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Alai, julio

2009.

 

     3.- El golpe es una acción (conspirativa) empresarial-militar-clerical

    Residir en Costa Rica, para efectos de una comprensión centroamericana, tiene sus ven-tajas. El país combina un carácter agresivamente conservador (cavernario muchas veces) con un cuasi monopolio de los medios masivos. Esto, y la ausencia de oposición social,
hace que las voluntades políticas reaccionarias se puedan seguir fácilmente mediante la lectura de los titulares, gacetillas periodísticas y páginas de opinión tanto de los principales medios impresos como de las televisoras con mayor cobertura.

    Por citar un ejemplo pertinente, el reciente golpe militar en Honduras fue anunciado en editorial del medio impreso de mayor circulación en el país dos días antes que se produje-ra. Es decir, la red de empresarios centroamericanos estaba en la jugada. Bajo el título de “Abismo en Honduras”, el editorial persigue concluir dos tesis y adelantar una situación hipoté-tica: la situación hondureña “ (…) supera en riesgo y arbitrariedad hasta las peores tácticas de Hugo Chávez, de quien Zelaya pretende ser un discípulo” y “Si (…) se rompe el orden constitu-cional hondureño, no habrá duda de que el propio Presidente (Zelaya) ha sido el culpable”. La fracción de ‘conclusión’ hipotética consiste en indicarle, desde Costa Rica, a Zelaya lo que de-be hacer: “ (…) si a Zelaya le quedara alguna dosis de sensatez y sensibilidad debería (…) de-dicarse, en los meses que le restan como Presidente, a reparar algunos de los inmensos daños que le ha causado a Honduras.” (La Nación, 26/06/09). La amenaza es clara: retrocede, no hagas olas en tu favor, y quizás no te haremos daño. Tony Soprano no podría haberlo dicho más claro.

    El editorial mismo se configura mediante semiverdades, exageraciones grotescas y un posicionamiento que evita referirse a lo que resultaba legal o ilegal, o sea democrático, en Honduras. De esta manera las iniciativas de Zelaya, su deseo de hacer una consulta no vinculan-te, son idénticas o simétricas a las acciones de los ya concertados golpistas, la oposición frontal del Tribunal Supremo Electoral, por ejemplo, o los ‘temores’ de la Conferencia Episcopal. Ya señalamos que si esta voluntad de Zelaya resultaba ilegal, o se sospechaba de su legalidad, pues debía haberse seguido contra su acción, no contra él (o al menos no inmediatamente contra él) el recurso jurídico pertinente. Pero la legalidad, en un Estado de derecho, no es asunto de “declaraciones” o de presumir “intenciones” o “riesgos”.

    En los días inmediatos posteriores al golpe de Estado, y como desde fuera de Honduras se percibe que la acción golpista tiene las características de un error político que puede debili-tar el espacio de “los buenos” demócratas que desean devolverle la paz a los hondureños y ases-tarle una derrota a Chávez, un ‘analista’, exdirector del periódico y propagandista de la Socie-dad Interamericana de Prensa (reúne a los propietarios de medios y a directores de confianza) hace una paráfrasis o refrito del editorial ya citado, pero agrega un nuevo elemento para la ‘simetría’ entre Zelaya y los golpistas: la impunidad para los últimos. La propuesta es, vuelve Zelaya (a no hacer nada, según se ha visto) pero no se castiga a los golpistas: “Su restitución (de Zelaya) debe darse, pero en el marco de un entendimiento aceptado por las partes y verifica-do por árbitros externos”. Establece además condiciones a Zelaya: “El mínimo necesario es que Zelaya deponga sus ímpetus de reelección, “refundación” o cualquier cosa que huela a Consti-tuyente, reconozca que carece de potestades para imponerla y acepte los ámbitos de competen-cia del Congreso, la Corte y el TSE” (LN: 30/06/09). Con los golpistas, excepto los militares, es más benévolo: Congreso, Corte y TSE (es decir las instituciones que avivaron el golpe) “deberí-an anular las decisiones golpistas y reconocer la arbitrariedad de sus actos; los militares, volver a sus cuarteles y exponerse a las sanciones que correspondan.” Es decir, borrón y cuenta nue-va. Encierro e inanidad total para Zelaya e impunidad total para Micheletti y demás actores golpistas, incluyendo el Congreso, la Corte y el TSE. Castigo (‘sanciones’ escribe el melifluo analista) solo para los militares. Ya hemos explicado por qué. Solo que después de su protago-nismo mesiánico en el golpe habría que consultarles si consienten en ser crucificados.

    Sin embargo el articulista agrega otra pieza a la incoherencia con que pretende “salvar” a los golpistas. Afirma que Honduras carece de una institucionalidad democrática, lo que es efectivo (pero tampoco la poseen ni Guatemala ni Costa Rica, por citar otros dos países cen-troamericanos): las ‘condiciones de solidez democrática, claridad sobre las funciones y límites de los poderes estatales y apego a la legalidad no existen en Honduras’. Aunque él no lo sepa, está diciendo que en Honduras no existe Estado de derecho, aunque se haya dado una letra constitucional, y no existe porque su institucionalidad política es oligárquica y aquí sí, en un marco oligárquico, Zelaya, delirante o no, los desaforados golpistas michelettianos y los mili-tares represores y asesinos tienen sus ‘razones’. Pero la cereza del pastel es que el ‘analista’ que señala la inexistencia de un Estado de derecho en Honduras propone que el error golpista (por el rechazo internacional) lo resuelvan las instituciones que sirvieron como base y corazón de ese golpe: empresarios, medios, iglesias, Congreso (¡!), TSE (¡!) y Poder Judicial (¡!). Recor-demos solo que Micheletti, la cabeza del golpe, es o era Presidente del Parlamento (así le lla-man en Honduras).

    Finalmente, el escribidor local de los grandes empresarios periodìsticos no puede dejar de tirar mandobles a quienes sus patrones odian: “La comunidad internacional, por su parte, debe hacer a un lado el ALBA e involucrarse mediante instancias legítimas y confiables, como la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA), la Organización de Estados Americanos (OEA) o el Grupo de Río”. La idea es clara: dividir la OEA en ‘buenos’ y ‘malos’, como si el ALBA (a algunos de cuyos programas Costa Rica ha peleado por ingresar) fuese ilegítimo. Y en cuanto a confiabilidad, ningún extraterrestre democrático y decente confiaría en la OEA. Lo decente y lo obsceno, por el momento y quizás siempre, son cuestión de perspectiva.

    Ahora, ¿quién concede la ‘legitimidad’ en América Latina? ¿La Sociedad Interamerica-na de Prensa? ¿Alguna Conferencia Episcopal? ¿El Grupo de Río mencionado por el analista? De este último forman parte ‘legítimamente’ Ecuador, Venezuela, Bolivia, Honduras (¿quién lo representará, Zelaya o Micheletti?), Nicaragua y ¡¡Cuba!! O sea todo el Eje del Mal. ¿Sabe de lo que habla esta intelectualmente paupérrima ficha de los empresarios adinerados? Por cierto en el Grupo de Río figuran asimismo Colombia (sin comentarios sobre su ‘legitimidad’), Méxi-co (hoy llamado Estado frustrado o fallido), Paraguay (una mezcla de mafias y curas copulado-res), Guatemala (que hace mucho debió ser expulsado de Naciones Unidas y bloqueado por genocida). Estos ‘demócratas’ tal vez son los que contrarrestarán al Eje del Mal en el Grupo de Río.

    Solo como anécdota señalemos que el hombre de la SIP en Costa Rica no realiza nin-guna mención, absolutamente ninguna, a la censura de los medios de comunicación (y hasta donde se puede a los corresponsales extranjeros) en Honduras. Ni tampoco a la autocensura (dicen ellos) que se imponen los medios que desean seguir circulando. El ‘régimen de Michelet-ti’ intenta pacificar Honduras no solo mediante la represión militar (que los manifestantes opositores valoran sangrienta) sino evitando que la población acceda a cualquier informa-ción que no sea la del régimen golpista que busca prolongar, sin cambio ninguno, el régi-men oligárquico salvadoreño. Ligeramente bizco, el man. Aunque en su bizqueo, no está solo.

    Todavía falta aquí otro ‘detalle’ costarricense en este apartado para que se complete la caracterización ideológica elemental del golpe hondureño: los gobiernos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en parte por la condena internacional y en parte por el temor a una gue-rra civil en Honduras con incidencia sobre sus territorios, decretaron un cierre comercial de 48 horas de sus fronteras con ese país. Los exportadores de Costa Rica protestaron  de inmediato porque perjudicaba sus negocios (no dieron cifras por aquello de los impuestos). ¡48 horas en que sus mercancías no pudieron circular! Pero lo interesante son las declaraciones del Ministro de Comercio Exterior costarricense: “(…) estoy asombrado de que se haya usado esta medida. Es una medida sin precedentes en Centroamérica (…) Tiene implicaciones legales, pero además éticas ¿Cómo va usted a dejar sin leche a los niños de ese país por un asunto político?” (LN, 03/07/09).

    Se puede hacer retórica y demagogia invertida con esa declaración: “¿Cómo se va a de-jar sin derechos humanos y sin Estado de derecho a los hondureños por vender y ganar di-nero? El Ministro costarricense es obviamente un empresario. No le interesa que los niños hondureños beban leche, sino que la compren y a precios de oportunidad, por la crisis. Mejor si hay guerra civil, porque los precios se disparan. Con independencia de la demagogia, en Honduras el 38% de los niños sufre desnutrición con incidencia grave en su salud mental y en su crecimiento. Se lo deben no al descuido de sus padres humildes, sino al dominio oligár-quico/empresarial/cristiano que determina quien come y quien no en ese país. El dominio oli-gárquico es un fenómeno político y económico. El Ministro de los Empresarios Costarricenses podría preguntarse: ¿Cómo hemos permitido que una situación económico-política-cultural frustre la salud y existencia de los niños hondureños? Y habría podido terminar, con apesadum-brada coherencia: “Esto tiene implicaciones éticas”.
Pero el Ministro no repara en esto. Para él solo tiene implicaciones éticas el que los em-presarios que él unilateralmente representa hagan circular sin trabas y vendan sus mercancías a quien pueda pagarlas. Lo ético se resuelve en tener dinero y, sobre todo, en acumularlo. Esta es la sensibilidad empresarial, desnuda. Como se advierte, tiene sus ventajas residir en Costa Rica. Desde aquí es fácil advertir lo que efectivamente pasa en el área. Pero el ‘área’ no es sino un lugar transparente, por ausencia de oposición, del continente. Y quizás del mundo.

    Un alcance. En el adocenado imaginario del Ministro costarricense lo comercial (eco-nómico) no tiene nada que ver con lo político. Se trata de un grosero y codicioso imaginario escindido en estancos y desde el cual resulta posible invisibilizar culturalmente las necesida-des humanas de la población más vulnerable. Población que, cuando se trata de Honduras, hemos mencionado, comprende a un 60% de su gente.    
Creo que estas señales son suficientes para introducir al sentido de la expresión que ca-racteriza el golpe hondureño como oligárquico/empresarial-militar y clerical. Sería importan-te que quienes se oponen, desde el punto de vista popular, al golpe, lo asumieran.
Un énfasis en un detalle de este cuadro. En América Latina las rupturas institucionales cuentan con el respaldo de instituciones clericales. Así, por ejemplo, el golpe militar que ex-pulsó a Perón o los que abrieron las dictaduras empresarial-militares de Seguridad Nacional. Fue el cardenal de Nicaragua quien lideró la oposición al gobierno sandinista cuando algunos de éstos intentaban hacer un gobierno para los sectores populares. El mismo factor clerical concu-rre hoy en Honduras. Las iglesias, en especial la católica que es la mayoritaria y la más interna-lizada por la población como referente cultural, deben ser indicadas claramente como factores golpistas y reaccionarios. Se debe señalar su responsabilidad, que es política, social y ética. Y cuando corresponda, por desgracia nunca o casi nunca, debe exponerse esta responsabilidad y sancionar a sus personeros involucrados y, si es del caso, a sus instituciones, no por ser iglesias sino por reaccionarias. El siglo XXI es ya suficientemente tarde como para seguir dejando en la invisibilidad que los principales factores culturales de la caverna latinoamericana son el te-mor y las iglesias.

    4.- Globalización, acuerdos de paz y golpe militar en Honduras

    Todavía resulta necesario enfatizar algunos aspectos políticos locales del entorno más amplio en el que se inscribe el golpe militar hondureño del 2009, la globalización. Cuando el proceso globalizador llega a América Latina, década de los ochenta, América Central era el escenario de una guerra de Baja Intensidad y de una guerra guatemalteca cuyo factor causal común más próximo era la apropiación oligárquica y extranjera de los beneficios del creci-miento económico. Más específicamente, el conflicto era atizado por la instalación de un go-bierno sandinista en Nicaragua y la eventual extensión de este triunfo popular a El Salvador. Por supuesto y en sus diversos frentes el choque se revestía con los motivos ideológicos de la Gue-rra Fría, todavía vigente en el período. Se enfrentaban, pues, ‘la’ democracia y ‘el’ comunismo. Y era una guerra total. Como corresponde, participaba en ella la superpotencia del hemisferio, Estados Unidos. Y como a esta guerra la administración Reagan le atribuía alcances geopolíti-cos estratégicos (quiere decir sobre su dominio en el planeta), pues los países centroamericanos fueron ‘aislados’ de los efectos de la globalización. Sus sectores oficiales recibieron ayuda mili-tar y económica y el área no recibió frontalmente los golpes del “libre comercio” y las privatiza-ciones.
Las guerras (crueles, devastadoras) terminaron con acuerdos de “paz” político-militares, pero sin acuerdos sociales y culturales que favorecieran construir esa paz (a la que se valoró más bien como un descanso de la guerra). El área siguió en lo mismo, con alguna variante no puramente cosmética, que había hecho estallar los conflictos armados. Pero a la guerra social y espiritual, que era la tradición, se le había agregado ahora la violencia que trae consigo el libre comercio en sociedades con dramáticos principios de exclusión. Dicho escuetamente, la globa-lización actual disminuye todavía más la precariedad de la fuerza de trabajo (la fragmenta, desmoviliza, la torna trashumante, le quita horizonte de esperanza, etc.) y, con mayor vigor, la de los sectores excluidos de los mercados. Acentúa la vulnerabilidad de las poblaciones humildes y también el atractivo de los recursos naturales en que se asientan. Se crea un ethos de rapiña.

    América Central se transforma así en un espacio privilegiado para la inversión directa extranjera (que gesta enclaves y acentúa la polarización) que aprovecha la cercanía del merca-do estadounidense, la fuerza de trabajo numerosa y castigada, la legislación de papel y la des-agregación interna del área. En el límite, cada país acuerda ‘como región’ un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos “negociado” a la carrera y, en la práctica, unilateral y oligárqui-camente. Esto último significa aquí, husmeando solo los beneficios de corto plazo. Y para minorías. El Tratado tiene efectos estructurales. Se notarán a mediano plazo. Pero también gene-ra efectos situacionales inmediatos.

    De estos últimos, el que interesa destacar aquí es que la región se abre todavía más a los “buenos negocios compartidos” que obviamente, por aquello del ‘capital humano’ no se extien-den para beneficiar a los sectores más desprotegidos. Es tiempo de mejores, aunque pocos, ‘buenos negocios’. No existe oportunidad ni voluntad para mejorar las condiciones sociales de una población que ni produce con eficiencia ni consume con la opulencia que requiere la acu-mulación global.

    Mejores, aunque pocos, buenos negocios. Son las condiciones para otra guerra, ade-más de las ya indicadas. Se trata de la disputa al interior de las oligarquías para situarse en posiciones que permitan estar a la cabeza cuando los buenos negocios aparezcan. Se intenta apartar a los militares. Pero después se entra en la pugna de grupos o sectores. Hay que correr y atropellar (o destruir) para ganar el gobierno. Hay que correr y atropellar para “modernizar” y jefear las negociaciones. Hay que estar necesariamente en la banca. Hay que situarse para reci-bir las coimas, chantajes, comisiones, para establecer alianzas. Es la guerra. Y se debe tornarla compatible con las instituciones democráticas. No es factible.

    Junto a los buenos negocios ‘legales’, como las Zonas Francas, por ejemplo, o la agroindustria liquidadora de los suelos, o la maquila industrial, se instala asimismo en el área un gran/buen negocio ilegal: el narcotráfico con asiento colombiano y mexicano principalmente. Es una de las formas más duras y amplias del crimen organizado. Las sociedades centroameri-canas, manejadas por oligarquías romas, avariciosas y enfrentadas, facilitan la penetración de las organizaciones mafiosas. No llegan aquí por gusto, sino porque después del 11 de septiem-bre del 2001 se ha dificultado el ingreso de sus productos al mercado estadounidense, el Gran Comprador. Hay que tornar compatible la penetración degradante del narco (y la costosísima simulación de que se lo combate con denuedo y eficacia) con las instituciones democráticas. No es factible. ¿Qué se hará entonces? ¿Cómo se procederá?

    El golpe oligárquico/empresarial/militar/clerical de Honduras se inscribe también en es-te complejo proceso básico de corrupción, venalidad y degradación que ha llevado a la total descomposición de Guatemala y a llamar a México, el coloso extra-área, “Estado frustrado”. Peculiarmente, pero sin paradoja alguna, gran parte del ‘vigor’ de los actores locales en la pugna hondureña (Micheletti acaba de avisar (04/07/09) que retirará a Honduras de la OEA, lo que no es jurídicamente factible puesto que él no es reconocido como autoridad hondureña), se sigue de este proceso radical de descomposición.
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    Para la elaboración de estas notas se  utilizaron materiales de A. Borón (Alai), Carta Democrática Intermericana (OEA), Conferencia Episcopal de Honduras, W. Cruz (Vía Campesina, Honduras), Guía del Mundo, La Nación S.A. (periódico), J. Gutiérrez, J. Maj-fud (Alai), N. Moreno, I. Rauber (Alai), E. Ulibarri, Wikipedia.

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    ANEXO

    En su edición del 4 de julio, el diario La Nación, el más importante de Costa Rica, pu-blicó en su página de opinión, el texto que aquí se reproduce. Su autor es un profesional médico que personifica adecuadamente la ‘transparencia’ de la sensibilidad de la dominante caverna costarricense. El texto “Notas…” fue escrito antes de que se publicara este artículo y se utilizó como contrapunto en la mañana de discusión universitaria sobre el golpe en Honduras.

    HONDURAS

    Jaime Góngora (Médico)

    Zelaya se declaró admirador de Chávez, el adalid de la “democracia participativa”. Hace saber que el también cree en “la democracia participativa”. Además, se une al ALBA, la punta de lanza del “socialismo del siglo XXI”. Por lo tanto, el socialismo que busca no ser podría interpretado como diferente al que se practica en Venezuela. Y el que practi-can allí es el marxismo leninismo que los demócratas latinoamericanos ignoran para no tener que actuar contra esa monstruosidad.

    Chávez prostituyó la palabra democracia. Fidel Castro le aconsejó que no hiciera la idiotez del Che. Por lo tanto, utiliza la democracia para ir, poco a poco, solidificando su dictadura. Compra conciencias de la gente necesitada con los odiados dólares del petró-leo y progresivamente, pero inexorablemente, implanta en Venezuela la dictadura del proletariado. Así practica Chávez la “democracia participativa”. Chávez, el personaje que admira Zelaya.

    Pero el uso de la democracia para implantar la dictadura del proletariado es un proceso que hace inevitable la necesidad de perpetuarse en el poder. En el caso de Zelaya, la necesidad era reelegirse. Lo quiso lograr subrepticiamente.

    Historia conocida. Los hondureños sabían que Zelaya quería cambiar la Constitución, como Castro, Chávez, Ortega y colegas. Además, conocían la historia. Sabían que no existió un solo país en el campo soviético durante la Guerra Fría que no se empobrecie-ra y no cercenara libertades. Los hondureños escogieron no dejarse engañar y actuaron con base en la realidad histórica que claramente percibieron. Vieron el espectro de la pobreza y la represión y no la aceptaron para su país y para su pueblo.
Pese a las advertencias que le lanzaron los militares y el Congreso en los últimos días, Zelaya mantuvo su decisión de realizar el domingo una consulta popular que le diera luz verde a su proyecto de convocar un referéndum el 29 de noviembre, con el fin de refor-mar la Constitución y permitir la reelección presidencial. Esta iniciativa violaba artícu-los de la Constitución que la prohibían. Tanto la Corte Electoral, como la Corte Supre-ma de Justicia, la fiscalía de la república, el Congreso y miembros de su propio partido, declararon que las aspiraciones de Zelaya eran ilegales y lo ponen en un avión y lo mandan para Costa Rica.

    Lo recibe generosamente el presidente Arias, lo invita a viajar con él a Managua a la cita de SICA al día siguiente, y Chávez y Zelaya proceden, en 24 horas, a tratar de humillarlo, enviando Chávez un avión esa misma noche a recogerlo y recibirlo, él mis-mo, en Managua. Además, nuestro presidente fue prácticamente ignorado en Managua y, para remachar, con evidente notoriedad, el proyecto de resolución de apoyo a Zelaya fue presentado en la ONU por todos los países centroamericanos excepto Costa Rica. Zelaya mordió la mano que le dio de comer.

    Acto heroico. Lo que sucedió en Honduras fue un acto heroico que el mismo pueblo hondureño está apoyando. Los actuales dirigentes están evitándole a su pueblo la repre-sión y la pobreza. Pero también le pueden estar haciendo un bien a los países del ALBA y a todos los pueblos latinoamericanos. Si los hondureños se plantan, van a demostrar a esos pueblos, a sus fuerzas cívicas y a sus militares, que los maleantes marxistas leninis-tas enmascarados no son invencibles ni son la ola del futuro tampoco.
Toda clase de acciones se pueden derivar de este hecho. Ninguna de las cabezas del ALBA dormirá tranquila y sus días pueden estar contados.

    Pero quizá la más útil consecuencia de lograr mantener a Zelaya separado del poder es abrirle los ojos al presidente Obama. Si el resto de los países del ALBA siguen el ejem-plo de Honduras, ojalá se dé cuenta el Presidente estadounidense a lo que llegan los pueblos por mantener su libertad. Mostró debilidad ante el sacrificio del pueblo iraní con serias consecuencias para la paz en Oriente Medio. Ojalá comprenda que la civili-zación judeo-cristiana está en guerra contra el terrorismo y contra quienes pretenden reivindicar el marxismo leninismo.

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Julio, 1-5, 2009.
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