad y del campo, por ejemplo), donde lo que se transfiere cambia su carácter. No se trata de dominar o explotar o discriminar o violentar, sino de reconocer y acompañar la universalidad de la experiencia humana legítima en cuanto expresa autoestima: quererse uno para ofrecerse a otros y crecer con ellos y para uno mismo.

    Si maternidad y Cielo no son ya obligatorios, América Latina, sus gentes, sus pueblos, puede aspirar a autoproducirse política y culturalmente desde sus raíces, que son básicas y también particularizadas, como otra cosa. A esta ‘otra cosa’ la llamamos hoy aquí “sociedad erótica”. Se trata de un proceso en el cual se construye comunidades de no discriminación entre cuerpos/sensibles que se vinculan con amor desde esfuerzos de integración personales y para articular emprendimientos colectivos abiertos que se plasman en una existencia cotidiana de reconocimiento y servicios no mercantiles y gratificantes entre diversos.

    Pueden comparar esta esquemática descripción con lo que ocurre en estos días con el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua: odios, desagregaciones internas, cuerpos crispados, escupitajos, sarcasmos, desprecios mutuos, jingoísmo, piedras ‘con patria’…y, especialmente, ausencia de iniciativas que beneficiando a sus poblaciones las eroticen.

    Libidinal y materialmente hoy es factible emprender política y culturalmente un camino que conduzca a otra realidad. Sin duda se trata de un camino arduo y complejo. Pero nadie ha dicho que autoproducirse como ser humano sea algo fácil y simple. Menos aún desde América Latina. Muchas gracias.
   
_________________

 

Intercambio.-

    1.- Al leer la convocatoria de esta noche pensé que se hablaría, o al menos se mencionaría, a Herbert Marcuse, ya que él trabajó la noción de “sociedad erótica” desde una lectura sociohistórica de la teoría de los instintos de Freud. ¿Se lo eludió por alguna razón especial, por ejemplo, su lectura crítica de Marx?

    HG.- En realidad no se le mencionó específicamente porque tenemos un tiempo limitado y Marcuse ingresa al tema de la ‘sociedad erótica’ desde un posicionamiento que es propio de las sociedades industriales o postindustriales. Básicamente su planteamiento posee al menos dos alcances que no pueden admitirse sin discusión desde América Latina. Marcuse ve la ‘sociedad erótica’ en relación con una realización de la utopía (distinguiendo de esta manera lo posible prohibido y lo no factible a la experiencia humana), como algo que habría que realizar. En América Latina este es el tema de la ‘sociedad perfecta’, la que lleva al Cielo, por ejemplo, o la que conduce al paraíso proletario o la que se constituye mediante la libre competencia sin distorsiones. Sabemos que la primera gestó, entre otras realidades, el genocidio más grande de la Historia. Se hizo en nombre de Cristo Jesús y de la única iglesia verdadera, la católica, e incluyó vigorosos intentos etnocidas, prolongados hasta el día de hoy. La cuestión del paraíso proletario fue socializada por la propaganda estalinista como su ‘final de la historia’ y para llegar a este paraíso no importaba qué se destruyera en el camino ni cuanto sectarismo llevara a las organizaciones de vanguardia a anquilosarse y crear las condiciones para su aniquilamiento. Aquí no se trata tanto de un genocidio sino de un suicidio político al que se va con la alegría del que canta “… la tierra será un Paraíso de toda la humanidad”. La mundialización vía el mercado libre con dominio financiero capitalista enfatiza las desagregaciones sociohistóricas en América Latina y amenaza con transformar en “sobrantes” a nuestras poblaciones en el siglo XXI. De modo que en América Latina al menos hay que tener cuidado conceptual y político con esta ‘utopía’ realizable marcusiana, especialmente porque entre nosotros existe discusión sobre la utopía como ‘idea regulativa’  (Hinkelammert), más que como “sociedad perfecta”. Luego, el problema no es con la utopía sin más, sino con el carácter político que le asignamos.

    Una segunda cuestión es que Marcuse discierne que el sujeto revolucionario, el que protagonizará la utopía, tiene dos frentes básicos: en el Tercer Mundo, o sea en el mundo en que se inserta América Latina, serán los frentes de liberación nacional y los excluidos (pobres de la ciudad y del campo), mientras que en el mundo post-industrial serán quienes dicen No al capitalismo. No son los obreros, porque estos no quieren cambiar el sistema sino acomodarse en él, sino categorías sociales como los estudiantes universitarios o las minorías étnicas, o sea los discriminados y quienes no sienten atractiva la oferta capitalista (tolerancia represiva, derroche consumista). De alguna manera los efectivamente excluidos o autoexcluidos del y por el sistema. Este vocabulario, no necesariamente la conceptuación, para América Latina, elude la noción de pueblo y la reemplaza por las masas revolucionarias. Esto quiere decir las masas articuladas en torno al eje obrero y a la organización de vanguardia, ya sea el partido o la estructura político-militar. Si se ignora la noción de movimiento popular revolucionario se pierde de vista que si se producen revoluciones ésta la harán sectores sociales con desafíos particulares y específicos (campesinos, indígenas, mujeres, afroamericanos, endeudados, trabajadores, etc.) ligados con su autoestima y autoproducción de identidad y no las abstractas masas. Esta es una discusión central que pasa por la cuestión del rechazo a las identificaciones inerciales y la autoproducción de identidades efectivas (entendidas como procesos abiertos). Se trata de las radicales bases plurales por diversas, aunque articuladas, de lo que sostiene la energía revolucionaria en procesos largos y difíciles contra enemigos implacables y brutales. La cuestión tiene otros alcances, pero con estas menciones basta.

    Ahora, Marcuse plantea la cuestión de la sociedad erótica básicamente desde su análisis de la economía política del capitalismo postindustrial donde el tiempo de trabajo puede reducirse significativamente por el uso de tecnologías de punta (robotización, por ejemplo) y con ello alterar el horario y la calidad del tiempo de trabajo y del ocio productivo tornándolo ‘libre juego’. Este ‘juego’ podría a su vez hacer de las pocas horas de trabajo, juego, es decir generar gratificación. Se trataría de un proceso en el que las pulsiones de vida dominarían a las pulsiones orientadas hacia la muerte (Freud) y la sexualidad genital dejaría de ser culturalmente hipócrita. Las condiciones económicas propuestas por Marcuse no son obviamente las latinoamericanas, una de cuyas ‘ventajas comparativas’ hasta hoy es su fuerza de trabajo barata y que labora a destajo y su ejército de trabajadores de reserva. Y su análisis, con independencia de su atractivo, que es una forma de verdad, no repara en los procesos de fetichización mercantil que no aceptan la distinción o fronteras entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, productivo o no, ni entre economía y cultura o, para hacerlo más dramático, entre juegos y universalidad de las transferencias mercantiles. Te puedes divertir o gratificar, pero si compras la camiseta del ídolo del momento para beber tu “chispa de la vida”.

    Pero aun, así la exposición, en mi opinión, dialoga constructivamente con Marcuse o lo muestra como un antecedente. La crítica del culto mariano en las condiciones latinoamericanas tendría cabida sin ninguna tensión en El hombre unidimensional. La categoría de irritación y resistencia en sus versiones libidinales cabe con propiedad en Eros y civilización. De modo que Marcuse, y su lectura de Freud, ha estado con nosotros en esta conversación, aunque no se le haya mencionado. Pero hay que leerlo en perspectiva sociohistórica latinoamericana y popular. De otra manera no nos servirá.

    2.- ¿Por qué no nos servirá?

    HG.- Sirve porque ayuda a pensar e imaginar. Pero el No marcusiano (el Gran Rechazo) al sistema, para nosotros los latinoamericanos, es abstracto. Nosotros requerimos pensar e imaginar los diversos “noes” y sus articulaciones sociales y políticas posibles, así como sus manifestaciones antisistémicas. Esto, porque el testimonio de cambio lo darán mayorías articuladas, no masas. Estas mayorías de diversos, hoy fragmentados, que se encuentran y acompañan y que se dan organizaciones propias y también realizan acciones comunes constituyen el movimiento social popular sin cuya existencia puede haber cambio pero solo para generar ‘nuevos’ amos objetivos y subjetivos. Este movimiento socio-político popular, que ciertamente hoy nadie o casi nadie construye, no se limita a actuar como catalizador para precipitar un cambio en el mundo desarrollado. Tiene su autonomía y construye desde su propia historia e identidades. No es ‘el mismo mundo de la mundialización’ que pasaría a beneficiar a otros. Es una fuerza social que hace y ofrece otro mundo ya. Por ejemplo, mi opinión es que luchas de pequeños campesinos por la propiedad de la tierra, luchas de mujeres con teoría de género y luchas de creyentes religiosos contra los ídolos comparten un eje libidinal, aunque desde diversos accesos. Y también podrían compartirlo los trabajadores asalariados. La fetichización del salario es también factor de la infelicidad sistémica. No se trata de traer de inmediato a los trabajadores asalariados, o a los no-contratados, a la tesis de la comunidad erótica (ellos mismos, con sus luchas deberían acercarse a ella), pero es pensable el vínculo libidinal, aunque no en función de hacer desaparecer los requerimientos de cada lucha específica. Estos requerimientos específicos y su vínculo sistémico por la liberación dan radicalidad a cada lucha particular y al movimiento en su conjunto. Por supuesto, hablo de posibilidades.

    3.- Pero entonces me quedan dudas sobre qué pasa con la sexualidad. Si la sociedad erótica es una construcción política, ¿qué pasa en ella con la sexualidad genital?

    HG.- La cópula, con sus diversas figuras y opciones, pasa a ser parte de una libido que permite amar con todo el cuerpo/alma. Ni coito ni pene ni vulva se eliminan. Dejan de ser factores y lugares sociales de culpa y de vergüenza o de responsabilidad con culpa y vergüenza. Lo que se extingue es el pecado y las fuerzas sociales e instituciones que lo proclaman y viven de él. No se sobrerreprime la libido, sino que se sanciona el delito comunitariamente determinado. Esto quiere decir que es delito lo que impide o afecta la producción de convivencia comunitaria. Por ejemplo, predicar la necesidad de la infelicidad (es decir la sublimación frustrante o castrante como invariante sistémico) y la condición pecadora de la naturaleza humana. Estas desapariciones afectarán a la economía política y con ello a la propiedad, la posesión, la acumulación y el derroche. El proceso afecta, entre otros factores, a ‘la’ verdad humana, el prestigio ‘humano’ y su ‘belleza’ o ‘dignidad’. Culturalmente deberían desaparecer, en el plazo largo, pornografía (no debería ser declarada delito, se extinguiría porque no sería negocio) y prostitución. El abuso contra niñas y niños seguiría siendo delito y motivo de vergüenza/arrepentimiento/reparación.

    4.- ¿Cuál sería la relación posible entre vida cotidiana y una existencia libidinalmente no represiva, o, como diría Marcuse, una existencia con sublimación no-represiva? Y también en sentido inverso, cómo se relaciona la cotidianidad con la represión libidinal.

    HG.- La producción política de una existencia libidinalmente no represiva o sobrerrepresiva trata de procesos hoy factibles. Si se lo desea, se propone como hipótesis a partir de hechos. La existencia cotidiana es una manera básica y particular de encontrarse en el mundo y serlo (o distanciarse de él). Ahora, en español, con independencia de su sentido psicoanalítico, “sublimar” hace referencia a ‘poner en alto’, engrandecer, lo que puede ser traducido en el sentido católico de ‘purificar’ el cuerpo por el alma que se pliega a Dios. Ni la lengua es neutra ni menos su uso. En Freud la sublimación es necesaria por defensiva. La “defensa” se ejecuta contra la felicidad libidinal porque laborar resulta indispensable. La sublimación es una excusa o rodeo del yo ante un mundo hostil (“las cosas”) inexcusable. Ahora, una existencia cotidiana libidinalmente no represiva, o sea cordial, es una que enaltece al cuerpo/alma (sensualidad y felicidad), es decir que no es cosmética sino trascendente aunque no aspire a ninguna elevación metafísica de la experiencia humana. Tampoco se agota en la acción. Es trascendente porque imagina y busca lo erótico, lo que se ‘oculta’ porque es producción humana y personal de sentido. Parte de ‘lo’ ocultado es el sí mismo sobre el que reflexiona Freud. En la vida cotidiana, imagino, debería manifestarse como, además de una ausencia de irritación y cólera por motivos banales (la luz del semáforo, por ejemplo), en un progresivo abandono de la cosmética y de la estética prefijada de los escaparates, en una más intensa vida interna, en una mayor capacidad de escrutar sin vigilar, en flexibilidad. El tiempo se tornaría más lento y denso. Pero, insisto, no se puede imaginar con precisión una vida cotidiana cuando factores como la propiedad económica y la orientación de la libido han cambiado radicalmente y cuando la creatividad del ser humano y su capacidad erótica son libre medida de su existencia. Una existencia en la que ser infeliz o feliz es un resultado de la voluntad. Una existencia en la que ni lo íntimo ni los resultados del trabajo causen vergüenza o soberbia. Nunca ha existido algo así. Tal vez nunca exista. Lo que sí es seguro es que con la actual organización de discriminaciones, odios e irritaciones y dependencias, sin resistencia radical, no lo será. Y Freud habrá tenido razón en su prejuicio: la felicidad no es un valor cultural.

    5.- Recientemente vi "La sociedad del espectáculo" de Guy Debord. En este film, se muestra, entre otras cosas, como esta sociedad del espectáculo utiliza la imagen "erótica" (¿?) para su funcionamiento. Esta imagen, que en palabras de Debord, es la forma más realizada del fetichismo de la mercancía, sin embargo está mediada por una valoración en función de la lógica de acumulación de capital. Entonces, de qué forma se apropia esa "sociedad del espectáculo" o la industria cultural de una imagen de ese tipo que, si bien no es pornográfica, tampoco es erótica en el sentido liberador del término

    HG.- No he visto esa película (tampoco la veré, es casi seguro) y me he enterado fragmentariamente de las ideas de Debord, pese a la importancia que suele atribuirse a su grupo en los sucesos de mayo del 68. Pues bien, el sentido básico de la respuesta a su pregunta ya está formulado en ella: el erotismo significa algo diverso según sea el sistema en el que se inscriba: en el mundo capitalista del espectáculo, o sea de las mercancías, cuya presencia empírica y sus precios ocultan las condiciones de su producción, lo erótico es simulación de tentación, muerte simulando vida, maniquíes excitados. La observación de Debord incluye por tanto una crítica de la sensibilidad totalitaria impuesta por el universo mercantil en relación con el cual ‘danzan’ y se ‘agitan’ los seres humanos. Pero lo propio del capitalismo no es lo erótico (que se presenta como sutileza y extravagancia, hembras con medias de seda y penumbras, etc.), sino la pornografía. Y la pornografía dura: aquí estamos para coger sin tregua. Se trata de un mensaje cierto. Molotov, el grupo mexicano, lo cantó: dame todo el poder para cogerte mejor. Todo el poder lo requiere la acumulación de capital que no puede funcionar sin el reinado de las mercancías. Por ello el mensaje de lo erótico en este sistema es solo el anuncio de que alguien será cogido. En las películas “para menores” se presenta como la persecución entre autos que destrozan (y se destrozan) hasta que el ‘bueno’ captura al ‘malo’. No hay sorpresa ni autodescubrimiento. En el “final de la Historia” no puede haberlos. En un contraejemplo, en la película ET, de Spielberg, se siente/ve lo erótico como ternura: cuando los ‘buenos’ persiguen a los ‘malos’ (ET y los niños) éstos despegan como aves en sus bicicletas. Vuelan. Y se salvan. De hecho, los ‘buenos’ nunca más aparecen. Recojo del libro del mismo nombre que el film que señalas una observación de Debord: “El espectáculo extiende a toda la existencia social el principio que Hegel atribuye al dinero: ‘La vida de todo lo que está muerto, moviéndose en sí misma’”. Las relaciones entre ET y los niños no descansan en el dinero. En cambio el espectáculo usual de Hollywood o la televisión, en la opinión de Debord, se ocupa de un cementerio de las producciones humanas cercenadas de sus autores por una determinada relacionalidad. Lo erótico, en cambio, es vida efectiva: si es del caso, demanda trabajos escénicos en que los antiguos ‘espectadores’ sean actores y en el que el pago de tiquetes se haga al final como emocional explosión de gratitud, arrojando al aire los billetes y monedas (que vuelan porque ellos los tiran, porque no tienen existencia propia) y que cada quien coja según su sana apetencia y necesidad en relación con una obra que se ha presentado y comunica en comunidad. En Costa Rica un actor y dramaturgo, Rubén Pagura, decidió cobrar a la salida, si lo representado había calado. Pero, claro, esto es lírica en acto.

    6.- ¿Cómo se pueden apropiar los creyentes religiosos anti-idolátricos de los planteamientos de "La comunidad erótica"?

    HG.- Mi opinión es que se trataría de un proceso de liberaciones. Lo primero es liberarse de la institucionalidad clerical. Es decir del aparato clerical que, siendo de producción sociohistórica, se hace pasar por divino y exige con este fundamento sujeciones, rituales, comportamientos debidos, incluyendo los sexuales. Si este proceso va en camino, estos creyentes dejan de diferenciarse de los no-creyentes religiosos en este aspecto. Pasan a ser personas y grupos que viven su fe religiosa desde sus posicionamientos socio-culturales. Al no estar vinculados ya más con un aparato clerical autoritario pueden orientar su libido más allá y más acá de la genitalidad, pueden experimentar con su libertad, buscar. Estimarán que Dios no los obliga a nada en eso. Si se fundan en el cristianismo evangélico asumirán que son seres de relacionamiento amoroso y creativo y que comportarse de esta manera (lo que implica tanteos y búsquedas, riesgos) es grato a este Dios. Serán antiidolátricos como expresión de una libertad humana que no mata a Dios porque éste realizará lo no factible a la experiencia humana: la eterna vida de los cuerpos. En cuanto a la vida moral, ésta se sigue de las producciones humanas, una de las cuales es el tanteo erótico, la sorpresa, la constitución permanente del uno mismo que se ofrece a otros, el rechazo de las autoridades que imponen patrones administrativos. Como se advierte, los creyentes religiosos volverían a ser jóvenes y niños, solo que sin padres en tanto tutores. Sus padres serían amigos cercanos, comensales. O no lo serán del todo.
_______________________

 

    

  En esta conversación se hace referencia a trabajos de G. Deborde: La sociedad del espectáculo; Freud: El malestar en la cultura; H. Gallardo: Siglo XXI: Producir un mundo;  F. J. Hinkelammert: Crítica a la razón utópica;  H. Marcuse: El final de la utopía; Eros y Civilización y El hombre unidimensional; Iván Nogales Bazán: Teatro Trono: Una búsqueda hacia y desde la descolonización del cuerpo; W. Reich: La revolución sexual.   
 

____________________