Semanario Universidad, No. 1687
Octubre, 2006

 

El título alude al film de R. Zemeckis, Who Framed Roger Rabbit, sin signo de interrogación porque en la tradición hollywoodense esto mata la taquilla, traducido al español con truculencia como “¿Quién mató a Roger Rabbit?” La cuestión viene al punto porque al presidente Arias alguien parece haberlo convencido de que existe en el país una intriga para agredirlo o para matarlo. Pues no la hay. Si quien cree en esta conjura es su Ministro de Seguridad, señor Fernando Berrocal, algo, tal vez una suspicacia obsecuente, lo está intoxicando y quizás le sea útil recurrir a ayuda profesional. El punto sería solo pintoresco si no fuese porque la sospecha de complot, quienquiera la tenga, se traduce en acciones ilegales que lesionan la integridad de las personas, la libertad de expresión y el libre tránsito.

Estas acciones, violatorias de derechos humanos básicos de costarricenses, tienen ya una secuencia y no pueden atribuirse a errores puntuales. Las salidas locales del presidente Arias, más allá de su esfera de amigos y cortesanos, están habitualmente precedidas de insólitos despliegues policiales que crean un ámbito exageradamente amplio para que el mandatario pueda respirar e impiden a la ciudadanía (con interrogatorios, requisas y detenciones arbitrarias) transitar por ese espacio utilizando para ello violencia intimidante (perros, caballos, ostentación de armamento) e irracional.

Las violaciones de derechos humanos se “explican”, según el señor Berrocal, porque existe un grupito que sigue por todo el país a Arias para expresarle su oposición al tratado de comercio preferencial con Estados Unidos que el Gobierno desea tramitar y aprobar a golpe de tambor. Si esto fuera cierto (estrictamente no lo es: en todo el país existen opositores al pacto: algunos lo manifiestan, otros no), esos opositores tienen derecho a movilizarse dentro del marco legal vigente. También tienen derecho a hacer que su protesta llegue a oídos del Presidente. Y, por supuesto, no pueden ser discriminados ni incriminados policialmente (excepto que cometan algún delito) por sus opiniones. Ejercen derechos.

La violencia policial y política tal vez tenga como motivación crear una “burbuja” para que “Óscar” crea que la venia parlamentaria al mal pacto es adversada por “cuatro gatos” (lenguaje libertario) o no polariza a la ciudadanía (tesis de La Nación S.A.). Si así fuera, se hace más daño a la administración, y con ello al país, de lo que se la ayuda. No escuchar a los opositores, no dialogar, no discutir porque se tiene votos “yes men” constituye más, que un desliz, un error de criterio. Por ese camino uno, más que “matar” a Roger Rabbit, se suicida políticamente.

En todo caso, ni en Costa Rica o en galaxia alguna existe una conjura contra Arias. Lo que existe es oposición al tratado comercial y gente que quiere hacérsela sentir. El presidente debería estar agradecido con esa gente. Se trata de ciudadanos que estiman él es todavía capaz de pensar y rectificar. No merecen ser tratados con violencia ni retenidos arbitrariamente sin que se asuma su detención ilegal. Por la vía de la “retención” ilegal, de súbito se llega a la “desaparición” criminal. Muy alto costo solo para que el mandatario pueda dormir tranquilo.